Según reconocen funcionarios libertarios, el ascenso de Manuel Adorni dentro del esquema oficial responde a una cualidad central para los hermanos Milei: “No tiene ambiciones personales”. En la lógica cerrada del karinismo, la lealtad absoluta pesa más que la gestión o la iniciativa política. El vocero presidencial, de estilo parsimonioso y bajo perfil, se convirtió así en una pieza funcional para sostener la verticalidad del armado.
De acuerdo a una nota de LPO, el crecimiento de Adorni también impactó en el secretario de Comunicación, Javier Lanari, que comenzó a tejer reuniones políticas y ampliar su influencia, lo que generó recelos internos. En paralelo, otros nombres anotados para la fórmula quedaron en zona de turbulencia. Victoria Villarruel está descartada y Martín Menem trabaja para posicionarse, aunque en su entorno admiten que disputar poder territorial en La Rioja podría resultar aún más complejo que aspirar a la vicepresidencia.
Patricia Bullrich, por su parte, hace circular la versión de que compite por la vicepresidencia, pero en el oficialismo sostienen que su verdadero objetivo es la Jefatura de Gobierno porteña. La desconfianza hacia la ex ministra se profundizó tras su protagonismo en la aprobación de la reforma laboral en el Senado y por sus vínculos con referentes de la Asociación Empresaria Argentina. “Patricia no quiere tener más jefes”, deslizan cerca suyo, una definición que en el entorno de Karina suena a advertencia.
Tampoco Alfredo Cornejo logra seducir a la Rosada. El gobernador mendocino intenta, una vez más, acercarse al segundo lugar de la fórmula presidencial, pero en Balcarce 50 no lo consideran una opción confiable. En ese contexto, la inclusión de Adorni en la short list confirma la estrategia de Karina Milei: consolidar un esquema cerrado, sin figuras que disputen liderazgo y con obediencia garantizada hacia el núcleo duro libertario.