28.06.2026 / Entrevista PA

La vida de Víctor Basterra, el fotógrafo que documentó la ESMA

Pablo Corso, periodista e historiador, reconstruye en "El ojo en la tormenta" la vida de Víctor Basterra, un obrero gráfico secuestrado en 1979 que logró documentar fotografías de represores desde el interior de la ESMA. Una historia de resistencia clandestina que fue clave para condenar a los genocidas.





Pablo Corso nació en Buenos Aires y se crió en la Patagonia. Es periodista, licenciado en Comunicación por la Universidad de Buenos Aires y profesor de la misma casa de estudios. Sus crónicas, perfiles e investigaciones han sido publicadas en medios como Rolling Stone, Newsweek, La Nación y Página/12. Integró las redacciones del diario Crítica de la Argentina y de la revista El Guardián. Escribe sobre temas sociales, ambientales y científicos para medios nacionales e internacionales como SciDev y Dialogue Earth.

Es autor de biografías sobre Diego Maradona y el papa Francisco. Su trabajo más reciente es "El ojo en la tormenta", de Marea Editorial, un libro que reconstruye la vida y obra de Víctor Basterra, el fotógrafo y obrero gráfico que logró filtrar desde el interior de la ESMA fotografías de represores y detenidos. 

En esta conversación con Política Argentina, Corso cuenta cómo investigó durante años para reconstruir la historia de Basterra: desde su militancia peronista en los años 70, su secuestro en agosto de 1979, el pacto extorsivo que le impusieron los marinos en el sótano de la ESMA, y la estrategia ingenieril con la que logró construir un archivo clandestino de evidencia fotográfica que sería decisivo en los juicios a los represores. A 50 años del golpe cívico-militar, Corso reflexiona sobre qué significa la resistencia en contextos de terrorismo de Estado.

¿Qué querías reconstruir con el libro?

Bueno, quise reconstruir la vida y la obra de Víctor Basterra, un obrero secuestrado por la dictadura militar en agosto de 1979. Parte de su vida era la militancia en el peronismo de base, en las Fuerzas Armadas Peronistas, su militancia territorial. Y también su obra que termina trascendiendo y tomando valor por un hecho particular.

¿Cuál fue?

Que buena parte de la prueba de lo que había sucedido en el centro de detención clandestino de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), en el Casino de Oficiales, se reflejó en fotos, listas y negativos que Basterra escondió y logró sacar de la ESMA. Así se pudo saber quiénes fueron los responsables de su secuestro y de tantos otros, así como conocer quiénes habían sido sus compañeros desaparecidos.



¿Cómo logró Basterra construir un archivo clandestino bajo vigilancia militar constante?

Él estaba, en un primer momento, en el sector del Casino de Oficiales que se llamaba Capucha, que era en donde los detenidos estaban en una suerte de limbo, donde no se sabía si iban a vivir o si los iban a matar. Pero hay un momento en el cual a él lo bajan desde Capucha hacia el sótano. En ese lugar, un militar, un marino, le dice: “trabajás o te morís”. Sabían que él era un obrero gráfico, especializado en valores bancarios. Es decir, que era capaz de confeccionar billetes, documentos, con tintas y papeles especiales. Y de esa manera lo incorporan a un sistema de trabajo esclavo, mediante el cual los propios detenidos, bajo las órdenes de los marinos, falsificaban documentos que más tarde el grupo de tareas iba a utilizar durante los secuestros o incluso para operaciones fraudulentas como compraventa de viviendas y falsificación de chapas de automóviles.

¿Cómo era ese trabajo?

Basterra, efectivamente, empieza a hacer este trabajo y una de sus tareas era fotografiar a los marinos a quienes él les iba a entregar los documentos. Se hacían documentos con nombres falsos pero con sus fotos reales, por supuesto. Entonces él les entregaba cuatro documentos: un DNI, una cédula, un registro y un pasaporte. Pero, con el tiempo, se fue quedando con una quinta copia de cada uno de los retratados. Y eso lo escondía en el laboratorio donde trabajaba, dentro del material fotosensible, de la película, que era el único lugar que no le requisaban los guardias en los revisaciones periódicas. Cuando Basterra empieza a gozar, de alguna manera, de la confianza de los marinos y a tener algunas libertades que no solían tener los detenidos, en sus salidas transitorias esconde este material: fotografías y negativos. Primero, en su ropa interior, más tarde en algún bolso, cuando vio que dejaban de revisarlo. Y ese material llegó a su círculo de confianza, familiares y amigos. Y quedó en estado de latencia hasta su libertad. Una vez que volvió la democracia, fue utilizado como prueba en todos los juicios contra los crímenes de la dictadura.

¿En qué consistió el pacto extorsivo que los marinos le impusieron en el sótano?

En decirle: "trabajás o te morís". Una esclavitud a cambio de la vida. La escena que él relató siempre fue que le sacaron la capucha frente a un marino con una pistola en el escritorio. Supongo que le habrán dicho que sabían quién era y a qué se dedicaba. En algún momento le dicen: “vos sabés hacer esto” y le muestran un documento, que era una forma de pedirle que lo falsificara. Él pensó, por supuesto, que era trabajo esclavo pero también una ventaja, una vida extra. Y se aferró a esa posibilidad. A él lo habían secuestrado con su mujer y con su beba, que habían salido a la semana, pero él permaneció detenido. Sabía que la vida de su familia también podía correr peligro y de alguna manera aceptó este pacto extorsivo a cambio de preservarse él y su familia. Sabiendo que, de alguna manera, estaba  “colaborando” con ciertos objetivos de esos marinos, pero a lo largo de su permanencia en la ESMA siempre intentando mantener una actitud digna, según por lo menos toda la gente con la que yo hablé para la investigación.

En este contexto, ¿qué hacer?

Si uno tuviera que retomar la historia de Basterra, lo que hay que hacer es seguir siendo valiente. No caerse, dar testimonio, contraponer un discurso al discurso propio. Y, si uno se cae, levantarse, organizarse, pero no solo organizarse entre los propios, sino hablándole también a otros, al desencantado, al que piensa distinto. Tratar de reinterpretar demandas, porque evidentemente durante este tiempo hay demandas que no fueron del todo bien interpretadas, y no perder nunca la convicción.


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