12.09.2026 / GAZA

Qué es NAZA, el documental que revela cómo Israel usa IA en Gaza

El documental de los israelíes Yuval Abraham y Rachel Szor se estrenó en el Festival de Venecia y recibió una ovación de casi 25 minutos. A partir del testimonio de 24 integrantes y exintegrantes del Ejército y la inteligencia israelí, reconstruye el uso de inteligencia artificial, vigilancia de teléfonos y cálculos previos de víctimas civiles para seleccionar objetivos y ejecutar ataques en Gaza.



NAZA, el nuevo documental de los cineastas y periodistas israelíes Yuval Abraham y Rachel Szor, se convirtió en una de las películas de mayor impacto del Festival Internacional de Cine de Venecia. La obra reconstruye, a partir del testimonio anónimo de 24 integrantes y exintegrantes del Ejército y los servicios de inteligencia de Israel, cómo funcionan los sistemas tecnológicos utilizados para seleccionar objetivos en Gaza y qué lugar ocupan la inteligencia artificial y la vigilancia masiva en ese proceso.

El documental se estrenó el jueves 10 de septiembre y compite por el León de Oro. Al terminar la proyección recibió una ovación de casi 25 minutos. Pero detrás del impacto cinematográfico aparece una investigación sobre un aspecto mucho menos visible de la guerra: la infraestructura tecnológica y burocrática utilizada para identificar personas, seguir sus movimientos, decidir cuándo atacarlas y calcular previamente cuántos civiles podrían morir en una operación.

La película fue realizada durante tres años. Abraham y Szor entrevistaron a militares, agentes de inteligencia y especialistas tecnológicos israelíes que participaron de distintas etapas del sistema. Sus identidades permanecen ocultas y sus voces y apariencias fueron modificadas digitalmente para protegerlos.

El resultado no busca reconstruir un bombardeo particular. NAZA intenta explicar algo más amplio: cómo funciona la cadena que comienza con la recopilación de información sobre la población de Gaza y termina con una bomba cayendo sobre un edificio.

Qué significa NAZA

El título resume buena parte de la tesis de la película. "NAZA" es un acrónimo utilizado dentro del aparato de inteligencia israelí para referirse al número de civiles que se estima que podrían morir como consecuencia de un ataque. Es decir, lo que habitualmente se denomina "daño colateral".

La diferencia es importante: según los testimonios del documental, no se trata solamente de calcular después de un bombardeo cuántas personas murieron, sino de incorporar esa estimación antes de autorizarlo.

Uno de los entrevistados sostiene incluso que, en determinadas operaciones, llegó a aprobarse un margen de hasta 500 civiles muertos para atacar a un integrante de Hamas.

La película muestra así cómo una decisión de enorme peso humano puede terminar convertida en una variable dentro de un procedimiento militar: un objetivo, una ubicación, una cantidad prevista de víctimas y una autorización.

Cómo entra la inteligencia artificial en los ataques

Uno de los aspectos centrales de NAZA es la descripción del uso de inteligencia artificial para procesar enormes cantidades de información obtenida mediante la vigilancia de la población de Gaza.

Según los testimonios recogidos por los directores, sistemas informáticos analizaron datos de miles de teléfonos celulares para detectar patrones similares a los de personas identificadas previamente como integrantes de Hamas.

A partir de esos patrones, el sistema podía sugerir nuevos posibles objetivos.

La película describe, por lo tanto, un cambio de escala. La identificación de sospechosos ya no depende solamente de un agente siguiendo a una persona o analizando individualmente cada caso. Un algoritmo puede procesar enormes cantidades de datos y producir listas de potenciales blancos. Según una crítica publicada por The Guardian, uno de los testimonios menciona incluso un margen de error permitido del 15% en uno de esos sistemas.

Pero la tecnología no termina en la identificación.

Los agentes también describen sistemas capaces de determinar dónde se encontraba la persona buscada y cuándo había regresado a su vivienda. Y allí aparece una de las revelaciones más perturbadoras del documental.

Escuchar un teléfono antes de lanzar una bomba

Los testimonios sostienen que los servicios de inteligencia israelíes podían intervenir comunicaciones telefónicas y utilizarlas para confirmar que un objetivo estaba dentro de su casa.

Eso significaba que los operadores podían conocer no solamente la ubicación de la persona que buscaban, sino también quiénes estaban con ella. Abraham explicó que los agentes podían escuchar las conversaciones familiares y saber que dentro de una vivienda había niños antes de ordenar un ataque.

La elección de atacar durante la noche tampoco sería casual. De acuerdo con los testimonios, determinados objetivos eran atacados precisamente cuando regresaban a sus hogares, incluso si se encontraban allí junto a sus familias.

Así, la inteligencia artificial cumple una función dentro de una cadena más extensa: recopilar información, procesarla, identificar un posible objetivo, localizarlo, establecer cuántas personas podrían morir junto con él y finalmente autorizar el ataque.

"Soy apenas un pequeño engranaje"

NAZA está construida alrededor de una pregunta que va más allá de la tecnología: quién es responsable cuando una muerte es producto de una cadena formada por decenas de personas y sistemas diferentes.

Un técnico desarrolla una herramienta. Otro agente procesa información. Un algoritmo recomienda un objetivo. Un operador confirma una ubicación. Un superior autoriza el ataque. Un dron lanza la bomba. Algunos de los entrevistados se presentan justamente de esa manera. "Mi función es técnica", explica uno. Otro se define como apenas "un pequeño engranaje".

Ese mecanismo de fragmentación de responsabilidades es uno de los ejes del documental. Abraham lo resume de otra manera: matar puede resultar más sencillo cuando se hace desde una pantalla.

Los protagonistas aparecen filmados durante la noche en terrazas de Tel Aviv. Mientras relatan operaciones realizadas a decenas de kilómetros, la cámara muestra una ciudad que continúa funcionando normalmente: edificios iluminados, autos circulando y personas desarrollando su vida cotidiana.

La distancia física entre quien toma una decisión y quien sufre sus consecuencias se convierte así en una de las imágenes centrales de la película.

No todos los militares que hablaron están arrepentidos

Otro elemento que rompe con la estructura habitual del testimonio de un denunciante es que los 24 entrevistados no necesariamente decidieron hablar porque estén arrepentidos. Algunos sí expresan culpa o cuestionamientos sobre lo que hicieron.
Otros, no.

Abraham explicó que algunos incluso hablan desde el orgullo profesional: pertenecieron a unidades secretas, desarrollaron sistemas sofisticados y encuentran por primera vez interlocutores interesados en conocer detalladamente cómo funcionaba su trabajo.

Los directores buscan precisamente evitar que la película pueda explicarse a través de unos pocos militares que violaron las órdenes. Su planteo es el contrario. "No se trata de crímenes de guerra esporádicos cometidos por soldados rebeldes", explicaron Abraham y Szor en la presentación del documental. Su investigación apunta a "las órdenes, las políticas, las prácticas aceptadas, el lenguaje y la lógica" que permiten esas acciones. Es decir: no los individuos aislados, sino el sistema.

Zonas invisibles y civiles que "aprenden con sangre"

La película también reconstruye el funcionamiento de las denominadas "kill zones", sectores considerados zonas militares en los que una persona podía convertirse en objetivo por el solo hecho de ingresar. El problema, según los testimonios, es que esos límites no siempre eran visibles o conocidos por los palestinos.

Uno de los militares entrevistados describe cómo civiles que buscaban comida podían atravesar esas líneas sin saberlo. Otro habla de soldados disparando contra personas que corrían hacia un centro de distribución de alimentos.

Los testimonios incluyen además relatos sobre la destrucción de barrios donde las fuerzas israelíes estimaban que todavía permanecía refugiada una parte de la población y sobre el incendio sistemático de viviendas civiles.

La respuesta de Israel

Las Fuerzas de Defensa de Israel rechazaron las acusaciones presentadas en NAZA.

Después del estreno, el Ejército israelí afirmó que "rechaza categóricamente" las afirmaciones realizadas en el documental y cuestionó que buena parte de ellas estén construidas sobre testimonios anónimos que, según sostuvo, no pueden ser verificados.

También afirmó que durante sus operaciones en Gaza realiza esfuerzos para reducir el daño a la población civil. Israel ha sostenido desde el comienzo de la guerra que Hamas opera entre la población y utiliza infraestructura civil con fines militares. Hamas rechaza esas acusaciones.

La utilización de fuentes anónimas constituye además uno de los puntos discutidos por la crítica cinematográfica de la película: sus realizadores sostienen que ocultar las identidades era indispensable para conseguir testimonios de personas pertenecientes a unidades sensibles del aparato militar y de inteligencia israelí.

De No Other Land a NAZA

Abraham y Szor ya habían conseguido repercusión internacional antes de esta película. Ambos integraron el equipo de No Other Land, junto con los palestinos Basel Adra y Hamdan Ballal, documental que registró durante años la demolición y expulsión de comunidades palestinas en Cisjordania y que ganó el Oscar al mejor documental en 2025.



NAZA cambia el territorio y también el punto de observación. Si No Other Land mostraba las consecuencias concretas de la ocupación sobre las comunidades palestinas, la nueva película intenta entrar dentro de la maquinaria que produce la violencia.

Los directores prácticamente invierten la cámara: en lugar de observar solamente a quienes reciben las órdenes militares, escuchan a quienes participaron en su diseño y ejecución.

El documental también tiene como productor ejecutivo a Jonathan Glazer, director de The Zone of Interest, película ganadora del Oscar sobre la vida cotidiana de la familia del comandante de Auschwitz Rudolf Höss junto al campo de exterminio.

Glazer colaboró con los realizadores en la estructura de NAZA y en la decisión de utilizar la vida cotidiana de Tel Aviv como telón de fondo de los testimonios.

Una película sobre Gaza que mira hacia Occidente

Desde el ataque encabezado por Hamas contra Israel del 7 de octubre de 2023, en el que murieron alrededor de 1.200 personas y 251 fueron secuestradas, la ofensiva israelí sobre Gaza dejó más de 73.000 palestinos muertos, según las autoridades sanitarias del enclave.

NAZA llega a Venecia casi tres años después del comienzo de esa guerra, pero sus directores no presentan la película únicamente como una reconstrucción de lo ocurrido. También buscan producir consecuencias políticas.

Abraham sostuvo que Estados Unidos y los países europeos tienen capacidad para presionar al gobierno israelí y reclamó medidas concretas contra Israel. Por eso, los casi 25 minutos de aplausos que recibió la película en Venecia funcionan apenas como el comienzo de la discusión que sus realizadores quieren provocar.

Porque la pregunta que plantea NAZA excede incluso a Gaza: qué ocurre cuando la decisión sobre quién puede morir en una guerra se reparte entre algoritmos, bases de datos, sistemas de vigilancia, técnicos, agentes de inteligencia y operadores que observan todo desde una pantalla. Y, sobre todo, quién es responsable cuando cada uno de ellos puede responder que solamente era un pequeño engranaje.

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