La Comisión Europea puso en marcha la aplicación inicial del acuerdo comercial alcanzado con Estados Unidos al confirmar la eliminación de aranceles sobre productos industriales estadounidenses. El esquema comenzará a regir el 1 de julio y busca ordenar la relación transatlántica bajo nuevas reglas de intercambio comercial.
El reglamento difundido por el organismo establece que la primera fase de dicho acuerdo se extenderá hasta el 31 de diciembre de 2029, con la posibilidad de ser prorrogada en caso de que, tras una evaluación, la Comisión decida elevar una propuesta legislativa para extender su vigencia.
En paralelo, el acuerdo también contempla que
la Unión Europea conceda acceso preferencial a determinados productos agrícolas de Estados Unidos y amplíe beneficios ya existentes, como la importación libre de aranceles de langosta estadounidense, en el marco de compromisos sellados previamente entre ambas partes.
El texto normativo incluye además cláusulas de salvaguarda que habilitan a Bruselas a suspender las concesiones si Washington incumple los términos del pacto, lo que deja abierta la posibilidad de ajustes en función del cumplimiento efectivo de las condiciones acordadas.
Mientras tanto, el bloque europeo mantiene activa su agenda comercial con China, donde se busca avanzar en negociaciones para reducir desequilibrios en el intercambio bilateral, en un contexto de creciente presión por el aumento del déficit comercial europeo y la competencia estratégica entre ambas potencias económicas.
Beneficiados y damnificados
Los principales ganadores serían el propio
Donald Trump, que logró cerrar el mayor acuerdo comercial alcanzado hasta el momento con la Unión Europea; los mercados financieros, que reaccionaron con subas tras el anuncio por la mayor previsibilidad en el comercio; la industria energética estadounidense, beneficiada por el compromiso europeo de aumentar las compras de gas, petróleo y combustibles nucleares; y los fabricantes de automóviles de Estados Unidos, que accederán al mercado europeo con una reducción del arancel del 10% al 2,5%.
Ahora bien, los perjuicios recaerían sobre los consumidores estadounidenses, que podrían afrontar un encarecimiento de productos europeos por el traslado de los nuevos aranceles a los precios finales; los fabricantes de automóviles alemanes, que, aunque evitaron gravámenes más elevados, seguirán enfrentando un arancel del 15% para ingresar al mercado estadounidense; y la industria farmacéutica europea, que no obtuvo la exención arancelaria que esperaba.