Colombia volvió a quedar en el centro de la actividad sísmica regional tras el terremoto de magnitud 7,4 registrado este lunes a las 7:34, con epicentro cerca de San José del Palmar, en el departamento de Chocó, y una profundidad de 96 kilómetros. El movimiento provocó graves consecuencias y llevó al Gobierno colombiano a anunciar medidas de emergencia para acelerar la asistencia y el envío de recursos a las zonas afectadas.
Según el Servicio Geológico Colombiano (SGC), el país registra en promedio alrededor de 2.500 sismos por mes, aunque la enorme mayoría no llega a ser percibida por la población. Colombia se encuentra en una zona de intensa actividad tectónica debido a la convergencia de las placas de Nazca, Sudamericana y Caribe, con una fuerte interacción en el Pacífico.
En esa región se produce la subducción de la placa de Nazca por debajo de la Sudamericana, un proceso que genera deformaciones y rupturas en la corteza terrestre y libera grandes cantidades de energía. El fenómeno también está vinculado con la formación de la fosa submarina del Pacífico y con la cadena volcánica de los Andes. Por eso, la actividad sísmica que afecta a Chocó forma parte de una dinámica geológica permanente y no de un fenómeno aislado.
La actividad, además, se distribuye en distintos puntos del territorio. El llamado Nido Sísmico de Bucaramanga, ubicado en Santander, concentra cerca del 60% de la sismicidad colombiana y presenta hipocentros que suelen encontrarse a unos 150 kilómetros de profundidad. La intensidad de los daños que puede provocar un terremoto depende, entre otros factores, de su magnitud, profundidad, distancia al epicentro, características del suelo y vulnerabilidad de las construcciones.
Para monitorear esta actividad, el Servicio Geológico Colombiano opera desde 1993 la Red Sismológica Nacional, que actualmente cuenta con 224 estaciones sísmicas y acelerométricas distribuidas por todo el país. Los datos permiten determinar rápidamente la ubicación, profundidad y magnitud de los movimientos y elaborar mapas de amenaza sísmica. El primer reporte puede estar disponible unos tres minutos después de un terremoto, mientras que minutos más tarde se publica un boletín actualizado y revisado por especialistas.