La baja se produjo luego de que Irán confirmara que permitirá nuevamente el tránsito de buques petroleros en el marco de un alto el fuego. La decisión redujo de inmediato el temor a una interrupción en la oferta global y descomprimió uno de los principales factores de presión sobre los precios internacionales de la energía.
El mercado venía de un período de extrema incertidumbre. El bloqueo de Ormuz —por donde circula cerca del 20% del petróleo mundial— había empujado el precio del crudo hasta valores cercanos a los US$120 por barril, generando un shock que impactó en toda la economía global.
El retroceso también se explica por las señales de negociación entre Estados Unidos e Irán para ponerle fin al conflicto. La expectativa de una salida diplomática reconfigura el escenario y enfría rápidamente los precios, marcando la sensibilidad del mercado ante cualquier cambio geopolítico.
El movimiento deja al descubierto un dato incómodo para la narrativa oficial: los supuestos beneficios derivados del encarecimiento del petróleo pueden evaporarse en cuestión de días. En un contexto donde la economía argentina depende de variables externas inestables, la volatilidad del crudo vuelve a mostrar los límites de un esquema atado a factores que el país no controla.