25.10.2026 / Entrevista PA

Santiago Fraschina: "La clase obrera pierde por goleada en estos modelos"

El director de la carrera de Economía de la Universidad Nacional de Avellaneda analizó las continuidades entre el modelo económico de Milei y las experiencias de Martínez de Hoz, Menem y Macri.





Santiago Fraschina es economista, director de la carrera de Economía y de la Especialización en Estructura Económica Argentina de la Universidad Nacional de Avellaneda (UNDAV). Acaba de publicar Neoliberalismo financiero. Modelo para des-armar, una obra colectiva elaborada por docentes de esa universidad que analiza las características, los objetivos políticos y las consecuencias económicas de las distintas experiencias neoliberales en la Argentina.

Desde esa perspectiva, Fraschina sostiene que el gobierno de Javier Milei representa la cuarta etapa de un modelo que comenzó con la dictadura cívico-militar de 1976, continuó durante la convertibilidad de los años noventa y tuvo una tercera expresión durante la presidencia de Mauricio Macri.

En diálogo con Política Argentina, Fraschina analizó los puntos en común de esas experiencias, desde la desindustrialización y el deterioro de los salarios hasta la valorización financiera, la fuga de capitales y el endeudamiento externo. También abordó la disputa entre los tres modelos económicos que, según su interpretación, atravesaron la historia argentina: el neoliberalismo financiero, el desarrollismo y el justicialismo. Frente a la crisis del modelo de Milei, planteó la necesidad de construir una alternativa que combine industrialización, redistribución del ingreso y desarrollo tecnológico, con la educación pública y la formación de nuevas generaciones como elementos centrales.

¿Cuáles son las características principales de lo que llaman en el libro "neoliberalismo financiero"?

Con el gobierno de Javier Milei estamos transitando la cuarta etapa del neoliberalismo financiero. Este año se están cumpliendo cincuenta años de la primera vez que hubo un modelo neoliberal financiero, que fue justamente con la dictadura cívico-militar y el ministro de Economía, José Alfredo Martínez de Hoz. Hay un buen libro de Julián Zícari que se llama justamente Martínez de Hoz, donde se explica la construcción y constitución de ese primer neoliberalismo financiero. La segunda etapa fue en la década del ´90 con la convertibilidad, el tercer neoliberalismo financiero fue con Mauricio Macri y ahora estamos frente al cuarto intento de ese modelo neoliberal financiero.

¿Qué comparten esas cuatro etapas?

La filosofía de esos modelos es la misma: primero, desindustrializar la economía nacional. Obviamente, desde mi perspectiva, hay una intención política no solo económica. Ellos siempre, cuando ganan o cuando están haciendo campaña, dicen que quieren llevar a la Argentina y a nuestra economía a ser Suecia, Irlanda. Y cuando están gobernando dicen lo que verdaderamente quieren ser: Macri era Paraguay, Milei era Perú. Quieren “peruanizar” nuestra sociedad, que es justamente una sociedad sin clase media, una élite de un poder económico con mucha plata y el resto por debajo de la línea de la pobreza, con las empresas transnacionales y nacionales llevándose los recursos naturales del Perú. Para peruanizar la sociedad argentina - y esto tiene que ver en términos políticos - tienen que desperonizar la sociedad argentina. Eso lo tienen claro desde el ´55, ya con Aramburu, que tenía esa intención política. Pero Martínez de Hoz me parece que tenía un diagnóstico mucho más claro: para desperonizar la sociedad argentina había que romper con el modelo económico peronista, había que pegarle a la columna vertebral de lo que es el peronismo, que es la clase obrera, y para eso había que desindustrializar la economía nacional. Por eso comienza ese modelo neoliberal financiero que tiene entre sus rasgos destruir la industria nacional, llevar a lo que es un industricidio. La propaganda de Martínez de Hoz de la silla era clarísima, lo que piensa Milei también y lo que pasó en la década del ´90 y con Macri es lo mismo.



¿De qué manera se produce esa desindustrialización?

Llevan a la industria a la tormenta perfecta: le subo los costos vía aumento de la tarifa de los servicios públicos, le hago caer la demanda para que no venda porque cae el mercado interno ya que caen los salarios. Pero también es muy difícil que la industria exporte en este contexto. Después hago una apertura comercial indiscriminada llevando a la industria nacional no porque sea ineficiente e inútil, que obviamente hay problemas de ineficiencia, pero quiebra porque traes un industrial alemán y en este contexto también va a quebrar. Al quebrar la industria nacional, sobre todo la pequeña y mediana empresa, empieza a crecer la desocupación y ahí llevan a la clase obrera a la defensiva a discutir empleo y no salario. Eso obviamente hace aumentar la pobreza, la indigencia y la concentración del ingreso. Pero esos modelos neoliberales financieros, que llevan a un industricidio y a la clase obrera a la defensiva, necesitan generar un modelo alternativo de negocio para los grupos económicos y para los fondos de inversión, y por eso se llama modelo neoliberal financiero: porque ese negocio alternativo es el negocio financiero. Hacen que las tasas de interés de los distintos instrumentos financieros - que obviamente van cambiando según la época - le ganen a la inflación y le ganen a la devaluación. Entonces, el que invierte financieramente gana en términos reales, pero más importante para ellos, gana en términos de dólar. Ese negocio financiero después en algún momento lo quieren materializar.

¿En qué sentido materializar?

Materializar significa transformar toda esa ganancia financiera en pesos a dólares, y eso es lo que se llama fuga de capitales; empiezan a fugarla. Para sostener esa fuga de capitales, estos modelos neoliberales necesitan el endeudamiento externo, porque necesitan conseguir esos dólares que no se consiguen vía superávit comercial, sino vía endeudamiento externo: con los bonistas privados, con el Fondo Monetario Internacional. Hacen crecer la deuda externa para financiar la fuga de capitales. Fíjate que en el gobierno de Macri, los dos primeros años la fuga de capitales se financió con endeudamiento con los bancos privados y los fondos de inversión. Cuando en abril del 2018 los bancos privados dijeron que ya no había más dólares, hubo una devaluación de la moneda, pero después tuvieron que recurrir al Fondo Monetario Internacional para financiar la fuga de capitales. De los 45.000 millones de dólares que bajó el FMI al gobierno de Macri, se fugaron 46.000 millones de dólares en ese mismo período. Con lo cual es todo endeudamiento para financiar fuga de capitales. Entonces, son modelos que destruyen el aparato productivo, generan desocupación, concentración del ingreso y caída del salario real, y al mismo tiempo un negocio financiero que se traduce en fuga de capitales y endeudamiento externo. Con lo cual, estos modelos neoliberales financieros terminan generando la famosa crisis de deuda, porque terminan generando una bola de deuda que no se puede pagar. La primera crisis de deuda fue en el ´89, cuando Alfonsín recibió todo el endeudamiento de la dictadura y no supo resolver esa crisis de deuda, terminando con la crisis hiperinflacionaria de ese año. La segunda crisis de deuda fue la del 2001, con todo el endeudamiento de la convertibilidad. Fíjate que las dos crisis de los modelos neoliberales financieros terminaron con las dos peores crisis de nuestra historia en términos de caída del PBI y crecimiento del desempleo.

¿Y hoy?

Hoy estamos transitando la tercera crisis de deuda, que se inició con el tercer intento del modelo neoliberal financiero de Macri y se está consolidando con este cuarto intento. Hay que ver cómo termina esa crisis de deuda, con una característica que las otras crisis de deuda no tuvieron: la mayor parte del endeudamiento ahora no es con bonistas privados, sino con el FMI. Eso le pone un condimento específico, porque el Fondo es un acreedor privilegiado: vos podés defaultear a los bonistas privados pero al Fondo le seguís pagando. Con lo cual es un problema mucho más grave tener un mayor endeudamiento con el FMI. Estamos transitando esta crisis de deuda que hay que ver cómo se resuelve. Por eso, en ese libro lo explicamos en perspectiva histórica, tanto sus resultados y consecuencias económicas como sus objetivos políticos. Son modelos que terminan generando una burbuja financiera y, como el nombre lo dice, son burbujas que tarde o temprano terminan explotando en crisis de deuda, y eso termina generando mayor desempleo, pobreza, indigencia y concentración del ingreso, como lo vimos por ejemplo en el 2001.

¿Qué continuidades y rupturas tiene con modelos económicos anteriores?

Este libro forma parte de la continuidad de otro libro que llamamos Los tres modelos económicos en disputa, donde justamente tratamos de diferenciar los modelos en términos de modelos económicos. Está ese neoliberalismo financiero del que hablábamos recién, y nosotros tenemos la tesis y el diagnóstico de que hay dos modelos económicos enfrentando o en pugna con el neoliberalismo financiero, no uno solo.

¿Cuáles son?

Uno es el que denominamos “desarrollismo”. No es un nombre que le pusimos nosotros, sino que es el nombre que le puso Frigerio en la época de Frondizi, que fue el inventor de este llamado desarrollismo. No es la primera vez que se aplicó en la Argentina en la época de Frondizi, sí fue donde se le puso el nombre. Pero más allá del nombre - porque obviamente desarrollismo es un nombre marketero, entonces uno dice que está en contra del desarrollo, y no es eso -, la perspectiva del desarrollismo es creer que la Argentina tiene que ser un país industrial y en eso uno puede compartir. El problema cuando empieza la discusión sobre el proceso de industrialización es quién va a financiar la industrialización. Esto no sucede solamente en la Argentina, sino que en todos los países del mundo que quieren industrializarse se debate quién lo va a financiar.

¿Qué dice el desarrollismo sobre eso?

El desarrollismo tiene la tesis de que los procesos de industrialización - no lo dicen así, pero más o menos - los tiene que financiar la clase obrera con salarios bajos. Para el desarrollismo, el aumento de los salarios no es prudente para un proceso de industrialización. Cuando te dicen “crecer para distribuir”, por ejemplo, no solo los neoliberales financieros piensan eso, sino también los desarrollistas. Es pensar que, una vez que el proceso de industrialización está consolidado, recién ahí podemos empezar a discutir la matriz distributiva. Obviamente la pregunta es cuándo se consolida un proceso de industrialización, porque a Estados Unidos, para transformarse en potencia industrial, le tardó un siglo, es decir cien años. Entonces uno dice: ¿cuándo para el desarrollista estamos para discutir la matriz distributiva?

¿Cuál es la respuesta?

La verdad es que ahí no hay respuesta. La perspectiva nuestra es que ese desarrollismo termina siendo la válvula de ajuste de los modelos neoliberales financieros. Empiezan a decir “el aparato productivo argentino está tan destruido que no podemos discutir la matriz distributiva”. Es decir, todo el tiempo se discute la matriz distributiva, porque los grupos de poder sí la discuten, incluso en épocas de crisis. Termina siendo la válvula de ajuste porque el poder económico sabe que estos modelos neoliberales financieros tarde o temprano terminan explotando, saben que es insostenible. Entonces, cuando se vuelven insostenibles, quieren que lo que suplante a un modelo neoliberal financiero sea el desarrollismo: una industrialización, pero sin discutir la matriz distributiva. El poder económico quiere que la alternancia sea neoliberalismo financiero-desarrollismo, neoliberalismo financiero-desarrollismo. Ellos siempre ganan porque la matriz distributiva nunca se discute, pero los que terminan perdiendo siempre son la clase trabajadora: o con salario bajo y desempleo, o con salario bajo y empleo, como es el desarrollismo. Fíjate que la primera vez que hubo desarrollismo fue en la década del ´30 en la Argentina con los conservadores, inclusive antes de Perón. Por eso muchos dicen: “el peronismo es industrialización”. No necesariamente la industrialización es peronismo, porque hubo industrialización antes de Perón. Cuando se cae el modelo agroexportador - que fue el primer modelo económico que tuvo la Argentina, que era exportar grano a los países centrales, sobre todo a Inglaterra, para importar los bienes manufacturados-, eso se cae con la crisis del ´29. Porque con la Gran Depresión los países desarrollados se volvieron todos proteccionistas. Inglaterra creó el Commonwealth, la idea de solo exportar a sus seis colonias, y dejó afuera a la Argentina. En ese marco se desploma el modelo agroexportador porque no podíamos exportar grano y, por lo tanto, no teníamos divisas para importar los bienes manufacturados. En términos políticos se produce el golpe de Estado a Yrigoyen y el ascenso de vuelta de los conservadores al poder; viene la Década Infame con el fraude electoral. Pero en términos económicos, los conservadores son los primeros en construir un modelo intervencionista, que fue el Plan Pinedo-Prebisch de 1933. Raúl Prebisch, fundador del estructuralismo latinoamericano, fue asesor de Pinedo, que era el ministro de Hacienda, y crearon el primer plan intervencionista. En términos económicos industrializaron la economía argentina: ahí empezó la industrialización por sustitución de importaciones. ¿Por qué? Porque no les quedaba otra.

¿Cómo era ese primer modelo de industrialización?

Industrializamos con salario bajo. Ahí vienen los procesos de migración interna, la construcción de los conurbanos como los conocemos nosotros, porque el que más sufre la crisis del ´29 es el sector agropecuario, sobre todo el pequeño agricultor y el peón rural, que no soporta la crisis y se traslada a Buenos Aires, Rosario y Córdoba. Surgen los conurbanos y, como los conservadores empiezan a industrializar porque no les queda otra, esos sectores se empiezan a transformar en la clase obrera. Pero con salarios bajos. Qué pensaban los conservadores: que cuando el mundo volviera a la normalidad volvíamos al modelo agroexportador. Era la alternancia: modelo agroexportador-desarrollismo, modelo agroexportador. El desarrollismo de vuelta termina siendo la válvula de ajuste de los modelos liberales: del modelo agroexportador en aquel momento y ahora del neoliberalismo financiero.

¿Y el tercer modelo?

Entonces surge el tercer modelo, que nosotros lo llamamos “modelo económico justicialista”: 1946-1955, 1973-1974, 2003-2015. Es industrialización pero no financiada por la clase obrera con salario bajo. Por eso el objetivo final del modelo económico peronista es la justicia social. Inclusive la industrialización es un medio, no un fin en sí mismo en esos modelos. La industrialización es un medio porque me permite generar pleno empleo, pero sin justicia social es desarrollismo; con justicia social es justicialismo. En esos modelos, la discusión es que al proceso de industrialización lo financien las rentas extraordinarias de la economía nacional. La economía nacional tiene bastantes rentas extraordinarias: la principal es la agroexportadora, pero también está la renta extraordinaria financiera, petrolera, energética, minera, de las economías de plataforma.

¿Qué significa renta extraordinaria?

Significa que hay sectores que tienen ganancia normal porque invierten y producen como cualquier sector productivo, pero además tienen ganancias extraordinarias, que son ganancias que no dependen de su propio esfuerzo, sino de condiciones exógenas. Si yo tengo la tierra más fértil del mundo y por lo tanto mi costo de producción del grano es el más barato del mundo, pero el precio de lo que vendo se fija internacionalmente en Chicago por las tierras menos fértiles, me aparece una renta extraordinaria. Es una ganancia que no depende de mi propia inversión y mi propio esfuerzo, pero es una ganancia en sí misma.Si la economía nacional tiene rentas extraordinarias, ¿por qué al proceso de industrialización lo tiene que financiar la clase obrera con salario bajo, como quiere el desarrollismo, si lo pueden financiar las rentas extraordinarias? El primero que se dio cuenta de esto fue Perón en el ´46: lo hizo con el IAPI, con la nacionalización de los depósitos bancarios. Por ejemplo, en el gobierno de Néstor y Cristina, con la estatización de YPF, de las AFJP, es decir, distintos instrumentos que permiten poder utilizar las rentas extraordinarias para financiar el proceso de industrialización. Si puedo financiar el proceso de industrialización con las rentas extraordinarias, puedo aumentar el salario de los trabajadores y puedo llegar a lo que es el fifty-fifty. Por eso la mejor distribución del ingreso existió en 1954, con el 49% de participación del salario en el PBI; la otra en 1973-1974, también casi el 50% con el Pacto Social; y la más alta fue en 2015, con el 53% de participación del salario en el Producto Bruto Interno. Porque justamente son modelos de industrialización, pero no financiados por la clase obrera. Siempre se empieza a discutir, cuando los modelos neoliberales financieros están llegando a su etapa final - que uno nunca sabe a ciencia cierta, pero se termina dando-, quién va a reemplazar esos modelos: si el desarrollismo o el modelo económico justicialista. Eso, obviamente, es una discusión fundamentalmente política.

¿Cuáles son los ganadores y perdedores de este modelo de “neoliberalismo financiero”?

Está claro que los perdedores son los sectores populares y la clase trabajadora, eso es indiscutible. Pierden por desocupación. Hoy el desempleo no es tan alto como tendría que ser por el quiebre de empresas que estamos viendo, porque existe lo que se llama el refugio a la desocupación, que es la informalidad. En la década del ´90 fueron los parripollos o las canchas de pádel; hoy es Rappi, Uber, las economías de plataforma. Fíjate que por primera vez el trabajo informal es más alto que el trabajo formal. Hay un intento de romantizar el trabajo informal, pero ya está cada vez más claro que no es así, que los trabajadores informales no quieren ser trabajadores informales y que es mentira que son emprendedores. Primero, no tienen derechos: si un Rappi se enferma no tiene vacaciones pagas, si se le rompe la bicicleta no trabaja y no gana. Como hay una sobreoferta de trabajadores informales de esas plataformas, ya no les alcanza ni siquiera para llegar a fin de mes, porque lo que genera es que baje mucho el precio por hora de esos trabajadores. No tienen obra social, no tienen aguinaldo, todo lo que se sabe, pero obviamente reduce el costo laboral. Con la reforma laboral que hizo el mileísmo, eso va a ser mucho más fácil para los empresarios, tanto para echar trabajadores formales como para informalizar al trabajador formal. Con lo cual la clase obrera pierde por goleada en estos modelos. Inclusive los informales tarde o temprano se van a empezar a transformar en desocupados, porque ni siquiera la informalidad en un modelo donde no hay demanda y además hay sobreoferta de informales va a conseguir trabajo. Eso ya se está viendo, o aparece el pluriempleo: como no llego a fin de mes con un solo trabajo, empiezo a tomar otros trabajos. El segundo perdedor importante es la PYME, la pequeña y mediana empresa. La industria en general pierde en estos modelos porque llevan a un industricidio; son modelos y procesos políticos que no quieren que la Argentina sea un país industrial. Es más, están convencidos de que no podemos y no debemos ser un país industrial. Con lo cual el sector productivo que pierde por goleada también junto con la clase trabajadora es la industria, pero básicamente la pequeña y mediana industria, que es la que está quebrando y desapareciendo. Eso pasó en la década del ´90 también: en la década del ´90 hubo sectores industriales que estaban al borde de la desaparición en el 2001, y esto se va a acentuar con un modelo como el de Milei.

¿Y los ganadores?

Los ganadores son los fondos de inversión que vienen a hacer plata financieramente en el corto plazo y que después tratan de materializarlo, transformarlo en dólares. Esos fondos de inversión son los que terminan ganando. Con el modelo de Milei, también algunos sectores económicos como por ejemplo la minería, el agro, las energéticas con el RIGI y con el Súper RIGI. Todos esos sectores hoy son los sectores ganadores. El problema de esos sectores es que crecen pero no generan empleo, con lo cual no traccionan. Además, como está diseñado el RIGI y el Súper RIGI, ya son sectores económicos que traccionan poco al resto de los sectores productivos, pero con el RIGI ni siquiera va a haber una tracción mínima al resto de la economía. Se terminan generando clusters de negocios y empresas que son los ganadores, que no traccionan ni al resto del sector económico, ni a la industria, ni al comercio, ni a la construcción, pero mucho menos a la clase trabajadora. Terminan siendo modelos que van a una fuerte concentración del ingreso, y eso es lo que decía anteriormente: la «peruanización» de la sociedad argentina. Si no se termina de construir un nuevo modelo económico justicialista o un modelo que termine sustituyendo exitosamente a este modelo neoliberal financiero, no va a haber dique de contención para la peruanización de nuestra sociedad, que en definitiva es lo que quieren los poderes económicos y las empresas transnacionales.

Uno de los argumentos económicos del Gobierno es que no hay alternativa a este modelo. ¿Hay alguna alternativa económica?

En principio sí, siempre hay alternativa. Retomando la pregunta anterior, lo que se debe discutir es qué modelo va a reemplazar a esto: si un desarrollismo que termina siendo funcional a los que hoy están ganando y no a la clase trabajadora, o un modelo económico que además de industrializar va a discutir la matriz distributiva. Pero también nosotros estamos trabajando para lo que es una actualización del estructuralismo latinoamericano. Nosotros formamos parte de una escuela económica que se llama estructuralista latinoamericana, que planteaba allá en la década del ´40, ´50 o ´60 que para que los países periféricos dejen de serlo tenían que tener un proceso de industrialización para acercarse a los países centrales. En aquel momento, obviamente, estaba basado en la industria textil, la industria liviana, el calzado, el juguete e inclusive en la industria siderúrgica y metalúrgica, la industria más pesada. Hoy me parece que eso llegó a un cuello de botella. Hoy tenemos que pensar quién va a ser la locomotora en el proceso de industrialización de las economías periféricas como la Argentina para plantear un verdadero modelo alternativo al modelo neoliberal financiero de Milei. Ahí estamos convencidos de que es la industria tecnológica.

¿Por qué?

No quiere decir que a las otras industrias más clásicas y tradicionales las dejemos de pensar y de fomentar, pero me parece que la Argentina tiene que proponerse ser potencia tecnológica a nivel regional. La industria tecnológica no es solamente Marcos Galperin: se hizo la ley de Economía del Conocimiento, que fue una de las grandes medidas que favoreció a la industria tecnológica; se hizo Arsat para conectar todo el país. Yo dirijo la carrera de Economía en la Universidad Nacional de Avellaneda; está la carrera de Informática, los chicos estudian dos años y ya ni siquiera terminan la carrera porque consiguen trabajo. Eso es lo que se llama ascenso social: un pibe de Avellaneda que empieza a hacer una carrera universitaria y a los dos años consigue trabajo con un buen sueldo, con sueldos incluso muchísimo mejores que los sueldos de las industrias clásicas. Eso es ascenso social. La industria tecnológica además es una industria fácilmente exportable; la Argentina tiene capacidad de exportar. Hoy, sin favorecerla, tiene superávit comercial la industria tecnológica, a diferencia de la industria clásica que son importadoras netas, son consumidoras de dólares. Segundo, es una industria fácilmente federalizable, porque la industria clásica, la textil, no se va a ir a instalar a Jujuy lejos de los polos de consumo. En cambio, las industrias tecnológicas, los trabajadores informáticos, sí. Yo no quiero solamente que tengan trabajo para trabajar en empresas tecnológicas extranjeras, sino que además generemos nuestras propias empresas tecnológicas. Necesitamos generar que se hable de vuelta no solo de escuelas técnicas, sino de escuelas tecnológicas; que en los barrios populares se enseñe en los primarios y secundarios informática, inteligencia artificial, robótica; que sean bilingües, porque en la industria tecnológica en todo el mundo se habla en inglés. Desde primer grado y en las escuelas secundarias necesitamos transformarlas en escuelas tecnológicas, y las universidades también, que tengan todas la carrera de informática, programación, robótica, inteligencia artificial, para que el motor de la industrialización del siglo XXI sea la industria tecnológica. Que las otras industrias acompañen, pero que además es una industria que le permite, si se desarrolla, ayudar a las industrias clásicas porque ganan competitividad si las asociamos, y terminan siendo industrias que pueden llegar a exportar.

¿Cómo se hace eso?

Creo que más que hablar de si necesitamos superávit comercial, entramos en discusiones de la macroeconomía, y lo que se le tiene que ofrecer a la sociedad argentina es simple: los padres quieren saber de qué va a trabajar su hijo mañana y los abuelos de qué van a trabajar sus nietos. Si nosotros discutimos solamente la macroeconomía no se le está ofreciendo ninguna alternativa, ninguna expectativa de futuro, sino todo lo contrario: estamos discutiendo en los términos del modelo neoliberal financiero, de la ortodoxia y de Milei, y ahí siempre se pierde. Lo que le tiene que ofrecer la oposición, desde mi perspectiva, es un modelo de desarrollo: un modelo de desarrollo federal donde se diga de qué van a trabajar los chicos, qué van a estudiar, cómo vamos a transformar la educación pública. Hoy necesitamos discutir la nueva estatalidad, porque el Estado no le sirve a los sectores populares. La educación pública y la salud pública no es algo que les sirva a los sectores populares; este Estado le sirve más a Galperin que a los sectores populares que necesitan ver a dónde van a mandar a sus hijos al colegio. Si discutimos todo esto, estamos discutiendo un modelo de desarrollo. Pero que además ese modelo de desarrollo sea discutido con el sistema impositivo en la Argentina para terminar de transformar un sistema impositivo progresivo, que pague más los sectores de más altos ingresos para que sean las rentas extraordinarias las que financien este modelo de desarrollo, y que sea un modelo de desarrollo con inclusión, generación de puestos de trabajo, pero también con un aumento del salario de los trabajadores. Si podemos empezar a discutir esto, me parece que va a empezar a generar mayor expectativa para ver con qué vamos a reemplazar a este modelo neoliberal financiero.


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