07.08.2026 / Mal momento del "Coloso"

Bronca con Sturzenegger en el Gobierno por los papelones y fracasos en propiedad privada, puertos y libros

El traspié legislativo por la reforma de la Ley de Tierras volvió a exponer las tensiones internas. En Casa Rosada crecieron las críticas contra Federico Sturzenegger, señalado por funcionarios y legisladores libertarios por impulsar una agenda de desregulación considerada políticamente "intransigente", que acumula fracasos, conflictos con sectores económicos y rechazo social.




El "Coloso" de Javier Milei dejó de ser, al menos por estas horas, una figura intocable dentro del Gobierno. Después de una madrugada en la que el oficialismo tuvo que retirar la reforma de la Ley de Tierras para evitar una derrota y tampoco logró avanzar con la modificación de la Ley de Manejo del Fuego, Federico Sturzenegger quedó en el centro de las recriminaciones internas.

Si bien el Presidente mantiene intacta su confianza en el ministro de Desregulación y Transformación del Estado, en distintos despachos de la Casa Rosada y del bloque libertario comenzó a instalarse una pregunta incómoda: si el principal obstáculo para la agenda reformista ya no es solamente la oposición, sino también la forma en que se diseñan e impulsan algunas iniciativas.

La sensación que dejó la última sesión es que el Gobierno chocó, una vez más, con los límites de una estrategia basada en avanzar a máxima velocidad sobre temas sensibles sin terminar de construir los acuerdos sociales ni políticos necesarios.

Así las cosas, el ministro de Desregulación y Transformación del Estado quedó otra vez bajo la lupa interna. No por el objetivo de las reformas -que pocos discuten dentro del oficialismo- sino por la decisión de empujar una agenda que, según admiten incluso dirigentes libertarios, muchas veces avanza sin calibrar el costo político ni la relación de fuerzas en el Congreso.

"Federico cree que si una reforma es técnicamente correcta, la política tiene que adaptarse. Pero la política funciona al revés", resumía con ironía un legislador que participó de las negociaciones de las últimas horas. Otro dirigente oficialista fue todavía más gráfico: "Estamos gastando capital político en peleas que podríamos dar más adelante".

El "Coloso", bajo la lupa

Las críticas hacia Sturzenegger no comenzaron con la caída de la Ley de Tierras, aunque ese episodio terminó por acelerar un malestar que venía creciendo.

Según trascendió de las reuniones previas a la sesión, varios referentes oficialistas cuestionaron la insistencia del ministro en sostener proyectos que generaban resistencia incluso entre gobernadores dialoguistas y bloques aliados.

La reforma de la Ley de Tierras fue el caso más evidente. El proyecto eliminaba restricciones para la adquisición de tierras rurales por parte de extranjeros, una modificación que varios mandatarios provinciales consideraban políticamente imposible de acompañar.

La presión terminó imponiéndose y el oficialismo retiró el capítulo antes de su tratamiento.

En ese contexto comenzaron a multiplicarse los cuestionamientos internos. Una de las principales espadas legislativas de La Libertad Avanza sintetizó el nuevo clima con una frase que rápidamente empezó a circular por los pasillos del Congreso: "Ya tenemos para discutir el Super RIGI y la reforma de la Ley General de Sociedades; el paquete que afecta a farmacias e inmobiliarias lo vamos a frenar".

La definición refleja un cambio de actitud que empieza a ganar espacio dentro del oficialismo: priorizar aquellas reformas con mayores posibilidades de reunir consensos y postergar las que puedan transformarse en nuevas derrotas parlamentarias.

Un diputado que participó de las negociaciones lo resumía con crudeza en reserva: "Hay proyectos técnicamente impecables, pero políticamente imposibles. Si no se entiende esa diferencia, vamos a seguir regalándole triunfos a la oposición".



Del arquitecto de las reformas al fusible del oficialismo

Durante los primeros meses de gestión, Sturzenegger fue presentado como el principal cerebro del programa de desregulación del Gobierno. Buena parte de las reformas impulsadas por Milei llevan su sello técnico.

Sin embargo, en el oficialismo comienza a emerger otra mirada. Nadie cuestiona el objetivo de desregular la economía, pero sí la decisión de avanzar simultáneamente sobre temas que afectan intereses económicos, provinciales y sectoriales muy diversos.

"No alcanza con tener razón desde lo técnico; después hay que conseguir los votos", admitía con resignación un dirigente libertario que sigue de cerca las negociaciones parlamentarias.

La percepción que empieza a instalarse es que la rigidez con la que el ministro defiende algunas iniciativas termina complicando la estrategia política del Gobierno y obligando luego a retrocesos que erosionan la imagen de fortaleza que busca proyectar la Casa Rosada.

Puertos: un conflicto que todavía deja secuelas

La tensión no se limita al Congreso. Semanas atrás, la desregulación impulsada por el Ministerio de Desregulación para el sistema portuario derivó en un fuerte conflicto con sindicatos, operadores y autoridades provinciales.

La amenaza de medidas de fuerza y el riesgo de afectar las exportaciones obligaron finalmente al Gobierno a revisar parte de la normativa para desactivar el conflicto.

En varios despachos oficiales ese episodio quedó como un antecedente incómodo. La conclusión que comenzó a repetirse fue que varias iniciativas impulsadas por Sturzenegger terminan demandando después una negociación política mucho más costosa que la prevista originalmente.

El frente editorial, otro foco de conflicto

El próximo capítulo podría escribirse alrededor del mercado editorial. El paquete de desregulación también contempla modificaciones a la Ley de Defensa de la Actividad Librera, eliminando el precio único de venta de los libros y habilitando nuevos canales de comercialización.

La iniciativa abriría el mercado a grandes plataformas internacionales de comercio electrónico como Amazon y modificaría un esquema que el sector considera clave para sostener la diversidad editorial y la supervivencia de las librerías independientes.

La reacción fue inmediata. Libreros, editoriales pequeñas, grandes grupos editoriales y cámaras empresarias coincidieron en rechazar la propuesta, conformando un frente inusual que encendió nuevas alarmas dentro del oficialismo.

Ese escenario alimentó otra discusión interna: si vale la pena abrir nuevos conflictos cuando todavía siguen abiertas las heridas políticas que dejó la frustrada reforma de la Ley de Tierras.

La discusión que empieza a atravesar al Gobierno

El traspié legislativo de esta semana dejó al descubierto una discusión más profunda dentro de La Libertad Avanza. Mientras Milei continúa reivindicando a Sturzenegger como "el Coloso" y respalda su programa de transformación del Estado, crece el número de funcionarios y legisladores que reclaman una estrategia más pragmática para administrar los tiempos de las reformas.

La lógica que empieza a imponerse es sencilla: un proyecto retirado antes de tiempo puede evitar una derrota parlamentaria, pero una sucesión de iniciativas que no consiguen respaldo también termina debilitando la capacidad política del Gobierno.

Con la reforma de la Ley de Tierras archivada, la modificación de la Ley de Manejo del Fuego bloqueada, el conflicto portuario todavía fresco y dudas crecientes sobre el futuro de los cambios en farmacias, inmobiliarias, la Ley del Libro e incluso otros capítulos del paquete desregulador, la Casa Rosada enfrenta ahora un desafío adicional: decidir si acelera con la hoja de ruta diseñada por Sturzenegger o si empieza a administrar políticamente sus reformas.

Las próximas pruebas llegarán con el tratamiento del denominado Super RIGI, la reforma de la Ley General de Sociedades y el resto de las iniciativas económicas que el oficialismo pretende enviar al Congreso. Allí se verá si el Gobierno mantiene la impronta del "Coloso" o si, empujado por las derrotas y la necesidad de preservar aliados, opta por una estrategia menos confrontativa y más negociadora.