27.05.2026 / JUDICIALES

Causa Cuadernos: la ex de Centeno dijo que fue “usada de testaferro” y sembró dudas sobre las primeras declaraciones

Hilda Horovitz aseguró que sufrió violencia por parte del chofer Oscar Centeno, negó haber leído los famosos cuadernos y apuntó contra irregularidades en los primeros testimonios tomados en Comodoro Py.



La causa Cuadernos volvió a sumar este martes un capítulo cargado de contradicciones, cuestionamientos y escenas incómodas para la acusación. Hilda Horovitz, expareja de Oscar Centeno, declaró ante el Tribunal Oral Federal 7 y aseguró que el exchofer “la cagó a trompadas”, que la utilizó como “testaferro” y que jamás conoció el contenido de los cuadernos que años más tarde se convertirían en el eje de una de las investigaciones judiciales más resonantes del país.

Durante varias horas de audiencia, Horovitz describió una relación marcada por los maltratos y explicó que en 2017 decidió acercarse a Comodoro Py con la intención de denunciar a Centeno por situaciones personales y económicas. “Fui por mí, por lo que él me hacía”, sostuvo. Según relató, el chofer manejaba bienes y operaciones a través de ella para evitar aparecer formalmente vinculado.

La mujer contó que Centeno “anotaba todo”, incluso cuestiones domésticas o gastos cotidianos, y recordó haber visto cuadernos guardados en un ropero del departamento que compartían. Sin embargo, insistió varias veces en que nunca los leyó ni sabía concretamente qué contenían. “De casualidad vi las libretas, pero jamás me puse a leerlas”, afirmó. Uno de los puntos que más tensión generó en la audiencia tuvo que ver con su primera declaración judicial. Horovitz aseguró ante el tribunal que siempre habló con el fiscal Carlos Stornelli y que prácticamente no tuvo contacto con el entonces juez Claudio Bonadio. Sin embargo, en las actas oficiales de 2017 figura la firma de Bonadio y no la del fiscal, situación que fue aprovechada por varias defensas para remarcar inconsistencias en el origen de la causa.

El abogado Carlos Beraldi, defensor de Cristina Fernández de Kirchner, puso el foco justamente en esas diferencias y planteó interrogantes sobre cómo se tomó aquella declaración considerada clave para el avance posterior del expediente. La propia Horovitz reconoció que hoy no recuerda con precisión si en ese momento habló específicamente de los cuadernos o de supuestos bolsos con dinero. También admitió que eligió acudir a Stornelli porque creía que era quien “la iba a escuchar”. “Sabía que le iba a interesar el tema”, dijo. Incluso relató que llegó a reunir documentación, papeles y recibos vinculados a Centeno porque sospechaba que él utilizaba su nombre para manejar bienes y vehículos.

En otro tramo de la audiencia, Horovitz describió al exchofer como una persona “muy hábil para hablar”, acostumbrada a mentir y manipular situaciones. Señaló además que sufría episodios de violencia, especialmente cuando consumía alcohol. “Lo que me hizo no podía quedar así”, explicó al justificar por qué decidió presentarse en tribunales. La testigo también generó dudas sobre el recorrido que tuvieron los famosos cuadernos antes de llegar a la Justicia. Según reconstruyó el juicio oral, Centeno se los habría entregado a su amigo y ex policía Jorge Bacigalupo, quien más de un año después acercó las anotaciones al periodista Diego Cabot. Luego, las fotocopias terminaron en manos del fiscal Stornelli.

Las defensas vienen cuestionando desde hace meses la cadena de custodia, la forma en que se obtuvieron las pruebas y las irregularidades alrededor de los primeros testimonios. La declaración de Horovitz volvió a alimentar esas sospechas, sobre todo después de que reconociera que en 2017 atravesaba una situación personal crítica y que su objetivo principal era perjudicar a Centeno por los maltratos sufridos.

El juicio oral continúa atravesado por denuncias de presiones y testimonios puestos en discusión. Días atrás, el ex encargado del edificio de Cristina Kirchner en Juncal afirmó ante el tribunal que mintió en su declaración original luego de recibir amenazas contra sus hijas. Ese escenario empieza a exponer con más fuerza las zonas grises de un expediente que durante años fue presentado como una causa cerrada y lineal, pero que en el debate oral muestra fisuras cada vez más difíciles de disimular.