Martín Correa: "Los Redondos crearon un movimiento argentino único e irrepetible"
Martín Correa fue uno de los tres periodistas que entrevistó a Los Redondos la noche del 30 de octubre de 2001, horas antes de la discusión que selló la separación de la banda. Coautor de La última noche de Patricio Rey, reconstruye aquel encuentro histórico, reflexiona sobre el final del grupo y analiza el legado de un fenómeno cultural que marcó a generaciones.
El 30 de octubre de 2001, mientras la Argentina transitaba las semanas previas al estallido social de diciembre, Martín Correa compartió una larga noche con Carlos "Indio" Solari, Skay Beilinson y la Negra Poli. Fue uno de los tres periodistas que entrevistó a Los Redondos por última vez.
Horas después de esa charla, según el relato que con el tiempo se convirtió en mito, una discusión entre los integrantes marcaría el final definitivo de la banda. Periodista, productor y guionista de radio y televisión, Correa trabajó en las revistas Humor, La García, La Maga y Rolling Stone, integra desde 2006 el equipo de Mega 98.3 y es coautor de La última noche de Patricio Rey, el libro que recupera íntegramente aquella entrevista de más de tres horas.
En esta conversación con Política Argentina, Correa reconstruye los detalles de aquella noche irrepetible, reflexiona sobre las verdaderas razones detrás de la separación de Los Redondos, el clima político que precedió al 19 y 20 de diciembre de 2001 y el legado de una banda que, a 25 años de su final, continúa siendo un fenómeno cultural único en la Argentina.
¿Qué recordás de esa última noche con Los Redondos?
Recuerdo que fue una noche de día de semana, un martes 30 de octubre de 2001, el mismo día del cumpleaños de Maradona. Ya tenía cierta connotación. A diferencia de las dos entrevistas anteriores que habíamos tenido con la banda - que habían sido en la casa de Skay y Poli, donde el Indio se trasladaba para las notas - esta tercera arrancó rara desde la locación: un bar con Los Redondos. Pensar en Los Redondos, en su época de mayor auge, con un Indio Solari al que no te cruzabas por la calle ni de casualidad, ya era extraño. Nos citaron a las ocho de la noche para la tercera entrevista en muy poco tiempo, otra rareza. Desde el vamos fue una noche especial. Por todo esto y porque te ibas a juntar con la plana mayor de la banda más importante de la Argentina en ese momento (y hoy, con el diario de 25 años después, la más grande de la historia del país). Una banda que, además de rock, fue un movimiento cultural.
¿Dónde fue?
Llegamos al bar Onduras (sin hache), en la calle Honduras y Godoy Cruz. Pensarlo hoy es muy loco porque ese Palermo que conocimos no es el Palermo de hoy. Como todo lo que organizaba la Negra Poli, parecía hecho de manera mágica, todo calculado: en el bar no había nadie. Era un lugar bastante moderno, pero vacío, por lo que no hubo la supuesta invasión de gente que creímos que habría rodeando al Indio para saludarlo, pedirle un autógrafo o conocerlo. A Skay y a Poli los veías en la calle, en los bares o en los shows; al Indio no. Teníamos esa incertidumbre. Nadie interrumpió la entrevista durante las tres horas y pico con el grabador encendido, más las tres o cuatro horas de sobremesa, como siempre ocurría con Los Redondos. Estaba la entrevista y estaba la sobremesa, que era lo más rico (esa es una linda discusión aparte).
¿De qué hablaron?
Como era la tercera nota, y ya nos conocíamos un poco, esa charla en particular discurrió sobre cuestiones más banales y de actualidad. Las primeras dos las habíamos usado para sacarnos todas las ganas y las preguntas que teníamos sobre la historia de Los Redondos. Esta tercera surgió porque iban a hacer un show en Santa Fe; no tenía mucha razón de ser, pero bienvenida sea. La utilizamos justamente para hablar de la actualidad de Argentina y del mundo. Era una Argentina súper convulsionada, un mes y pico antes del estallido social de diciembre de 2001. Y era un mundo convulsionado por el derribo de las Torres Gemelas en Nueva York y la guerra de Afganistán, entre otras cosas. Pensamos que era una buena oportunidad para escucharlos, sobre todo al Indio, hablar de eso. Creo que es la primera vez que se escucha y se escribe sobre el Indio hablando de cuestiones vinculadas a la realidad, la política argentina y la política internacional. Hoy parece bastante natural, porque el Indio luego se convirtió en un animal político que empezó a expresar sus ideas y su posicionamiento. En ese momento, como muchos argentinos, estaba en una postura más vinculada al "que se vayan todos", a "los políticos son todos iguales" o a lo ridículo de la guerra en un contexto internacional. A nosotros nos pareció bastante similar a lo que pensábamos, por lo menos los periodistas presentes: Humphrey Inzillo, Pablo Marchetti y yo. Sin embargo, nos pareció una novedad periodística que lo dijera él y poder publicarlo. La entrevista giró bastante en torno a eso, no tanto a lo musical ni a lo artístico. Al final de la noche, cerca de las cuatro de la mañana - bastante bebidos todos, porque se bebía mucho en esas entrevistas - nos fuimos.
¿Cómo fue esa despedida?
Salimos los tres periodistas por un lado y la plana mayor de Los Redondos por el otro. Los vimos irse por la calle Godoy Cruz hacia Gorriti, que era donde vivían Skay y Poli. Hacia allí se fueron con el Indio. Esto está en la tapa del libro que hicimos sobre esta entrevista, La última noche de Patricio Rey. Como no teníamos cámara de fotos (no había celulares con cámara entonces) es una foto mental: ellos tres yéndose por una calle oscura de Palermo, abrazados, un poco mareados. El Indio en el medio, Skay de un lado y Poli del otro. Nosotros teníamos esa mirada de ellos yéndose. Paradójicamente, fue la última vez que alguien los vio juntos. Esa misma noche, al ratito en la casa de Skay y Poli, tuvieron una discusión y se generó la separación de Los Redondos. Fuimos testigos de ese último momento en armonía, abrazados y queriéndose. Minutos después, esa historia terminaría y se rompería esa mágica trayectoria que todavía hoy se discute por qué fue, aunque nosotros tenemos nuestras ideas sobre qué ocurrió. Esa fue la noche.
¿La separación de la banda se produjo por diferencias artísticas o por una discusión sobre los derechos de los recitales?
Existe esa discusión sobre la pelea entre ellos que derivó en la separación. Lo primero que se dijo, y lo que primero declararon ellos, tuvo que ver con el manejo de los materiales aún no editados y discusiones sobre la organización de la banda de allí en más. De todos modos, lo artístico estaba recontra presente en esta discusión de la que no se habló demasiado hasta tiempo después. Si queremos ir juntando el rompecabezas de lo que fueron contando con el tiempo, hoy podemos decir que la separación fue por las dos cosas. Por cómo se manejó después el Indio, y por cómo se manejaron Skay junto a Poli, podemos decir que tal vez lo que el Indio intentaba cambiar era una forma de reparto de poder y de organización. La división de trabajo estaba clarísima: el Indio, por un lado, generando la lírica, bastante de la música y el concepto; Skay poniéndole la música y organizando la banda, sumando algo único en lo musical, que sin él, el Indio no hubiera podido hacer lo que hizo con Los Redondos; y la Negra Poli en la organización absoluta de todo. Sin ninguno de los tres, Los Redondos no hubieran existido. Sin esa división de poderes y responsabilidades, no hubiera sido lo que fue.
¿Qué pasó para vos?
Con el tiempo, me parece que queda como una anécdota el detonante de la separación en ese octubre de 2001. Me parece que hasta ahí habían llegado como eran. Los Redondos, como tales, llegaron hasta ese lugar después de más de 25 años juntos, lo cual es un montón, con unos cuantos discos, muchísimas aventuras y muchísimos problemas que tuvieron que sortear para ser quienes fueron. Estaban empezando a cambiar también ellos y ya llevaban vidas diferentes si dividimos las dos partes. Por un lado el Indio, y por el otro Skay y Poli. Como decía, Skay y Poli eran gente más vinculada a los bares, la calle y la tertulia; el Indio era más reservado, de su casa, de su cueva. En lo artístico, el Indio estaba más volcado a la edición y la organización de las canciones de una manera novedosa; estaba muy enganchado con una forma de hacer música que no era la que acostumbraba Skay. Si miramos cómo continuó la carrera solista de cada uno, vamos a ver esa diferencia. A pesar de la discusión que hayan tenido, el enojo fue porque ya no eran lo que eran en cuanto al espíritu de Patricio Rey.
¿En qué sentido?
En una ocasión, la Negra Poli me habló de este espíritu porque cada tanto se mencionaba la posibilidad de que Los Redondos se volvieran a juntar para hacer un disco o tocar y corría el rumor. Como periodistas, íbamos a la fuente y consultábamos si había algo de cierto. Para cortar con ese tipo de rumores, Poli me explicó lo siguiente: "Nosotros éramos una egrégora. Andá a averiguar qué es una egrégora y qué pasa cuando una egrégora se rompe".
¿Qué es una egrégora?
La egrégora resultó ser una entidad vinculada al ocultismo, una entidad espiritual que, si se rompe, nunca más puede volver a unirse. Ahí entendí todo y traté de explicárselo a mis colegas, compañeros y amigos fanáticos de la banda: esto nunca más iba a poder ser lo que fue. Como fanático de Los Redondos perdoné esa separación y dije: "está bien". Hubiera sido más doloroso verlos siendo lo que no eran que mostrándonos la realidad de que ya no querían hacer lo mismo juntos, ya no eran esa egrégora. Me pareció una idea super rica y justa para entender su separación. Con la ventaja del tiempo, que nos permite analizarlo de esta manera, pienso: ¿nos queremos quedar con la anécdota de por qué nos peleamos? Está bien, pero, ¿qué pasó? ¿Qué vivimos todo este tiempo? Por respeto a todo lo que vivimos, mejor sigamos separados. Siempre tuve una mirada más romántica de esa situación: mejor así.
El último encuentro que relata el libro se produce muy cerca del 19 y 20 de diciembre de 2001. ¿Aparecen en la entrevista algunos indicios de algo que estaba por suceder?
Diciembre de 2001 era muy incipiente y estaba en el aire. Aparece en el análisis que hacía el Indio, y también Skay y Poli, sobre la situación que estábamos viviendo. Porque era imposible soslayarlo: no podíamos no hablar del tema, lo estábamos viviendo. Estaba por estallar. No había ocurrido, pero la frase de Los Redondos "cuando el fuego crezca quiero estar allí" la teníamos todo el tiempo en mente. Estábamos hablando con la gente que había escrito esa frase, que la cantaba y que se entonaba con más fuerza en los shows, donde se nos ponía la piel de gallina porque deseábamos que el fuego creciera, ya que no daba para más. Aparece de esa manera, hablando del ambiente de ebullición que se vivía. No sé si es tan literal, pero si van a esa entrevista que está en el libro - donde decidimos poner absolutamente toda la charla grabada de 3 horas y 12 minutos sin edición, para que los lectores saquen sus propias conclusiones como proponía el Indio -, uno encuentra lo que preguntás. Estaba dando vueltas, era inevitable porque estaba pasando en ese momento. No solo eso, sino que cuando íbamos a lanzar ese número de la revista con la entrevista, la Negra Poli nos llamó para decirnos que no iban a tocar en Santa Fe, que era la excusa por la cual habíamos hecho la nota. La publicación cambió, porque toda la parte en la que se hablaba del show fue quitada; la nota fue editada de alguna manera.
¿Por qué decidieron no tocar?
Poli nos dijo: "No vamos a tocar porque Patricio Rey dice que no está el ánimo para fiestas". Ellos se habían separado y peleado, pero no nos lo contaron a nosotros. ¿Qué interpretamos nosotros? Estamos en noviembre de 2001, está todo muy podrido con el "corralito" y complicadísimo. Pensamos que era muy coherente y lógico que no tocaran en este contexto. Cada vez que tocaban Los Redondos era un mini estallido social, porque mandaban a la policía a reprimir y éramos enemigos del poder o del Estado. En ese contexto, que tocaran era medio suicida. Tomamos con buen tino el hecho de que no hayan tocado y eso fue lo que publicamos en la revista: que no tocaban por la situación del país, porque Patricio Rey consideraba que no había ánimo para fiestas. Fue una interpretación nuestra, de alguna manera errónea, porque el hecho de que no tocaran tenía que ver con que se habían separado. Pero queda ahí la incógnita de si tal vez aprovecharon la volada para decir que no tocaban en ese contexto. Estaba muy presente el asunto y tan presente estaba el estallido que decidimos publicar que por eso no tocaban Los Redondos.
¿Qué hacer con el legado de Los Redondos?
Hay que seguir transmitiéndolo. Muchos de los que fuimos jóvenes ricoteros, a medida que fuimos creciendo, se lo transmitimos a nuestros hijos. Ahora nuestros hijos son ricoteros y se lo transmiten a sus amigos, de otras maneras, porque se transforma con el tiempo. Para mí, el legado es ese: seguir compartiendo lo que dejaron como testimonio (canciones, artes, historias, aventuras). En el caso de los pocos periodistas que pudimos tener conversaciones con ellos, seguir contando y analizando lo que fueron. Ahora nos toca hablar bastante del Indio por su partida y seguir analizando, porque siguen ocurriendo cosas. Los Redondos tienen su legado en el sentido de memoria, pero también su legado musical: todas las derivaciones que hay de las canciones, la música y las letras en diferentes expresiones artísticas de todo tipo, lo cual es fantástico. Hoy ves cine, teatro, pintura, murales en la calle o poesía vinculada a Los Redondos. Tengo una hermana que en su grupo de teatro (Piel de Lava) tiene una gran obra, Petróleo, donde está presente Ji ji ji. Ella creció conmigo escuchando y viendo a Los Redondos, sus compañeras también, y llevaron esa historia al teatro. El legado está aunque no queramos. Cada uno aportará lo que aporta. A mí me toca contar lo que fueron por haber sido testigo como fanático, como ricotero, pero también como periodista que tuvo el privilegio increíble e impresionante de haber estado con ellos varias veces para conversar y conocer más a estos grandes personajes de la historia cultural argentina. Son los creadores de un movimiento argentino único e irrepetible. Merecen ser analizados, sobre analizados y revisitados cada tanto de manera distinta, porque hoy hablamos de esto en 2026 y tal vez en 2036 lo hablaremos de otra manera. Es infinito. El legado va a ser infinito, no termina más, como los grandes movimientos de la historia.