
El Índice Anual de Miseria de Hanke, elaborado por el economista Steve Hanke, profesor de la Universidad Johns Hopkins, ubica a la Argentina en el quinto lugar con 88,35 puntos. Solo la superan Venezuela (556,5), Sudán (225,4), Turquía (101) e Irán (95,9). En los cinco casos salvo Turquía, el factor que más pesa es la inflación; en Turquía, el costo del crédito.
Detrás de la Argentina aparecen Esuatini (80), Sudáfrica (79), Malawi (75,2), Madagascar (73,9) y Líbano (72,4). En el puesto 11 figura Haití (72,36), seguido por Angola (72,33) en el 12. Venezuela pasó del sexto puesto de 2024 al primero en 2025.
La medición combina inflación, desempleo, tasas de interés de los préstamos y crecimiento del PIB real per cápita. Según la economista Clara Inés Pardo, profesora de la Universidad del Rosario, no mide exclusivamente pobreza.
Qué dicen los datos locales
Según el Indec, la inflación de septiembre fue de 1,9% mensual, con una acumulada de 23,6% en el año y una interanual de 33,4%, apenas 0,1 punto por debajo del registro previo. La pobreza llegó al 32,3% en el primer semestre de 2026, su nivel más alto desde la segunda mitad de 2024.
En el resto de la región, Brasil figura en el puesto 19 (59,6), Bolivia en el 28 (44,0) y Colombia en el 46 (35,6). Chile (24,0) y Uruguay (26,5) quedan más abajo en la tabla.
Las razones estructurales, según una académica
Pardo señala que los países más rezagados del índice comparten cinco factores: baja productividad y diversificación, debilidad institucional, alta informalidad laboral, vulnerabilidad fiscal y monetaria, y poca inversión en capital humano, tecnología e infraestructura. Para la economista, el problema no se resuelve solo controlando los precios: “La estabilidad monetaria es indispensable, pero no suficiente”.
Agregó que América Latina necesita transformar su estructura productiva, fortalecer sus instituciones y generar crecimiento sostenible y empleo de calidad.