Según detalló InfoCielo, la decisión coincidió con el desembarco del empresario Marcelo Mindlin al frente de la compañía, tras quedarse con el control de InterCement. En un contexto de retracción económica, el nuevo dueño eligió frenar producción y reducir riesgos antes que sostener niveles de actividad en una de las principales fábricas del país.
Desde la empresa intentaron relativizar la situación y hablaron de una “parada programada” vinculada al aumento del costo del gas durante el invierno y a la acumulación de clínker. Sin embargo, puertas adentro del sector reconocen que el volumen de stock es consecuencia directa de la caída abrupta de la construcción, especialmente por la virtual desaparición de la obra pública desde la llegada del gobierno de Javier Milei.
La preocupación creció en el gremio minero AOMA, donde advirtieron que la situación actual excede cualquier parada habitual de mantenimiento. “Lo que no es normal es que un horno esté parado seis meses y el otro también parado. Eso te está marcando alguna línea”, sostuvo el secretario general local, Alejandro Santillán. El sindicalista alertó además que hay más de 750 mil toneladas de clínker acumuladas fuera de los silos.
“Si el horno está parado, todos los equipos para atrás van a estar parados”, advirtió Santillán sobre el impacto que podría extenderse a toda la cadena productiva minera de Olavarría, desde canteras hasta transporte y servicios asociados. Mientras el Gobierno insiste en hablar de recuperación económica y promoción minera, en el principal polo cementero bonaerense ya aparecen fábricas frenadas, producción sobrante y trabajadores que empiezan a temer por su futuro laboral.