La identificación fue confirmada por la Justicia Federal de Córdoba, a cargo del juez Hugo Vaca Narvaja. Jerez fue secuestrado en el barrio Alberdi cuando tenía 22 años. Por entonces estudiaba Psicología en la Universidad Nacional de Córdoba, trabajaba en Ika-Renault y militaba en el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT). También tenía una pequeña hija de su primera pareja.
La Perla funcionó como campo de concentración entre 1976 y 1978, a la vera de la ruta que conecta Córdoba capital con Carlos Paz. Se estima que por ese centro clandestino de detención pasaron entre 2200 y 2500 personas que permanecen desaparecidas. Los testimonios de sobrevivientes permitieron reconstruir el funcionamiento de los llamados "traslados", eufemismo utilizado por los represores para referirse a los operativos que terminaban con el asesinato de los detenidos.
En septiembre del año pasado, Vaca Narvaja ordenó al EAAF comenzar los trabajos en Loma del Torito, una zona cercana a La Perla, a partir del reclamo sostenido de familiares que todavía buscan a sus seres queridos. Los hallazgos permitieron avanzar sobre la hipótesis de que los cuerpos fueron enterrados clandestinamente y posteriormente removidos y destruidos con maquinaria pesada antes de la visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en 1979. Así, a la desaparición forzada se sumó una segunda operación destinada a borrar las huellas de los crímenes.
Los análisis realizados en el Laboratorio de Genética Forense sobre los primeros restos recuperados permitieron obtener perfiles genéticos correspondientes a 35 personas. Hasta ahora, 30 de ellas fueron identificadas. Medio siglo después del secuestro de Alejandro Jerez, el trabajo de los antropólogos forenses vuelve a poner nombre, historia y rostro a una de las víctimas de la maquinaria represiva de la última dictadura.