El grupo de rugbiers imputados por el asesinato de Fernándo Báez Sosa ingresaron a la sala a las 10:34. Tras sentarse, rodeados por la custodia de rigor del SPB, los ocho que atacaron al jóven hasta matarlo se quitaron los barbijos, tal como lo habían hecho la semana pasada: Máximo Thomsen fue el primero en hacerlo. El barbijo no es obligatorio dentro de la sala de audiencias. Fue requerido por el Tribunal N°1 presidido por la jueza Claudia Castro en la primera audiencia. En cambio, si es parte del protocolo de traslado del SPB.
La
médica generalista y emergentóloga Carolina Giribaldi Larrosa del Hospital municipal de Villa Gesell. Al sentarse ante el tribunal, contó que la madrugada del 18 recibió un llamado al 107 a las 5. que avisó sobre “un masculino inconsciente en la vía pública”. “Fuimos en ambulancia y encontré a este joven sin signos vitales. Estaba siendo asistido por personal. No identifiqué si era de los bomberos. Le estaban haciendo RCP. Le habían colocado un DEA. Se trata de un desfibrilador automático muy sencillo de utilizar”, afirmó. La ambulancia, según ella, tardó entre siete y nueve minutos en llegar.
Consultada acerca de cómo se constató que Fernando no tenía signos vitales, la mujer respondió: “
No tenía movimiento respiratorio y no tenía pulso”. En el viaje al hospital, contó, se le continuó practicando RCP y con oxígeno porque no tenía signos vitales. Así, el fiscal Dávila le preguntó por los protocolos aplicados en estos casos. La testigo afirmó que se debe practicar RCP por 40 minutos.
“Yo le hago la constatación de los signos vitales entre las 5.07 o 5.09. En ese momento el desfibrilador externo automático (DEA) informó: ‘Paciente en asistolia. Continúe el masaje cardíaco’. Cada vez que me detenía para ver el monitor, es decir, si había alguna respuesta del corazón, el aparato volvía a decir lo mismo. Cuando el paciente está en asistolia, el DEA no dispara. Recién lo hace cuando se recupera el ritmo. Si eso hubiera pasado el DEA lo hubiera censado e indicado que me alejara para volver a un ritmo normal”, explicó la testigo. También, refirió que el DEA que usó era de los bomberos. “Lamentablemente no hubo ninguna respuesta. Cuando llegué al hospital hice el pase del paciente a otra doctora, Silvia Romero, que lo estaba esperando en shockroom”, siguió.
El fiscal le preguntó por la lesión en el cráneo de Fernando, descrita por el forense Duarte en la autopsia. La testigo dijo que cuando hay una hemorragia cerebral masiva no hay posibilidad de sobrevivir.
“El tronco encefálico es fundamental. El paro cardíaco irreversible: se puede estimular el corazón manualmente, pero no tiene estímulo propio. Lo mismo pasa con el sistema respiratorio. Es imposible que alguien sobreviva si tiene una lesión en un centro respiratorio o cardíaco”, siguió. No se pudo volver a aplicar el desfibrilador, afirmó. “Básicamente, nunca se pudo aplicar porque el aparato sirve cuando el corazón vuelve a funcionar”, precisó.