04.07.2026 / Elecciones en EEUU

Qué es DSA: la izquierda que desafía al Partido Demócrata y gana elecciones

Los Democratic Socialists of America (DSA) pasaron de tener 6.000 miembros en 2015 a superar los 100.000 afiliados en la actualidad. En 2026 sus candidatos acumulan decenas de victorias en elecciones primarias y derrotan a dirigentes históricos del Partido Demócrata. El fenómeno tiene como cara visible al alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, pero se extiende a todo Estados Unidos.



Melat Kiros, electa por el Partido Demócrata.
Melat Kiros, electa por el Partido Demócrata.


Melat Kiros, una demócrata de 29 años, nacida en Addis Abeba, que derrotó en las primarias a la histórica representante del partido, Diana DeGette, que llevaba representando al Distrito 1 de Colorado desde 1997. Kiros es una joven abogada que perdió empleo luego de publicar una carta abierta en apoyo a las protestas contra el genocidio en Gaza.

Pero la historia de Kiros no es un hecho aislado. Forma parte de una organización que está protagonizando una racha de victorias electorales en Estados Unidos: Democratic Socialists of America.

Una organización que durante años ocupó los márgenes de la política estadounidense y hoy está logrando derrotar a figuras históricas del Partido Demócrata mediante candidatos jóvenes, campañas centradas en el costo de vida y una estructura militante en expansión. Lo que parecía una corriente testimonial comienza a convertirse en una fuerza electoral con capacidad real de disputar poder.

La organización trabaja y respalda a candidatos de todos los estados. Miembros que han recibido su apoyo lograron ganar la candidatura en 35 elecciones primarias en lo que va de 2026, generalmente contra candidatos históricos del Partido Demócrata que nunca habían sido desafiados antes.

La tendencia comenzó a llamar la atención dentro del propio Partido, donde crece el debate sobre si el futuro de la fuerza pasa por dirigentes moderados o por una nueva generación de candidatos con propuestas más confrontativas.

Cómo nació el DSA 

Los orígenes del DSA se remontan a comienzos de la década de 1970. La organización surgió formalmente en 1982 a partir de la fusión de dos grupos de izquierda: la Democratic Socialist Organizing Committee (DSOC), vinculada a sectores opositores a la Guerra de Vietnam, y el New American Movement (NAM), heredero de movimientos estudiantiles y socialistas de los años sesenta.

Durante décadas su influencia electoral fue limitada. El gran punto de inflexión llegó en 2015, cuando la organización decidió involucrarse activamente en la campaña presidencial de Bernie Sanders. Aunque Sanders perdió las primarias demócratas de 2016 frente a Hillary Clinton, su candidatura sirvió como puerta de entrada para miles de jóvenes que buscaban una alternativa a la política tradicional estadounidense.

La elección de Donald Trump ese mismo año aceleró el fenómeno. Según datos de la propia organización, el DSA pasó de tener alrededor de 6.000 afiliados en 2015 a superar los 100.000 miembros una década después, convirtiéndose en la organización socialista más grande de Estados Unidos.

Una encuesta interna realizada en 2021 mostró además un perfil particular de su militancia: cerca del 73% pertenecía a las generaciones millennial y Z, más del 80% tenía estudios universitarios y una mayoría trabajaba en áreas como educación, tecnología, sector público y organizaciones sin fines de lucro.

El efecto Mamdani 

El alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani.
El alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani.


Si existe una figura capaz de sintetizar el crecimiento del DSA, esa es Zohran Mamdani.

Miembro del Partido Demócrata y de los Democratic Socialists of America, Mamdani se convirtió este año en alcalde de Nueva York tras construir una campaña centrada en temas económicos concretos: congelamiento de alquileres, transporte público gratuito, expansión del cuidado infantil y aumentos salariales.

Su victoria tuvo un impacto que excedió a la ciudad. Medios estadounidenses y dirigentes del propio DSA coinciden en que el triunfo de Mamdani funcionó como una demostración práctica de que candidatos identificados con posiciones socialistas podían competir y ganar en una de las ciudades más importantes del país.

Desde entonces, varios postulantes respaldados por él obtuvieron victorias resonantes. Entre ellos aparece Darializa Avila Chevalier, una militante de 32 años vinculada al DSA que esta semana derrotó al congresista Adriano Espaillat, quien llevaba cinco mandatos consecutivos en el cargo.



También se sumaron triunfos de dirigentes como Claire Valdez y Brad Lander, todos ellos parte de una generación política que desafía a las estructuras tradicionales del Partido Demócrata.

Hace apenas un año, el DSA contaba con dos representantes en el Congreso. Tras las elecciones de 2026, la organización tendrá al menos cinco legisladores nacionales y aspira a seguir ampliando esa presencia.

Una organización más radical que el establishment demócrata

El crecimiento electoral del DSA no estuvo acompañado por una moderación ideológica. Por el contrario, buena parte de sus dirigentes reivindican posiciones que suelen generar tensiones con el establishment demócrata.

La organización se define como socialista democrática y sostiene que el capitalismo concentra poder económico y político en una minoría. Entre sus propuestas aparecen la expansión de derechos laborales, sistemas universales de salud, fortalecimiento sindical, vivienda accesible y una mayor intervención estatal en la economía.

Además, varios de sus referentes mantienen posiciones críticas respecto de la política exterior estadounidense y del apoyo militar a Israel, un tema que ganó centralidad dentro de sectores jóvenes del electorado demócrata durante los últimos años.

La relación entre el DSA y el Partido Demócrata también resulta particular. Aunque la organización no constituye un partido independiente, la mayoría de sus candidatos compite dentro de las primarias demócratas. La estrategia consiste en disputar espacios desde adentro de una estructura existente en lugar de construir una tercera fuerza electoral, algo históricamente difícil en el sistema político estadounidense.

Por qué están ganando

La explicación más repetida por analistas y dirigentes consultados por medios estadounidenses remite a la economía cotidiana.

En lugar de concentrar sus campañas en debates ideológicos abstractos, los candidatos vinculados al DSA suelen enfocarse en cuestiones concretas como alquileres, salarios, transporte, acceso a la salud o costo de vida.

Ese mensaje encuentra receptividad en un contexto marcado por el malestar económico. Según una encuesta de Gallup publicada en 2025, la valoración positiva del capitalismo cayó al 54%, el nivel más bajo registrado desde que comenzó la medición y una disminución significativa respecto del 60% observado en 2021.

Para muchos votantes jóvenes, la combinación de alquileres elevados, endeudamiento estudiantil y dificultades para acceder a una vivienda propia generó una creciente insatisfacción con el statu quo económico. Algunos observadores sostienen que el DSA logró traducir ese malestar en campañas electorales organizadas, con fuerte presencia territorial y candidatos que hablan el mismo lenguaje que los sectores afectados por esos problemas.

Una disputa que recién comienza 

Pese a la serie de victorias, el crecimiento del DSA todavía está lejos de convertir a la organización en una fuerza dominante dentro del Partido Demócrata. Sus representantes siguen siendo una minoría frente a los sectores moderados que controlan gran parte de la estructura partidaria. 

Sin embargo, la sucesión de triunfos obtenidos durante 2026 modificó el escenario político estadounidense. Lo que hasta hace pocos años era una corriente considerada marginal comenzó a demostrar capacidad para derrotar a dirigentes consolidados, expandir su representación institucional y construir una nueva generación de liderazgos. 

La pregunta que hoy atraviesa al Partido Demócrata ya no es si los Democratic Socialists of America pueden ganar elecciones. La evidencia de los últimos meses muestra que sí pueden hacerlo. El interrogante pasa ahora por determinar hasta dónde puede llegar una organización que encontró en el malestar económico, la renovación generacional y la militancia territorial una fórmula capaz de disputar poder real dentro de la política estadounidense.