24.05.2026 / Entrevista PA

Agustina Paz Frontera: “La alianza con el peronismo explica parte del antifeminismo”

Agustina Paz Frontera, escritora, periodista y fundadora de LatFem, explica por qué el feminismo argentino “no se pasó tres pueblos” sino que fue convertido en el chivo expiatorio para el ascenso de la derecha radical.





Agustina Paz Frontera es escritora, periodista y activista feminista argentina. Cofundadora de LatFem, el portal de periodismo feminista más influyente de la región, ha sido una de las principales voces que documentó y analizó la política feminista en América Latina en la última década. Su compromiso con el activismo nace de una experiencia personal: la desaparición de su amiga Florencia Pennacchi en 2005, un acontecimiento que la llevó a entender la necesidad de organizarse y exigir transformaciones en las instituciones estatales.

En su libro más reciente, "¿Demasiado feminismo?", La política feminista entre el Estado, el activismo y la batalla cultural de la derecha radical, de Editorial Siglo XXI, se propone desarmar la narrativa que circula tanto en sectores progresistas como libertarios: la idea de que el feminismo “se pasó tres pueblos”.

En esta entrevista con Política Argentina, Frontera explica por qué el feminismo argentino hizo demasiado poco, no demasiado. Analiza cómo el movimiento feminista fue convertido estratégicamente en chivo expiatorio por sectores conservadores del peronismo y cómo esa operación política facilitó el antifeminismo de la ultraderecha.

¿Se “pasó tres pueblos” el feminismo?

Yo creo que no se pasó tres pueblos. Es un lugar un poco común decirlo viniendo de una militante feminista, pero me parece que ni siquiera llegamos a empezar a plantear lo que veníamos a plantear. Sí lo que me parece que aparecía como un exceso, un sobregiro, es una versión del feminismo edulcorada. Una versión que fue muy conveniente en un momento para determinadas alianzas que tejimos.

¿Cómo cuáles?

Alianzas, por ejemplo, con los medios de comunicación o con algunas fuerzas políticas. Y hay una modalidad del feminismo que parece haber acaparado, como en esa operación de la parte por el todo, la totalidad de las narrativas y de la construcción política feminista. Pero en el libro yo lo que intento desarrollar es que, si vos mirás qué se hizo desde la política feminista en los últimos diez o quince años en Argentina, más que demasiado fue demasiado poco. Porque a mí me parece que - por un montón de factores que tienen que ver con el feminismo pero también con la burocracia estatal, el sistema de partidos, el conflicto político en Argentina y en el mundo - esa posibilidad que tuvo el movimiento feminista de hacer una excursión al Estado se vio de alguna manera frustrada. Aunque, si queremos ser justas, también fue demasiado poco tiempo para poder desplegar todo el potencial de transformación social que plantea la praxis feminista y la teoría feminista también.

¿El feminismo se convirtió en el chivo expiatorio de las derrotas progresistas?

Sí. Hubo un momento en que se tomó la decisión de hacerlo, incluso durante el gobierno de Alberto Fernández. Según los testimonios que yo pude recoger en el libro, eso es una operación que se hace conscientemente. Empezaba a correr esta idea de que el feminismo era piantavotos. Pensemos, sin tener que llegar a 2023, en las elecciones de 2021. Ya en ese momento la agenda feminista, con la potencia que había tenido en la campaña de 2019, desaparece, se reduce a “temas de las mujeres”. Creo que lo que sucede ahí es que hay que culpar a alguien y se elige al feminismo y también a ese gran concepto flotante que es el progresismo. Lo que hay que extirpar, lo que podemos sacrificar, es al progresismo. Y es una operación que se da en una trenza entre algunos representantes del peronismo más conservador, que empiezan a tener mayor voz pública, y por supuesto que en consonancia con el antifeminismo de la derecha radical, que tiene su contraparte en Argentina, pero con mucha potencia a nivel global.

"Yo creo que el feminismo no se pasó tres pueblos: ni siquiera llegamos a empezar a plantear lo que veníamos a plantear"
Agustina Paz Frontera



¿Eso qué provocó?

Una de las consecuencias, me parece a mí, de querer sacarse de encima al feminismo, al progresismo, está vinculado con una operación que hace la derecha, que es un antifeminismo que es de alguna manera subsidiario del antiperonismo. Si hay algo por lo cual las feministas nos ganamos varios insultos - no solo por nuestra propia labor que es de por sí transgresora, nuestras propias prácticas que ponen en jaque varias de las estructuras del Estado patriarcal, de la sociedad capitalista, neoliberal - fue por esa alianza que se tejió en un momento entre feminismo, progresismo y peronismo. Una de mis hipótesis, y que yo lo tengo conversado con varias de las personas que entrevisté en el libro, es que si hay un antifeminismo furibundo no es sólo culpa nuestra, sino que tiene que ver con cómo el feminismo se alió con el peronismo. A partir de Ni Una Menos, ese gran movimiento parteaguas en 2015, que fue una asociación además estratégica y consciente de las feministas, de ser un actor antineoliberal y antimacrista, y por lo tanto más vinculado al campo nacional y popular.

¿Qué produjo esa alianza?

Bueno, el rebote que eso tiene es un antifeminismo que es derivado del antiperonismo. El feminismo entra a jugar ahí, en el conflicto nacional, de una manera que nos pudo haber salido bien en muchos casos. Por ejemplo, haber tenido un Ministerio de Mujeres, Géneros y Diversidades, que visto con el diario del lunes no todo estuvo tan mal. Hubo legislación, programas, una disputa por el sentido que fue dada usando el aparato estatal a partir de esa posibilidad, esa ventana de oportunidad que es para las feministas, esa asociación con ese tipo de peronismo.

¿Por qué los militantes de ultraderecha ven un enemigo en el feminismo?

Por varios factores. Uno de ellos es esta asociación que yo acabo de hacer entre el feminismo, el progresismo, el peronismo y la izquierda. Hacen una cadena de equivalencia entre estos conceptos, en los cuales se es feminista, zurda, woke, progre, abortera. Es una cadena en la que casi no distinguen qué están diciendo. Ese antifeminismo de parte de la ultraderecha me parece que tiene que ver con el contexto puntual de Argentina, vinculada al peronismo, pero a nivel global también con una lucha que se está dando en muchos lugares. Porque no todos los referentes de la ultraderecha global son iguales, tienen expresiones locales diferenciadas. No todos son conservadores en términos religiosos, por ejemplo. Habría que ver que diría Milei hace 10 años sobre, por ejemplo, la sexualidad entre personas de un mismo sexo antes de haber pasado por el filtro de la propaganda antifeminista y antidiversidad; antes de que se armara ese combo de pensamiento conservador. Por otro lado, eligen al feminismo como enemigo por las banderas que levantó siempre. Que, por supuesto, es lo más importante de todo, porque efectivamente el feminismo es un movimiento que lleva 200 años. Es un movimiento transversal, global, que tiene una fuerza que demostró su potencia y su permeabilidad en muchos lugares de la sociedad y del mundo. En los últimos diez o quince años, además, con mucha intensidad. Y esas banderas que levanta el feminismo atacan el corazón del modelo libertario, que es la financiarización del mundo, el colonialismo, un Estado que no interviene en la igualación social, en la distribución. Yo creo que hay en este momento una especial tirria con el feminismo.

¿Por qué?

Porque cuando el feminismo se sube a esa ola que todos conocemos, pasa algo que es ese vínculo con el Estado. Creo que ahí hay una clave para entender por qué a los libertarios les molesta tanto el feminismo. Si el feminismo no hubiera hecho ese paso a construir política pública, a ponerse en sintonía con reclamos de derechos y de justicia social, a ocupar el Estado y tratar de usar la política pública, no sería tanta la virulencia. Porque ahí se da una conjunción de fanatismos: el de Millei contra el Estado y el fanatismo de la derecha argentina contra el peronismo. Esa es mi explicación, que es parcial, que la podemos repensar, pero me parece que no se explica únicamente porque son machistas. No es porque sufrió de niño y es una persona dolida y odia a los gays. Él dice explícitamente: "hacé lo que quieras con tu vida".


 

"Las banderas que levanta el feminismo atacan el corazón del modelo libertario"
Agustina Paz Frontera



¿Cuál es el problema ahí con el feminismo?

El problema es cuando reclamamos a la estructura estatal y a la estructura social que asegure que esas vidas sean dignas. Encima, estos reclamos feministas, del movimiento de diversidad sexual tuvieron como táctica la alianza con el peronismo, pero también con la izquierda, con otros movimientos también considerados progresistas: el ambientalismo, el indigenismo y el antirracismo. Entonces hay un combo letal que es importante entenderlo y que yo creo que no tiene que hacernos sentir especialmente atacadas por quienes somos sino por el lugar que ocupamos en un mundo de relaciones de poder. El feminismo también es un actor político. Entonces estamos jugando todos este juego en el cual el próximo movimiento lo tengo yo.

En este contexto, ¿qué hacer?

Me parece importante apagar el celular. Discutir con la persona que tenés al lado, discutir con tu colectivo, tu organización, tu partido, tus compañeros de trabajo, tus compañeras, sea donde sea que tenés tus espacios de sociabilidad qué queremos para el futuro. Parece un ejercicio como de dinámica, de encuentro de militantes. Pero hace falta preguntarnos si podemos todavía soñar algo distinto a lo que hemos vivido. Y fundamental, superar la fase de la nostalgia. De la nostalgia de aquellos tiempos en los que en algún momento todo fluía. Yo tengo más de 40 años y no recuerdo un momento donde todo haya sido hermoso. Por supuesto hay momentos destacados, de mayor justicia, mayor inclusión. Me parece que de esa discusión va a salir algo. Pero hay que empezar a darla . Y, si bien yo creo que hay personas que tienen que estar haciendo la reacción a los ataques y a las miserias que plantea este gobierno, creo que tienen que estar en algún momento pensándose lo que viene. Y me parece que lo que viene tiene que ser con todes adentro, aunque suena repetida la frase, con las feministas adentro también, con la capacidad teórica y política de las feministas, pensando en un nuevo Estado, por ejemplo. No pensar la deserción de esas prácticas, no pensar la deserción de la política. Hay mucho cinismo con la política, con la militancia política, y yo creo que más que escaparse de eso hay que reelaborarlo nuevamente. Hay que tratar de reconstruir otro vínculo con el Estado, un Estado que quizás no va a tener los mismos principios que el que teníamos hace 15 años, basado fundamentalmente en la redistribución, sino que hay que pensar de nuevo el país. Y es interesante pensar de nuevo el país. Me parece como un momento liminal, un momento de refundación. Y yo entiendo que eso pueda generar fiaca en mucha gente, mucha gente quemada por la política. O sea, el daño en la salud mental de muchísima gente que se dedica a la política es muy fuerte; especialmente quienes están en el territorio. Yo conozco muchas trabajadoras comunitarias que están quemadas. Lo importante, me parece, es tomar como propio y como factible pensar un programa nuevo pensar un modelo nuevo. Si te interesa el país, si te interesa la política, tenés que hacer el esfuerzo de hacer eso. Y tratar de sortear el desánimo, el asco, la resignación y la rencilla con el de al lado.

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