
En la mayoría de los países democráticos del mundo, los presidentes suelen permitir que periodistas les hagan alguna pregunta cuando se encuentran en un acto público, con el fin de obtener algunas declaraciones. Menos en la Argentina.
Es Karina Milei, a la sazón secretaria general de Presidencia, quien oficia de “mediadora” para nada de eso ocurra y que a Javier solo se lo entrevisten o eventualmente se le acerquen periodistas que más se parecen a voceros oficiosos; es decir, que más que preguntas le tiran centros. Y también puede actuar cual patovica, sin pudor de ninguna naturaleza, como se pudo observar en Santiago de Chile, adonde el Presidente concurrió esta semana para presenciar la asunción de José Antonio Kast y tuvo a Karina entre sus férreos custodios.
Pero no es ni será la ultima vez: la funcionaria no duda si se trata de abroquelarse físicamente a su hermano: el último incidente que alcanzó repercusión internacional, por cierto, hizo recordar al sucedido en ocasión de la apertura de sesiones ordinarias del Congreso, donde Karina quiso interponerse entre el Presidente y Victoria Villarruel y fue ella quien lo sufrió, cuando la vicepresidenta la desplazó sutilmente.
Pero en Chile no hubo sutilezas. Específicamente, la violenta actitud de la hermana presidencial se produjo en el Congreso del país trasandino, donde usó toda su humanidad para evitar abruptamente que un cronista de la Televisión Nacional de Chile (TVN) acercara el micrófono al mandatario argentino que ingresaba al lugar, con el fin de obtener alguna declaración.
La mayoría de las cadenas de televisión locales y las redes sociales se hicieron eco de la inesperada acción de una funcionaria argentina no habituada a enfrentar a los medios de una manera adulta y democrática, sino solo a actuar en los subterfugios más ocultos y oscuros del poder político.