María Cecilia Míguez: “el gobierno de Milei rompe con largas tradiciones de política exterior argentina”
La investigadora del CONICET, María Cecilia Miguez, analizó en diálogo con Política Argentina las rupturas de la gestión libertaria, el alineamiento con Estados Unidos y las derechas globales y el reciente giro del Gobierno sobre Malvinas.
La política exterior de Javier Milei no puede pensarse únicamente a partir de sus posicionamientos frente a otros países: también ofrece una clave para comprender el proyecto político que el Gobierno impulsa dentro de la Argentina. Ese es uno de los puntos de partida de "La política exterior de Milei: entre la ideologización local y las tensiones del sistema global", un libro editado por Amílcar Salas Oroño y publicado por la Editorial de la Universidad Nacional de Mar del Plata (EUDEM), que reúne investigaciones de docentes, graduados y estudiantes avanzados de Ciencia Política de esa universidad.
La obra analiza las rupturas de la gestión libertaria con distintas tradiciones históricas de la diplomacia argentina y pone el foco en el peso que adquirieron las afinidades ideológicas en la definición de los vínculos internacionales. Desde el alineamiento con Estados Unidos y las derechas globales hasta el alejamiento de espacios multilaterales, el libro propone mirar la política exterior "desde afuera hacia adentro": como una dimensión central para comprender la orientación general del gobierno de Milei.
El prólogo estuvo a cargo de María Cecilia Míguez, doctora en Ciencia Política por la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires (UBA), investigadora independiente del CONICET y profesora de grado y posgrado de la UBA en Historia Política Económica y Relaciones Internacionales Argentinas. En diálogo con Política Argentina, Míguez analizó las rupturas y continuidades de la política exterior de Milei, el alineamiento con Estados Unidos y el lugar de la denominada "batalla cultural", y evaluó el reciente giro del Gobierno en torno a la cuestión Malvinas.
¿Qué tradiciones de la política exterior argentina mantuvo este gobierno y con cuáles rompió? ¿Hay más rupturas o más continuidades?
Este gobierno, desde que asumió, tiene una política que rompe fundamentalmente con largas tradiciones de la política internacional argentina. Más allá de los vaivenes que históricamente el país tuvo, podemos recoger una tradición de largo plazo, sostenida en el largo o mediano plazo por distintas razones y utilizada muchas veces con distintos caracteres ideológicos. En eso podemos encontrar principios como la defensa de la integridad territorial, que tiene que ver con el reclamo de la soberanía de Malvinas; la solución pacífica de controversias, una larga tradición argentina; la igualdad de naciones; la no injerencia de las potencias en los asuntos internos. Estamos hablando de tradiciones que vienen desde fines del siglo XIX e inicios del siglo XX, luego recuperadas por el yrigoyenismo, abultadas por la tercera posición de Perón - el caso de la neutralidad, por ejemplo -, y en la Argentina de la recuperación democrática, una marca en el mundo que es la defensa de los derechos humanos y, derivado de eso, la ampliación de los derechos de género y la agenda de género. El gobierno viene a contrariar con sus votos esas tradiciones.
¿Cómo se expresa esa ruptura en el plano multilateral?
Tenemos un gobierno que decide apartarse del Pacto del Futuro, de la COP29, abandonar la OMS (o dice que la va a abandonar, porque no es un trámite tan sencillo); retirar su candidatura al Comité de Derechos Humanos de ONU, algo que la Argentina había ejercido en forma reciente en 2022; tomar decisiones que hacen al alineamiento en conflictos internacionales, como el caso de Ucrania, uniéndose al Ukraine Contact Group; votar distinto en el caso Israel-Palestina, donde la Argentina históricamente defendió la resolución de dos Estados. El gobierno de Javier Milei se niega a la incorporación de Palestina como miembro de Naciones Unidas. Son votos muy contundentes donde el cambio es muy grande. Otro ejemplo es el caso de los BRICS: una de las primeras decisiones de política internacional del gobierno fue no ingresar cuando la Argentina venía tramitando su adhesión. Se produce su invitación a ese foro, que no le genera obligaciones sino que es más bien un foro multilateral para unirse a conversaciones con esos países, y sin embargo, a pesar de que esa política había sido sostenida durante los gobiernos kirchneristas, Mauricio Macri y Alberto Fernández, el gobierno de Javier Milei toma la decisión de no incorporarse. Ahí vemos una ruptura total de esas tradiciones.
¿Malvinas aparece como una excepción a esas rupturas?
En el caso de Malvinas, tenemos ahora un discurso que fue a contramano de la política llevada adelante también desde que asumió. Hay un elemento muy significativo que es la firma del entendimiento Mondino-Lammy, donde la decisión política del gobierno tenía más que ver con recuperar aquella fórmula del paraguas original del menemismo para avanzar en forma conjunta en la explotación de hidrocarburos. Ahora tenemos un volantazo al respecto que parece retomar una muy buena tradición: que efectivamente no pueden tenerse en cuenta los deseos de los isleños y debe protegerse los recursos nacionales en esta defensa de la integridad territorial, que es lo que corresponde constitucionalmente a la Argentina.
¿En qué decisiones se puede ver la fuerte ideologización de la política exterior?
Hay dos cuestiones que son muy contundentes de esta política exterior actual. Por un lado, el lenguaje utilizado por el presidente. Es un lenguaje denostativo, profundamente agresivo y muy llamativo en foros internacionales. Hay elementos como citar partes de una serie de televisión en un discurso de Naciones Unidas desde el plano de lo absurdo, o la denostación deliberada de disidencias de género, que rozan algo que no tiene que ver con la ideologización, sino con contrariar tradiciones democráticas directamente. Por otro lado, la ideologización y el alineamiento. La ideología siempre está presente en la formulación de la política internacional, pero el tema es hasta dónde te lleva. Claramente este gobierno se ha planteado lo que denomina «batalla cultural» - parafraseando muy mal la idea gramsciana - proponiéndose contrariar una tradición ideológica y reforzando los elementos que lo alinean con las derechas globales occidentales, pero particularmente con Trump.
¿En qué se puede ver ese alineamiento con Trump?
Por ejemplo, aparece la decisión de quitar de todos los documentos que la Cancillería firma la palabra género, la violencia de género, o quitar todas las referencias a las consecuencias del cambio climático. Ahí se ve claramente una orden impartida a la Cancillería para pasar a tener esta política sistemática contra lo que ellos denominan “agenda woke”, alineándose con este movimiento de las derechas globales occidentales. El contenido ideológico además se evidencia en el grado de alineamiento con Estados Unidos e Israel. Va de la mano con un alineamiento estructural. No es solo un problema de sobreideologizar, sino el contenido que viene asociado a eso: la Argentina tiene en la Asamblea de Naciones Unidas un 82% de coincidencia de votos con los Estados Unidos, que es el más alto de su historia. Efectivamente, la cuestión de abandonar BRICS, pedir el ingreso de la Argentina como aliado OTAN global, sumarse al Shield of America o al Board of Peace, o la posición que tiene asociada a Israel en el conflicto entre Israel y Palestina, muestran un alineamiento muy significativo. Esto va de la mano con el crecimiento de los intereses de los Estados Unidos en la región y el alineamiento estructural económico con sus empresas, el sector financiero, las mineras, las petroleras y los acuerdos a los que se llega a partir de intereses económicos. No es solo la sobreideologización como un elemento particular, sino también a qué cambio estructural viene asociada.
¿Hay un cambio real en la posición política de Milei respecto a Malvinas o la ves como una adaptación coyuntural?
Mi opinión personal es que es una adaptación. Me parece importante que desde cualquier gobierno argentino se tomen acciones concretas para evitar la depredación de los recursos naturales en Malvinas y en el Atlántico Sur; eso siempre es correcto y es una política que debe sostenerse. Ahora, desde las ciencias sociales estoy obligada a mirar el recorrido que ha hecho el gobierno desde su campaña, sus posiciones públicas respecto de Malvinas, y sobre todo sus políticas adoptadas. La política adoptada fue la del memorándum de acuerdo entre Mondino y Lammy. Fue la de dejar avanzar estos proyectos de exploración de petróleo de las empresas Rockhopper y Navitas. Fue tener una línea de cooperación con los negocios con Gran Bretaña que fue alentadora para avanzar concretamente en este proyecto de exploración, que ahora está más cerca de empezar a obtener petróleo mientras logra financiamiento e infraestructura.
¿A qué le atribuís este cambio?
Otra de las cuestiones es cómo este volantazo completo - porque primero había dicho que era importante sostener los deseos de los isleños y ahora ya no, volviendo a recuperar la tradición histórica de la resolución que insta a las partes a negociar sobre la soberanía sin tener en cuenta los deseos, sino los intereses de los habitantes - no puede disociarse de que fue presentada en forma conjunta con una nueva Estrategia de Seguridad Nacional. Esta ley que se va a enviar al Congreso implica muchas otras cuestiones profundamente vinculadas con el alineamiento en términos de seguridad con los Estados Unidos. Aparecen cuestiones centrales como las condiciones para proveer alrededor de la explotación de materiales críticos y qué empresas pueden participar como proveedoras. La tendencia, como en el acuerdo que se firmó con Estados Unidos en febrero, es cómo Estados Unidos en su nueva Estrategia de Seguridad considera esencial quiénes son sus empresas proveedoras (sobre todo las que van a atender las cuestiones de ciberseguridad) y cuáles considera amenazas a su seguridad. Con eso, la Argentina se sumaría a esa estrategia de seguridad que tiene una misión clara: alejar a China de la región.
Entonces, ¿cómo conviven la recuperación de la bandera de Malvinas y el alineamiento con Estados Unidos?
Estas nuevas decisiones no están separadas de la exigencia de los Estados Unidos a la cooperativa en Neuquén para no utilizar Huawei. Hay un alineamiento en términos de seguridad con los Estados Unidos y, al mismo tiempo, la recuperación de una bandera histórica muy sentida para todos los argentinos, puesta en agenda con el Mundial y con el partido, evidenciando que es una demanda genuina para grandes mayorías. También da una respuesta política a una demanda interna genuina para un sector cercano a Milei y su vicepresidenta, al mismo tiempo que se alinea completamente con los Estados Unidos en el control del Atlántico Sur. El gobierno tenía completamente parada la base especial de Ushuaia durante todo este tiempo; ha sido un gobierno de entrega absoluta de la soberanía argentina en todos los términos. Creer que ahora va a llevar adelante una política soberana respecto de Malvinas es contradictorio. Es un gobierno de entrega absoluta y de alineamiento; si bien este aspecto cumple con el mandato constitucional de recuperar la soberanía y es correcto, hay que interpretarlo en conjunto con las otras medidas.
En este contexto, ¿qué hacer?
Las tradiciones y las identidades de los países en política internacional no se contrarían de un momento a otro; hay un acumulado histórico que existe. La Argentina ha tenido una alta presencia internacional y un alto perfil en muchos momentos de su historia, y eso no puede contrariarse únicamente por la gestión de un gobierno. Por supuesto que si se sostiene en el tiempo las identidades no son algo fijo, se construyen constantemente, y estamos asistiendo a un momento de intención de contrariar esa identidad. Pero la política internacional no solo la hacen los gobiernos; si bien las decisiones las toman ellos, también tiene que ver con nuestra actitud como ciudadanos y sujetos de la historia. La Argentina tiene un gran acumulado de una sociedad que se involucra, a la que la cuestión de la soberanía le es muy sensible. Esa cuestión va a estar puesta en agenda cada vez más en un mundo donde los recursos naturales y nuevas materias primas son reclamados para transformaciones muy importantes. Nuevamente, la protección del territorio, de nuestros recursos, del Atlántico Sur, de nuestra identidad histórica y la defensa de nuestras poblaciones y sus derechos está completamente viva en nosotros como sujetos históricos. Por lo tanto, creo que estas políticas que contrarían tanto nuestra tradición no están destinadas a perdurar.