El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, reactivó la disputa internacional por Groenlandia al advertir desde la Casa Blanca que podría recurrir a sanciones comerciales contra los países que no acompañen su estrategia para avanzar sobre el control del territorio bajo el pretexto de que la isla es “necesaria para la seguridad nacional”.
Durante una actividad oficial, el mandatario dejó explícita la posibilidad de usar aranceles como mecanismo de presión internacional al afirmar que “es algo que podría hacerse”, en alusión a herramientas que ya utilizó en el pasado frente a desacuerdos comerciales con países europeos.
Las declaraciones se inscriben en una línea sostenida por Trump desde hace meses, en la que insiste en que Estados Unidos debe tener un rol dominante sobre Groenlandia por su valor geopolítico y sus recursos estratégicos, e incluso ha deslizado que Washington podría obtenerla “por las buenas o por las malas” si considera amenazada la seguridad regional.
El endurecimiento del discurso generó una reacción inmediata en Europa, donde varios países reforzaron su respaldo a Dinamarca y a las autoridades groenlandesas, mientras que en paralelo se registraron despliegues militares limitados en zonas estratégicas del Ártico como gesto de disuasión y apoyo político.
En ese contexto, una delegación bipartidista del Congreso estadounidense visitó Groenlandia y Copenhague para tomar contacto con autoridades locales y expresar una posición institucional diferenciada, y el senador demócrata Chris Coons explicó que el objetivo del viaje era escuchar a los habitantes y llevar sus opiniones a Washington “para bajar la temperatura”.
Pese a los intentos diplomáticos, los ministros de Relaciones Exteriores de Dinamarca y Groenlandia admitieron, tras reuniones en Washington, el “desacuerdo fundamental” con la postura de Trump, quien volvió a insistir en que “podría imponer aranceles a los países que no acepten Groenlandia".
La escalada también tensó a la OTAN, luego de que Dinamarca advirtiera que una acción militar pondría en jaque a la alianza, mientras países como Francia, Alemania, Suecia, Noruega, Finlandia, Países Bajos y el Reino Unido enviaron efectivos a la región, y el presidente francés Emmanuel Macron anunciara el despliegue de “recursos terrestres, aéreos y marítimos” en respaldo al territorio ártico.