02.08.2026 / Política nacional

La campaña anti-Argentina y la oportunidad de (re)construir el ser nacional

Mucho se ha hablado sobre los por qué, cómo, causas y consecuencias de la campaña global que sufre nuestro país. Este escrito busca aportar una mirada de construcción bajo la pregunta: ¿Qué hacemos con eso?

por Tomás Correa



Desde tiempo atrás, pero recrudecido progresivamente con el avance de fases de la Selección Argentina en el Mundial, empezó a calar en la sociedad, a nivel global, una campaña contra nuestro país: que somos racistas, que somos “colonizadores”, tramposos, avaros, soberbios, malcriados, etc.

Los por qué de su desarrollo, los cómo, las causas y las consecuencias de cada crítica, acusación e insulto ya fueron debidamente desarrollados por muchos analistas, streamers, twitteros, políticos, y más. Pero, a mi entender, falta una pregunta clave: ¿Qué hacemos con eso?

Como el país solidario y defensor de su bandera que somos, la creatividad popular puesta al servicio de la representación de la Patria no tardó en salir a la cancha. Vimos videos, editoriales, campañas para mostrar la belleza y bondad de nuestra gente, y un sinfín de contenidos que llaman a la defensa del País, en contrapartida con las esferas del poder gubernamental que buscan cumplir su sueño de arancelar la educación y la salud para los extranjeros que menos tienen, mientras le entregan las tierras y los recursos a los extranjeros que más tienen (y más nos odian, claro está).

Entonces, volviendo a la pregunta que motivó estás líneas, estamos frente a una oportunidad que no podemos desaprovechar. La (re)construcción del ser nacional, aprovechando la postura de Argentina contra el mundo, tiene que tener dentro la defensa irrestricta de todo lo que nos hace la Patria que somos, no solamente de la bandera y de los colores.

Tiene que tener dentro la construcción de una industria que pueda nutrirse de valor agregado sin depender de comprar lo que construyen otros con el material que exportamos, tiene que tener la defensa de sus tierras, de sus recursos naturales, la valorización de su fuerza de trabajo y el orgullo de su salud y educación gratuita.

La defensa de sus tierras, la reivindicación de las Malvinas, tal como se ve en cada rincón de la Patria desde el final del partido contra Inglaterra, y la puesta en valor de su cultura, su música, su arte y su literatura.

También la soberanía de sus mares, y la independencia económica ante las presiones de los Estados Unidos a través del Fondo Monetario Internacional. Un ser argentino que no solo diga “nuestro pueblo no es racista”, sino que sea parte de la construcción de la defensa de una Patria justa, libre - de verdad - y soberana.

Ese sujeto, que supo constituirse como una mayoría en nuestra sociedad, sigue en algún lugar del sentido común de la gente, mayormente de quienes creen que se puede vivir mejor. Quizás, este presente y este sentir colectivo representa la oportunidad de gestar un nuevo comienzo para la Argentina.

Ojalá así sea. Está en nuestras manos.