02.04.2026 / Tensión en el trumpismo

Sin Trump y con internas por Irán: la CPAC mostró un trumpismo dividido

La principal cumbre conservadora de Estados Unidos dejó al descubierto tensiones profundas dentro del movimiento de Donald Trump. La posible invasión a Irán divide a sus dirigentes y a su base, y expone los límites de una coalición que hizo de la promesa de “terminar las guerras” uno de sus pilares. Sin liderazgo claro y con un contexto adverso, la CPAC evidenció más dudas que certezas.



La Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC), el principal encuentro anual del trumpismo, dejó este año una postal inusual: en lugar de reafirmar la cohesión del movimiento, exhibió sus fisuras. La ausencia de Donald Trump - por primera vez en una década - y el debate abierto sobre una posible invasión a Irán marcaron una cumbre atravesada por la incertidumbre.

Lejos del clima triunfalista que suele caracterizarla, la reunión en Texas se convirtió en un escenario de discusión interna. Dirigentes, ex funcionarios y referentes del universo MAGA debatieron públicamente sobre el rumbo del gobierno en política exterior, en particular sobre la escalada militar en Medio Oriente, una agenda que tensiona uno de los compromisos centrales de la campaña trumpista: evitar nuevas guerras.

La división fue explícita. Por un lado, figuras como Erik Prince, ex CEO de la empresa militar privada Blackwater, advirtieron sobre los riesgos de una incursión terrestre en Irán y anticiparon un escenario de alto costo humano y militar. Del otro, ex militares y sectores más duros sostuvieron que Estados Unidos no puede retroceder una vez iniciado el conflicto.

Esa grieta también se expresó en el plano político. Referentes republicanos cercanos a Trump, como el ex congresista Matt Gaetz, alertaron que una invasión podría debilitar al país económica y estratégicamente, mientras que otros, como el ex diplomático Ric Grenell, defendieron la decisión presidencial y proyectaron una rápida resolución favorable.

Sin la presencia de Trump para ordenar el debate, la CPAC quedó atravesada por discursos contradictorios y sin una síntesis clara. El intento de cerrar filas llegó de la mano de Steve Bannon, quien llamó a la unidad del movimiento más allá de las diferencias, pero su intervención no logró disipar las tensiones de fondo.

El conflicto con Irán no solo divide a la dirigencia, sino también a la base social del trumpismo. Mientras sectores más tradicionales o ideologizados respaldan la ofensiva - algunos incluso con argumentos religiosos o geopolíticos vinculados al control del petróleo-, entre los votantes más jóvenes crecen las dudas. El temor a un conflicto prolongado, el impacto económico y la posibilidad de un eventual reclutamiento militar aparecen como factores de preocupación.

Este clima interno se combina con un escenario externo desfavorable. La guerra ya impacta en la economía estadounidense, con subas en el precio del combustible y caídas en los mercados, mientras que las encuestas muestran un descenso en la aprobación presidencial. A meses de las elecciones de medio término, el Partido Republicano enfrenta el riesgo de pagar el costo político de una agenda que tensiona su propia identidad reciente.

En ese contexto, la CPAC dejó de ser una plataforma de consolidación para convertirse en un termómetro de las contradicciones del trumpismo. La coalición que supo articular nacionalismo económico, rechazo a las intervenciones militares y liderazgo personalista hoy aparece desordenada frente a una decisión que redefine su rumbo.

Más que una demostración de fuerza, la cumbre conservadora terminó mostrando los límites de un movimiento que, ante la guerra, ya no logra hablar con una sola voz.