28.07.2026 / LA ARGENTINA DE MILEI

Un estudio de UADE reveló que casi la mitad de los jóvenes no puede independizarse por los bajos salarios

El 44% de los jóvenes encuestados continúa viviendo con sus padres y necesita alrededor de $1,3 millones mensuales para afrontar alquiler, servicios y gastos básicos. El ingreso promedio ronda los $900.000 y queda 47% por debajo de ese costo.





Independizarse y dejar la casa familiar, una etapa que durante generaciones estuvo asociada al ingreso a la adultez, se convirtió en un desafío económico para buena parte de los jóvenes argentinos. Según un informe del Centro de Investigaciones Sociales de la UADE, el 44% de los encuestados continúa viviendo con sus padres y apenas el 21% logró mudarse a vivir solo.

El principal problema aparece en los números. Para afrontar alquiler, servicios y una canasta básica se necesitan alrededor de $1.320.000 mensuales, mientras que el salario promedio de los jóvenes ronda los $900.000. La diferencia alcanza el 47%, una brecha que vuelve prácticamente inaccesible la posibilidad de sostener un hogar propio para quienes no cuentan con ayuda familiar o ingresos adicionales.

El alquiler, las expensas y los servicios aparecen como la principal barrera: el 44% de los encuestados los identifica como el obstáculo determinante para abandonar la vivienda familiar. La situación también presenta diferencias según el género: las mujeres logran emanciparse a una edad promedio de 27,1 años, frente a los 29,2 años de los varones, aunque ellos lo hacen con ingresos un 32% menores.

El impacto no es solamente económico. Si bien el 27% destaca la tranquilidad y el apoyo económico de vivir con sus padres, un 14% reconoce sentir frustración por no poder independizarse y un 13% habla de estancamiento. Además, dos de cada tres encuestados consideran que mantienen "hábitos de adolescente" mientras continúan viviendo en el hogar familiar, una muestra de cómo la dependencia económica también puede modificar las expectativas sobre la vida adulta.

El fenómeno incluso alcanza a quienes lograron dar el paso. Uno de cada siete jóvenes que se había independizado tuvo que regresar a la casa familiar, principalmente por haber vuelto del exterior, separaciones o el aumento de los alquileres. El llamado "efecto bumerán" expone así una realidad cada vez más extendida: para una generación entera, independizarse dejó de depender solamente de las ganas de crecer y pasó a depender, sobre todo, de cuánto alcanza el salario para pagar una vida cada vez más cara.