
La ciudad de Nueva York dará un paso inusual dentro del modelo económico estadounidense:
abrirá su primer supermercado de gestión pública en el histórico mercado de La Marqueta, en el barrio de East Harlem. El proyecto forma parte de una política más amplia para combatir la inseguridad alimentaria y reducir el costo de los productos básicos.
La propuesta había sido una de las promesas de campaña de Zohran Mamdani y ahora comienza a concretarse con este primer local piloto. Según el diseño oficial,
el supermercado no buscará maximizar ganancias, sino operar con márgenes mínimos para trasladar precios más bajos a los consumidores. El objetivo es intervenir en zonas donde la oferta privada es escasa o directamente inexistente.
El diagnóstico detrás de la medida apunta a los llamados “desiertos alimentarios”: barrios donde los residentes tienen dificultades para acceder a alimentos frescos y asequibles. En esos territorios, dominados por tiendas pequeñas con precios más altos, la intervención estatal busca introducir competencia directa.
El modelo prevé que la ciudad controle la cadena de abastecimiento y negocie de forma centralizada con proveedores para reducir costos. A su vez, los productos ofrecidos priorizarán alimentos frescos y de calidad, en línea con políticas de salud pública que buscan mejorar la nutrición en sectores vulnerables.
La iniciativa, sin embargo, genera controversia. Mientras sectores progresistas la celebran como una herramienta innovadora frente a la inflación y la desigualdad, críticos - especialmente desde ámbitos conservadores - cuestionan la participación directa del Estado en el comercio minorista y advierten sobre posibles ineficiencias o pérdidas económicas.
Más allá del debate ideológico, el proyecto será observado de cerca tanto en Estados Unidos como en otras ciudades. Si logra sostener precios más bajos sin comprometer su funcionamiento,
podría convertirse en un modelo replicable en otros distritos urbanos con problemas similares de acceso a alimentos.
En ese sentido, la apertura en La Marqueta no es solo un experimento local: funciona como una prueba política y económica sobre hasta dónde puede llegar el Estado en la regulación - o incluso provisión directa - de bienes básicos en uno de los mercados más grandes del mundo.
La expansión del proyecto
El plan no se limita a una experiencia aislada. La administración busca abrir al menos cinco supermercados públicos - uno por cada distrito de Nueva York - antes de 2029, es decir, dentro del primer mandato del alcalde. Según adelantó el alcalde,
estos comercios funcionarán sin pagar alquiler ni impuestos, con la intención de trasladar ese ahorro directamente a los precios que enfrentan los consumidores.
El anuncio fue realizado durante un discurso por sus primeros 100 días de gestión. Zohran Mamdani confirmó que la ciudad invertirá unos 30 millones de dólares para poner en marcha el local de East Harlem, con apertura prevista para el próximo año.
En su intervención, Mamdani también salió al cruce de las críticas más ortodoxas sobre el rol del Estado en la economía.
“Algunos dirán que las empresas públicas no funcionan, que el gobierno no puede competir con las corporaciones. Mi respuesta es simple: espero con ansias la competencia. Que gane el supermercado más accesible”, planteó.
La iniciativa forma parte de un paquete más amplio de medidas orientadas a reducir el costo de vida. Desde su asunción el 1° de enero, el alcalde impulsó un esquema de cuidado infantil gratuito, intervino en conflictos habitacionales para proteger a inquilinos y logró acuerdos para recuperar millones de dólares en compensaciones para trabajadores.
El acto tuvo además un respaldo político significativo: el senador Bernie Sanders apareció por sorpresa y defendió la iniciativa frente a las críticas. “Lo verdaderamente radical es recortar derechos, beneficiar a multimillonarios o dejar a la gente sin salud. Garantizar alimentos accesibles para las familias trabajadoras no es radical: es exactamente lo correcto”, sostuvo.