06.03.2026 / Golpe al campo

Duro revés a la desregulacion de Sturzenneger: rechazan un cargamento de girasol argentino en Europa por no cumplir requisitos fitosanitarios

El primer cargamento de semillas de girasol argentino que arribó a Bulgaria superó cinco veces los límites de pesticidas permitidos por la Unión Europea. El caso pone en el centro a la desregulación del sector que impulsa Federico Sturzenegger.



El primer cargamento de semillas de girasol argentino que llegó a Bulgaria este año no superó los controles de laboratorio. Los análisis revelaron que dos pesticidas, malatión y deltametrina, excedían los límites máximos permitidos por la Unión Europea: aproximadamente tres veces en el caso del primero y cinco veces en el del segundo. El dato no es menor: hay otros diez buques con girasol argentino en camino, con un volumen total estimado de 440.000 toneladas.

El reporte publicado por el regulador búlgaro aclara que la muestra fue declarada oficialmente "en incumplimiento respecto a los residuos de pesticidas". Esa es la fórmula legal exacta que usa la autoridad búlgara, lo que tiene implicancias regulatorias concretas, no es solo una observación informal. El documento señala que los cálculos iniciales del importador probablemente estaban basados en materia prima que cubría plenamente los requisitos europeos — es decir, hubo una falla en la cadena de control en origen.

El episodio enciende una señal de alerta sobre una política que el gobierno de Javier Milei viene impulsando desde su llegada al poder: la desregulación sistemática del sector de agroquímicos.

En 2025, el SENASA oficializó la Resolución 843, que flexibilizó de manera significativa el régimen de registro y habilitación de productos fitosanitarios. Los cambios son concretos: los establecimientos elaboradores ya no necesitan autorización previa para iniciar actividades —basta con una declaración jurada— y se eliminó la obligatoriedad de contar con un director técnico. Además, para registrar productos novedosos ya no se exigen ensayos realizados en territorio argentino; alcanzan estudios hechos en el exterior.

Una brecha regulatoria que el mercado castiga

El importador búlgaro declaró que la mercadería estaba destinada al procesamiento industrial y la reexportación, no al consumo local. Pero eso no resuelve el problema de fondo: otros mercados también tienen estándares fitosanitarios, y la cadena de consecuencias puede extenderse.

El problema de fondo es una brecha normativa que el gobierno parece haber ignorado al diseñar su política desreguladora. Lo que es legal aplicar en Argentina puede estar muy por encima de los límites máximos de residuos (LMR) que exige la Unión Europea. Y cuando esa diferencia queda expuesta en un control de laboratorio, las consecuencias son comerciales: cargamentos retenidos, reexportaciones forzadas, revisión de contratos y potencial daño a la reputación del origen argentino en mercados exigentes.

El riesgo para Argentina y el mundo

Rumania también recibió un buque con girasol argentino, aunque todavía no hay resultados oficiales del análisis. Otros dos están en camino a puertos rumanos. Si el patrón se repite, Argentina podría enfrentarse a restricciones comerciales más amplias, alertas en el sistema europeo de control de alimentos (RASFF) e incluso revisiones de los acuerdos comerciales vigentes. El gobierno apostó a que desregular y bajar retenciones alcanzaría para potenciar las exportaciones agrícolas. 

En paralelo, el impacto en el mundo puede seguir dañando la credibilidad argentina. De acuerdo al informe publicado por UkAgroConsult, los volúmenes ya contratados son tan significativos que ya están influyendo en la dinámica de precios en Bulgaria y la región, incluso antes de que se resuelva el problema fitosanitario. O sea, el mercado local ya se movió en función de esos 440.000 toneladas, y ahora enfrenta incertidumbre sobre si ese volumen llegará o no en condiciones.

Si los próximos buques muestran resultados similares, el impacto podría extenderse a los precios y la demanda de aceite de girasol y harina en toda la región del Mar Negro/Danubio, no solo en Bulgaria.

Críticas a Sturzenegger

El caso del girasol rechazado en Europa no es un hecho aislado en el derrotero reciente del ministro Federico Sturzenegger. El mismo funcionario que diseñó la desregulación de agroquímicos atraviesa semanas de fuerte tensión interna en la Casa Rosada. Desde el entorno del gobierno lo responsabilizan directamente por haber estado a punto de hundir la reforma laboral al colar un artículo que recortaba el salario de los trabajadores con licencia médica, sin distinción alguna para enfermedades graves como el cáncer.

El punto generó una reacción política tan violenta que el artículo debió ser retirado de urgencia, pero el daño ya estaba hecho: los acuerdos políticos tejidos con esfuerzo para garantizar la aprobación de la reforma quedaron en entredicho. En ambos casos - el girasol y las licencias - el patrón es el mismo: una desregulación aplicada a velocidad de crucero, sin medir el impacto concreto sobre los actores afectados ni las consecuencias aguas abajo. Para Sturzenegger, el "Coloso" que Milei ungió como arquitecto del cambio estructural, los costos de esa metodología empiezan a acumularse.