Miles de personas volvieron a salir a las calles este sábado 24 de octubre en distintas ciudades europeas en una jornada de protestas marcada por el aumento del costo de vida y por reclamos vinculados con salarios, vivienda, educación y servicios públicos.
Francia e Italia son dos de los principales escenarios de las movilizaciones, aunque las protestas de las últimas semanas se extendieron también por España, Portugal, Bélgica, Grecia, Alemania, Albania y Serbia, entre otros países.
Lejos de tratarse de un único movimiento organizado a escala continental, las manifestaciones tienen causas y actores diferentes en cada país. Sin embargo, varios reclamos se repiten: el encarecimiento de la vida cotidiana, las dificultades para acceder a una vivienda, la precariedad laboral y el deterioro o encarecimiento de servicios como la educación. Los jóvenes y estudiantes aparecen, además, como protagonistas de buena parte de las convocatorias.
Un otoño de protestas en Europa
La movilización de este sábado forma parte de un ciclo que comenzó a tomar fuerza a mediados de septiembre. Entre el 15 de septiembre y el 23 de octubre se registraron al menos 177 protestas en 12 países europeos, según
un relevamiento de EL PAÍS realizado a partir de agencias, medios y fuentes oficiales. Francia, España, Italia, Portugal y Bélgica concentran la mayor parte de las movilizaciones.
La magnitud del fenómeno tiene pocos antecedentes recientes. El número de protestas registradas durante este período se aproxima al promedio mensual observado en los otoños más conflictivos de la crisis del euro, entre 2010 y 2012. A diferencia de aquel momento, sin embargo, no existe ahora un programa común ni una organización continental detrás de las movilizaciones.
El denominador económico resulta particularmente relevante. Aunque la inflación europea retrocedió respecto de los máximos alcanzados en 2022, los precios acumulan desde entonces un aumento del 23,6% en la Unión Europea, según datos de Eurostat. La desaceleración de la inflación, por lo tanto, no implicó que los precios regresaran a sus niveles anteriores.
Francia, epicentro del descontento
Francia se convirtió en uno de los principales focos de las protestas. El movimiento comenzó a mediados de septiembre con bloqueos estudiantiles y reclamos por las condiciones de las escuelas: falta de docentes, cursos superpoblados y problemas de infraestructura. Al inicio del ciclo lectivo faltaba al menos un profesor en el 53% de los establecimientos, según el sindicato SNES-FSU.
Con el correr de las semanas, las demandas educativas se ampliaron y se incorporaron docentes, sindicatos, familias y otros sectores sociales.
El costo de vida pasó entonces a ocupar un lugar central dentro de las movilizaciones, en un contexto atravesado además por las discusiones sobre los recortes presupuestarios que busca aplicar el Gobierno francés para reducir el déficit y el endeudamiento.
Para este sábado volvieron a convocarse manifestaciones en distintas ciudades francesas. El Gobierno respondió con un amplio dispositivo de seguridad y restricciones en algunos puntos del país, mientras los sindicatos ya preparan una nueva jornada de movilización para el 5 de noviembre.
Italia: precios, empleo y combustible
Italia también atraviesa semanas de creciente conflictividad social. Para este sábado fueron convocadas más de 30 iniciativas entre marchas, concentraciones, asambleas y huelgas en ciudades como Milán, Bolonia, Génova, Turín, Roma y Florencia. El costo de vida figura entre los principales motivos de las protestas.
A los reclamos juveniles se sumaron conflictos de otros sectores. Pescadores mantuvieron embarcaciones en puerto y transportistas realizaron bloqueos en el sur del país contra el precio del combustible.
El malestar tiene también un fuerte componente generacional. Jóvenes con dificultades para acceder a empleos estables y sectores atravesados por la precariedad laboral participan de un escenario en el que se combinan salarios, precios y expectativas sobre el futuro.
La vivienda, en el centro de las protestas en España y Portugal
En España y Portugal, en cambio, uno de los principales motores de las movilizaciones es la crisis habitacional. España vivió durante las últimas semanas acampadas y marchas por el acceso a la vivienda. El 3 de octubre hubo movilizaciones en alrededor de 50 ciudades, mientras que los principales sindicatos convocaron una huelga general para el 11 de noviembre.
A ese escenario se agregó el conflicto educativo. Los docentes de la educación pública madrileña mantienen una huelga desde el 14 de octubre en reclamo de mejoras salariales, laborales y de infraestructura.
Portugal atraviesa un conflicto similar. Lisboa y Oporto fueron escenario de acampadas contra una reforma que facilitaría los desalojos, mientras el acceso a la vivienda y el precio de los alquileres se instalaron en el centro de la discusión política.
Distintos reclamos, un malestar que atraviesa Europa
El mapa se completa con protestas de características diferentes. En Bélgica, estudiantes cuestionaron aumentos de tasas y recortes presupuestarios; en Alemania hubo movilizaciones sindicales contra ajustes en pensiones y sanidad, además de manifestaciones contra el servicio militar y el rearme; en Grecia hubo protestas docentes; y en Albania y Serbia adquirieron mayor peso los reclamos contra los gobiernos y las denuncias de corrupción.
Por eso,
las movilizaciones no pueden reducirse a un único "estallido europeo". No existe una conducción común y los detonantes nacionales son diferentes. Pero la simultaneidad de las protestas muestra problemas compartidos: precios que quedaron muy por encima de los niveles previos a la crisis inflacionaria, dificultades de acceso a la vivienda, reclamos por los servicios públicos y una fuerte participación de generaciones jóvenes que enfrentan condiciones laborales y habitacionales más precarias.
El calendario muestra, además, que la conflictividad está lejos de terminar. Para noviembre ya están anunciadas nuevas jornadas sindicales y estudiantiles en Francia, España, Alemania, Italia y Portugal. El actual otoño europeo, por lo tanto, aparece atravesado por una sucesión de movilizaciones nacionales distintas, pero conectadas por un malestar social que vuelve a colocar el costo de vida en el centro de la agenda.