Los data centers, una de las principales infraestructuras detrás del boom mundial de la inteligencia artificial, tuvieron una dura derrota en las elecciones de medio término de Estados Unidos. En decenas de ciudades y condados,
los votantes aprobaron prohibiciones, moratorias y nuevas restricciones para limitar la construcción de estos enormes complejos tecnológicos.
Según el relevamiento
de Ballotpedia, durante 2026 fueron sometidas a votación al menos 50 medidas relacionadas con centros de datos en 13 estados. Hasta el 4 de noviembre se habían definido 47 y en 46 casos el resultado favoreció mayores límites al sector, ya sea mediante la aprobación de restricciones o mediante el rechazo de iniciativas destinadas a facilitar nuevas instalaciones.
El resultado convirtió un conflicto que hasta hace poco se concentraba en comunidades específicas en un problema político de alcance nacional.
Una derrota casi generalizada para los data centers
Los resultados se repitieron en distintos puntos del país.
En Alhambra, California, el 82% apoyó prohibir los centros de datos dentro de la ciudad. En Edgewater, Florida, el 77% votó por impedir nuevas instalaciones. En Bloomington, Illinois, el 78% respaldó una moratoria para los grandes proyectos.
También hubo prohibiciones en Kansas. En Emporia, el 60% respaldó impedir los llamados data centers de alto impacto, mientras que en Ottawa el 72% votó contra las instalaciones que demanden más de 25 megavatios de electricidad.
Ohio se convirtió en uno de los principales epicentros de la resistencia. El estado concentró 21 de las 50 medidas electorales vinculadas a centros de datos registradas por Ballotpedia durante 2026. En Granville, por ejemplo, el 82% votó por prohibirlos, mientras que otras localidades establecieron límites de consumo eléctrico, requisitos de aprobación ciudadana o directamente prohibiciones para los proyectos de mayor escala.
La excepción fue Harwood, una pequeña localidad de Dakota del Norte, donde los votantes rechazaron una iniciativa que hubiera establecido controles adicionales sobre grandes desarrollos industriales, incluidos los centros de datos.
Por qué crece el rechazo
La expansión de la inteligencia artificial disparó la demanda de infraestructura informática. Los grandes modelos necesitan enormes cantidades de capacidad de procesamiento, alojada en instalaciones que concentran miles de servidores y requieren sistemas permanentes de refrigeración y suministro eléctrico.
Ese crecimiento comenzó a generar conflictos por su impacto territorial. Las principales preocupaciones de los opositores son el consumo de electricidad y agua, el ruido, la utilización de grandes extensiones de tierra y los incentivos fiscales concedidos por gobiernos locales para atraer las inversiones.
Pero la electricidad aparece cada vez más en el centro de la discusión. Los precios residenciales de la energía en Estados Unidos aumentaron más de 10% desde 2024, según datos de la Administración de Información Energética citados por Reuters. En estados como Ohio, Michigan y Pensilvania, que además concentran numerosos proyectos de data centers, las subas fueron todavía mayores.
El problema es que los centros de datos de gran escala pueden demandar cantidades de electricidad comparables a las de ciudades enteras, obligando a ampliar redes eléctricas y capacidad de generación. La discusión política pasó entonces a ser quién debe afrontar los costos de esa infraestructura: las empresas tecnológicas o el conjunto de los usuarios.
Una resistencia que atraviesa a demócratas y republicanos
La oposición tampoco quedó confinada a una sola fuerza política. Antes de las elecciones, iniciativas restrictivas habían surgido tanto en territorios demócratas como republicanos.
Esa transversalidad quedó expuesta en Ohio, donde organizaciones locales reunieron a votantes de ambos partidos para impulsar referendos. En Florida, el gobernador republicano Ron DeSantis ya había avanzado durante 2026 con regulaciones para las instalaciones de gran escala.
Al mismo tiempo, candidatos demócratas incorporaron el tema a sus campañas. Gina Hinojosa ganó la gobernación de Texas después de defender mayores controles y la posibilidad de bloquear proyectos que no representaran un beneficio para las comunidades locales. Amy Acton, electa gobernadora de Ohio, también propuso endurecer las condiciones para las nuevas instalaciones.
Texas es particularmente sensible para la industria tecnológica: se espera que se convierta en uno de los mayores mercados mundiales de data centers durante los próximos años. Una política más restrictiva allí podría afectar miles de millones de dólares en inversiones proyectadas.
El desafío para el boom de la inteligencia artificial
Los resultados no significan que Estados Unidos vaya a frenar la construcción de centros de datos. La capacidad actualmente en desarrollo creció 48% entre diciembre de 2025 y junio de 2026, de acuerdo con datos de Cushman & Wakefield citados por Reuters, y las grandes empresas tecnológicas continúan destinando miles de millones de dólares a infraestructura para inteligencia artificial.
Pero las elecciones mostraron que el despliegue ya no depende solamente de conseguir terrenos, energía y capital. Las empresas deberán enfrentar también un creciente obstáculo político.
El fenómeno podría incluso comenzar a modificar las estrategias de localización de los gigantes tecnológicos: allí donde una comunidad imponga prohibiciones o mayores exigencias, los desarrolladores pueden trasladar sus proyectos hacia otros estados o municipios.
La elección de 2026 dejó así una señal que excede a los referendos locales. Mientras Silicon Valley acelera la carrera por construir la infraestructura necesaria para la inteligencia artificial, una parte creciente de los estadounidenses comenzó a preguntarse quién paga - en electricidad, agua, territorio e impuestos - el costo físico de esa revolución tecnológica.