20.09.2026 / Entrevista PA

Mariano Arana: "Rosa Cusminsky fue invisibilizada por ser mujer y crítica del orden establecido”

El economista e investigador Mariano Arana reconstruyó en "El enigma Cusminsky" la trayectoria de una intelectual prácticamente olvidada pese a su influencia en la formación de generaciones de economistas. En diálogo con Política Argentina, explicó las razones de esa invisibilización, repasó su pensamiento heterodoxo y recuperó sus análisis sobre el empleo, la industrialización y el FMI.





Rosa Cusminsky fue economista, docente, investigadora y traductora, participó de algunos de los principales debates económicos argentinos y latinoamericanos del siglo XX y dedicó buena parte de su trayectoria a la formación de economistas. Sin embargo, su nombre prácticamente desapareció de la historia de la disciplina. Mariano Arana, economista e investigador del Centro de Estudios de Historia Económica Argentina y Latinoamericana (CEHEAL), reconstruyó su trayectoria en el libro El enigma Cusminsky y sostiene que "probablemente sea la economista argentina más importante de nuestra historia".

¿Por qué sabemos tan poco sobre ella? Para Arana, una parte central de la respuesta está en su condición de mujer dentro de una disciplina fuertemente masculinizada y en su posición crítica frente al poder económico y político. Pero su investigación también permite recuperar una obra atravesada por discusiones que mantienen vigencia: desde el rol del Estado y la política industrial hasta la relación con el Fondo Monetario Internacional, la financiarización de la economía estadounidense y el futuro del trabajo.

¿Por qué se decidió el título El enigma Cusminsky? ¿Qué tiene de enigma su figura?

La primera es que, efectivamente, el enigma era una condición propia de Rosa Cusminsky. Cada cosa que aparecía abría cuatro o cinco preguntas nuevas. Si respondías una se abrían cinco y así sucesivamente. Su misma figura te invitaba a seguir investigando e indagando y cada vez se ampliaba más. Parecía que nunca tenías la imagen completa. De hecho, al día de hoy, habiendo terminado el libro, hay aspectos de su vida profesional e intelectual a los que no se pudo acceder porque hay archivos que están destruidos o porque hay impedimentos para acceder a ellos.

¿Por ejemplo?

Para que tengas una idea, yo solo tengo tres fotos de ella. Una foto 4x4 muy joven - que es la que está en la biblioteca que lleva su nombre en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) -, otra foto de ella muy mayor —que también está en una de las jornadas que aparece en una publicación allí—, y una tercera que el editor me pasó, que la encontró en la Universidad de San Diego cuando fue invitada por el Departamento de Estado de los Estados Unidos a dar clases allá, la cual yo ni tenía. Es una edad intermedia de ella, pero no mucho más. Hay un poco de eso. Después, la palabra "enigma" salió - eso generaba cada vez más curiosidad - porque la vi en una nota al pie en un agradecimiento de Felix Weil en el libro El enigma argentino, como aquella persona que le había provisto mucho de la información económica argentina para construir ese libro. Ahí me quedó: "el enigma argentino", "el enigma Cusminsky", como alguien que estaba oculta —fíjate, en una nota al pie—, que proveía información y manejaba información económica nada menos que a Felix Weil en Estados Unidos. Un libro muy conocido para los que hacen historia económica. Y ahí se fue construyendo de a poco esto; estaba la palabra, había como un laberinto y ahí quedó El enigma Cusminsky.



Si tuvieras que definirla como economista, ¿qué tipo de economista era?

Rosa fue una economista que, como todos los economistas  - aunque en los estudios sobre economistas aparece una imagen única e inamovible - fue cambiando su perspectiva. De hecho, es bastante notable su forma de pensar la economía con ciertas regularidades a lo largo del tiempo. Definitivamente siempre fue una economista heterodoxa, crítica de lo que sería en la Argentina la oligarquía liberal en los años ´30 y ´40, e incluso después de distintas vertientes del conservadurismo. Seguro fue eso toda su vida. Hablando con la gente del Cedinci, ella no tenía credenciales de estar afiliada al socialismo, pero era una "compañera de ruta". Ellos me contaron que se le dice así cuando alguien no está afiliado a un partido pero circula por esos lugares. De hecho, daba cursos en el ámbito del socialismo y tenía la mayoría de sus amistades cercanas, como Orfila Reynal, muy vinculados al socialismo. Venía de esa heterodoxia, al principio antiperonista y después simpatizantes o amigados en los ´70 con esa vertiente nacional y popular. Probablemente haya sido toda su vida políticamente eso.

¿Y en términos intelectuales?

En términos más teóricos, o en un código más de economistas, en los ´40 era una economista que leía a Keynes y a muchos autores británicos que eran críticos del capitalismo competitivo, aquellos que tenían ideas de la competencia imperfecta. De hecho, es una de las primeras que referencia a Piero Sraffa, un economista italiano que trabajaba en Cambridge y ayudaba a Gramsci a escribir sus escritos en la cárcel. Aparece ahí como una mujer que leía a muchos autores críticos, sobre todo de afuera pero también locales en los ´30 y ´40. Su postura era que el Estado tenía que asegurar el pleno empleo - una cosa medio básica - contra el libre comercio. En eso no se parecía tanto a las propuestas socialistas. Después se vuelve dependentista, en un dependentismo que ella decía que le gustaba charlar con los "marxistas racionales". Había un dependentismo moderado, no revolucionario; nunca fue una revolucionaria en ese sentido, pero sí con una impronta marxista de evidenciar los procesos de dependencia y de sujeción en América Latina. Cuando miraba los procesos de industrialización en Argentina, México, Brasil y Chile, daba clases sobre eso, identificaba esas relaciones de sujeción en los procesos industriales.

¿Qué postura tenía al respecto?

Era una desconfianza en la idea de que acelerar los procesos capitalistas de los distintos modos que se proponían por las agencias internacionales - incluso las latinoamericanas - pudiera tener un final feliz. En ese sentido era bastante pesimista. Su punto más alto en ese dependentismo no revolucionario, pero muy desconfiado, fue en la década del ´80. Al final de su vida empezó a trabajar mucho sobre el declive de Estados Unidos. En eso, sus posturas políticas eran sobre el debate de cuán útil era la política industrial para desarrollarse. Rosa creía que sí lo era, pero ya en un debate dentro de Estados Unidos sobre si efectivamente el país se estaba descomponiendo como potencia industrial. Rosa creía que sí, siempre matizando y dudando. Era una persona que, cuando escribía, hacía dudar al lector de lo que escribía. Algo muy lindo de ver y agradable de leer en autores y que no es tan común. En ese caso tuvo una mirada más de "la macroeconomía de los desequilibrios", como le llamaba ella, que era una mirada sobre lo que hacía Estados Unidos en términos generales. Si se quiere, antiimperialista, pero ya observando cómo el imperio se estaba descomponiendo de alguna manera y tratando de identificar algunos elementos, con una mirada un poco más alejada de América Latina después de la crisis de la deuda.

¿Qué veía sobre el devenir de Estados Unidos?

Empieza a observar qué ocurría dentro de las fábricas en Estados Unidos. Es una economista que se convierte de los procesos agregados y políticos a una mirada de lo que hoy sería microeconomía en términos más vulgares, pero que identificaba en las fábricas cómo se estaba financiarizando la actividad económica de los industriales norteamericanos. Es una de las primeras que reconozco en Argentina en ir a observar y hacer trabajo de campo en Silicon Valley e identificar esa nueva producción manufacturera estadounidense. Algo muy raro en ese momento, finales de los ´80 y principios de los ´90. Fue cambiando significativamente a lo largo de todos sus períodos. Por supuesto, el período políticamente más comprometido e intelectualmente más denso fue el período dependentista, cuando llega a México en el año ´75 y durante esa década se empapa del discurso que estaba alrededor de la Universidad Nacional Autónoma de México, que recibía exiliados de toda América Latina. El clima de época también contribuía a esas ideas.

¿Por qué una intelectual semejante fue sistemáticamente invisibilizada por la historia de la economía regional?

Primero, por ser mujer. Después, por ser crítica del orden establecido, incluso en el mundo y en su propio país. Fue sistemáticamente crítica de distintos gobiernos y de las instituciones de gobierno internacional, como el Fondo Monetario Internacional. Esa es la respuesta corta.

¿Y la respuesta larga?

Definitivamente por ser mujer, porque prácticamente este es el primer libro más o menos completo sobre una economista argentina. Hay muy poco escrito; sigue siendo todavía, pero en aquella época aún más, una profesión y una disciplina muy masculinizada. De eso me di cuenta cuando entrevistaba a gente que había estado con ella o que había compartido momentáneamente. Por ejemplo, se dudaba de que tuviera un doctorado, y tenía dos casi: uno entregado y el otro no, pero tenía dos. ¿Cómo no se va a saber si tiene un doctorado? O se hacía referencia a su aspecto en lugar de a sus ideas, a sus lugares como formadora de economistas o a lugares donde la academia tiene sus registros. Por ejemplo, en algún momento la Facultad de Ciencias Económicas la exime de dar clases porque trabajaba de más, pero no le reconoce darle la dedicación exclusiva que ella quería y buscaba. De hecho, se va a trabajar dos años a Estados Unidos reclamando y queriendo volver a dar clases acá, pero no tenía espacio porque tenía una dedicación simple. La hacían trabajar, venía cualquier persona del exterior y, como hablaba muy bien muchos idiomas e intelectualmente era alguien apta para recibir figuras internacionales de renombre como Leontief, entre otros, la ponían a recibir gente. Pero se lo niegan sistemáticamente, o le piden que revalide, que mande nuevos proyectos o que hable con tal o cual persona para que la validen, y los consejeros locales no le daban la dedicación.

¿Cómo se resolvió esa situación?

En el momento es medio trágico: cuando le dan la dedicación y mueve a toda su familia para volver a Argentina, a los tres meses tiene que renunciar por el golpe de Estado del ´66, La Noche de los Bastones Largos y demás. Lo cual no es paradójico, porque es evidente que iba a suceder así mirando su historia. En la aceptación de las renuncias aparecen Aldo Ferrer, Carlos Fayt, Hilario Pasalacqua - que era el decano -, un montón de figuras que son archiconocidas por todos. Y Rosa Cusminsky, a quien en la actualidad muy poca gente conoce pero en aquel momento la conocía todo el mundo. Ella tiene una historia de vida intelectual partida porque se va en el año ´75 a México sacando a su hijo, que había estado preso por la Triple A. Había chance de que cuando se fuera para México su hijo quedara libre allá entonces se va. Por eso también toda la historia de un montón de trabajo que había hecho acá queda medio invisibilizada, incluso en su propio currículum. Cuando uno mira la hoja de vida laboral de Rosa, está partida a la mitad y solapada, algo que cualquier persona hace para mostrar lo que está haciendo. En México y acá pasaba que mucha gente, cuando ella se fue a México, no mantuvo vínculo porque ella se pone a estudiar muy fuerte economías latinoamericanas en general y Estados Unidos. Tiene una mirada hacia su entorno y hacia el norte, lo que contribuyó a que menos gente la reconozca.

¿Qué factores contribuyeron a invisibilizar su obra?

Hay cuestiones institucionales que contribuyeron a ocultarla. Vas a pedir un legajo y no te lo dan, tenés que raspar, querés encontrar fotos y no hay, o querés encontrar los textos y no están en los índices. Hay mucho de su formación profesional y trabajos que no son reconocidos, como su labor de traductora de una cantidad enorme de textos que leemos todos los economistas. Cuando alguien me dice que tradujo un montón, voy y lo primero que veo es el texto de Maurice Dobb, Teoría del valor y de la distribución, traducido por ella. Después empecé a encontrar uno tras otro libros del Fondo de Cultura y de Siglo XXI. El trabajo de traducción está completamente descartado de las credenciales académicas, al igual que el de formación. Rosa trabajaba una cantidad de horas enorme y no se le reconocía una dedicación porque su proyecto de investigación lo tenía que ir a validar con otras personas, se lo validaban pero se demoraba por la cuestión institucional. En las redes alguien me preguntaba por qué decía que Rosa probablemente sea la economista argentina más importante de nuestra historia y me preguntaban qué concepto creó. Creo que tenemos que discutir qué es crear un concepto o cuál es el criterio de relevancia. Formó a un montón de gente, tradujo un montón de artículos, además escribió cosas muy interesantes. En términos de originalidad yo podría destacar que fue la primera en hacer esto o aquello, pero no era eso lo que se buscaba hacer con este libro, sino mostrar cómo una trabajadora intelectual y del conocimiento es poco reconocida por un montón de aspectos asociados a su condición de género y a los trabajos vinculados a eso.

¿Qué hacer con el legado de Rosa hoy?

Una principal cuestión que me gustaría que ocurra es que proliferen otros aspectos de su vida intelectual y de su trabajo que quedaron solapados por falta de información o recursos para seguir investigándolo, como su trabajo en CEPAL. Es muy importante porque probablemente haya sido la primera mujer en CEPAL en un mundo en donde se empezaba a crear, hacia 1949. O toda su trayectoria dentro del Fondo de Cultura y Siglo XXI, que es un trabajo enorme pero no está tan asociado a los intereses de las ideas económicas de Rosa necesariamente. En segundo lugar, hay una mirada de Rosa sobre las etapas del capitalismo. Decía algo que me lo contaba gente que la había conocido, que siempre le decía a todos sus estudiantes y becarios: que tenían que aprender un oficio porque al capitalismo iba a haber un momento en donde no les iba a dar trabajo. No sé si hacerle caso a Rosa con eso, pero claramente tenía un punto ahora con una crisis del trabajo enorme. Me parece que habría que revisar cómo esos procesos de cambio de etapas del capitalismo afectan al trabajo, que era una preocupación desde sus inicios. Desde 1944 o 1945, en sus primeros escritos, decía: "la política económica, definámosla en pocas palabras, es la política de empleo".

¿A qué se refería?

Efectivamente creo que Rosa tiene una preocupación por el empleo desde lo que escribe en términos teóricos hasta lo que le recomienda a un becario en términos concretos de su vida laboral, teniendo miedo respecto de la ausencia de empleo constante. En la actualidad hay que tratar de observar esa etapa nueva del capitalismo. Por supuesto que Rosa no tiene esos elementos; falleció en el año 2001 con esa nueva economía que estaba investigando a medio avanzar o naciendo. Hay muchos procesos que ella no ve, pero hay otros que sí ve desde temprano y que siguen ocurriendo, por ejemplo la relación con el Fondo Monetario Internacional.

¿Qué decía sobre ese vínculo?

Rosa es crítica desde el día uno de la relación con el Fondo, de todos los planes que hace el Fondo y de los procesos de deuda. Investiga lo que ocurre en el Congreso de Estados Unidos, una práctica que ella hacía bastante bien en su rol de politóloga, porque además de economista era politóloga de grado graduada en Ginebra. Rosa identificaba el debate dentro del Congreso, y eso nos hubiese venido muy bien en su época porque conocimos algunas iniciativas que venían del Congreso en las que ganaban, no las que perdieron. Estando un poco mejor informados hubiese venido bien a las autoridades políticas para negociar mejor ante esos organismos o iniciativas. En la actualidad está más que claro que Estados Unidos tiene una injerencia más que discrecional y mucho más evidente que en aquel momento, cuando venía el Plan Baker o el Plan Brady, con secretarios del Tesoro norteamericano con ideas de cómo solucionarnos los problemas. Un entendimiento mejor de la política norteamericana hubiese servido. Rosa se dedicó mucho a formar economistas desde los inicios hasta que falleció. Una de las cosas que nosotros tenemos muy solapadas en nuestra historia y que no está corregida es el entendimiento de cómo funciona la economía de Estados Unidos. Hay muy poco de eso. En los últimos 20 años tenemos muchas herramientas para entender un poco mejor a China, pero no hubo en nuestra historia iniciativas para entender la economía norteamericana salvo en algunos posgrados. Eso es parte del legado de Rosa: haber mirado desde pequeña intelectual en 1945, cuando publica su primera conferencia sobre la política económica de Roosevelt, hasta sus últimas investigaciones sobre Silicon Valley y el Congreso norteamericano. Eso es algo para retomar.