19.09.2026 / ELECCIONES EN SUECIA

Elecciones en Suecia: cómo funciona su sistema de boletas de papel

Suecia definió una de las elecciones más ajustadas de su historia reciente con un sistema basado en boletas de papel, conteos públicos y sucesivas instancias de verificación. Para menos de ocho millones de electores habilitados se imprimieron más de 700 millones de papeletas, mientras el país mantiene la tecnología fuera del momento central de emisión del voto.



Suecia terminó de contar el pasado jueves 17 de septiembre los votos de unas elecciones parlamentarias definidas por un margen mínimo: el bloque de centroizquierda obtuvo 176 de los 349 escaños del Riksdag, frente a los 173 de la derecha. La diferencia entre ambos espacios fue de alrededor de 50.000 votos y obligó a esperar el escrutinio definitivo para confirmar el resultado.

Pero más allá del resultado, la elección volvió a poner bajo la lupa una particularidad del sistema electoral sueco: mientras numerosos países discuten la incorporación de nuevas tecnologías al proceso de votación, Suecia conserva un mecanismo en el que el voto continúa materializándose en papel y puede ser contado, observado y vuelto a contar físicamente.

La magnitud es llamativa. Para una población de poco menos de ocho millones de electores habilitados, el país imprime más de 700 millones de boletas. En las elecciones de 2022 se produjeron 710 millones y apenas unos 25 millones terminaron efectivamente dentro de las urnas, según Sveriges Radio. Para los comicios de 2026 se volvió a utilizar el mismo sistema.

La enorme cantidad de papel no es necesaria simplemente porque Suecia desconfíe de la tecnología. Se explica, sobre todo, por una característica particular de su modelo: los partidos cuentan con sus propias boletas y existen diferentes tipos de papeletas para cada elección y candidatura.

Cómo funciona el sistema electoral de Suecia

Suecia celebra simultáneamente elecciones para el Parlamento nacional, las regiones y los municipios. Para diferenciarlas utiliza boletas de distintos colores: amarillas para el Riksdag, azules para las asambleas regionales y blancas para las municipales.

Además, existen tres clases de papeletas: las que incluyen el nombre del partido y sus candidatos, las que identifican solamente al partido y las boletas en blanco, sobre las cuales el elector puede escribir su opción. El votante selecciona primero las papeletas detrás de una pantalla, fuera de la vista de otras personas. Luego pasa solo al cuarto de votación, prepara su voto e introduce una papeleta en cada sobre correspondiente.

El mecanismo permite votar únicamente por un partido o, además, marcar una preferencia por uno de sus candidatos.

El procedimiento está diseñado también para preservar el secreto. Desde las reformas aplicadas en los últimos años, las boletas deben estar ubicadas detrás de una protección visual y únicamente el personal electoral puede colocarlas en los establecimientos de votación.

Una vez emitido el sufragio, los sobres se mezclan con los demás antes de ser abiertos. De esa manera, según explica la Autoridad Electoral de Suecia, resulta imposible relacionar posteriormente una papeleta determinada con el elector que la depositó.

Un sistema pensado para poder contar otra vez

La característica central del modelo sueco aparece después de que cierran las urnas. Todos los votos son contabilizados en dos grandes instancias y, dentro de ellas, revisados varias veces. Además, el escrutinio es público: cualquier ciudadano puede presenciar el conteo.

El primer recuento es preliminar y comienza en las propias mesas durante la noche electoral. Los municipios continúan posteriormente con el procesamiento de los sufragios anticipados que llegan dentro de los plazos establecidos.

Pero ese resultado no cierra la elección. Las juntas administrativas de los condados realizan después el escrutinio definitivo, en el que vuelven a examinar las papeletas, incluidos los votos que inicialmente pudieron haber sido considerados inválidos. Recién entonces se establece la distribución definitiva de los escaños y qué candidatos resultaron electos.

En una elección como la de 2026, en la que unas decenas de miles de votos separaron a dos bloques que reúnen prácticamente a la mitad del electorado cada uno, esa posibilidad de volver sobre el material físico adquiere especial importancia.

El resultado definitivo confirmó 176 bancas para el bloque integrado por socialdemócratas, Partido de Centro, La Izquierda y Los Verdes, frente a las 173 obtenidas por los partidos de derecha. Tras conocerse el escrutinio final, el primer ministro Ulf Kristersson anunció su dimisión y comenzó el proceso político para intentar formar un nuevo gobierno.

Papel en el voto, tecnología en la administración

El modelo sueco tampoco supone una negativa absoluta a incorporar tecnología al proceso electoral. Para las elecciones de 2026 se introdujeron cambios tecnológicos en el voto anticipado: registros digitales reemplazaron parte de los controles manuales y comenzaron a utilizarse códigos y escáneres para administrar el traslado de esos sufragios. La Autoridad Electoral también recibió el encargo de probar padrones digitales en determinados centros de votación.

Pero existe una distinción relevante: esa digitalización administrativa no modificó la forma en la que el ciudadano expresa su voluntad. "La digitalización no afecta al proceso de votación en sí mismo, que continuará realizándose mediante papeletas", explicó la Autoridad Electoral sueca al presentar las modificaciones para 2026.

Es decir, la tecnología puede intervenir en determinadas tareas administrativas, pero la expresión del voto sigue dejando un registro físico que puede ser inspeccionado y contado nuevamente.

Una elección abierta al público

La seguridad del sistema tampoco descansa exclusivamente en el papel. La Autoridad Electoral define al modelo sueco como "descentralizado y transparente" y sostiene que esas dos características contribuyen a su robustez. La recepción de los votos y el escrutinio están abiertos al público y los sufragios son contabilizados en diferentes oportunidades.

El organismo reconoce, al mismo tiempo, que las elecciones contemporáneas enfrentan nuevas amenazas. Entre ellas enumera ataques contra sistemas informáticos, sabotajes, campañas de desinformación, intentos de interferencia extranjera y difusión de información falsa sobre cómo y dónde votar.

Por eso, una reforma que entró en vigencia antes de los comicios de 2026 amplió las responsabilidades de la Autoridad Electoral en materia de seguridad: debe analizar riesgos, coordinar medidas de protección y trabajar con otros organismos estatales frente a amenazas que puedan afectar el proceso.

La respuesta sueca combina así herramientas digitales para determinadas funciones con un núcleo electoral físico, descentralizado, observable y susceptible de ser recontado.

El problema de las 700 millones de boletas

El sistema está lejos de ser considerado perfecto dentro de Suecia. La impresión de más de 700 millones de papeletas para menos de ocho millones de electores provoca cuestionamientos por su costo, impacto ambiental y complejidad logística. Según la televisión pública SVT, apenas alrededor del 3% de las boletas impresas llega a utilizarse.

La propia Autoridad Electoral viene proponiendo modificar el modelo. Una alternativa discutida consiste en abandonar las papeletas separadas por partido y avanzar hacia boletas comunes o neutrales, donde el elector pueda seleccionar su opción.

Una comisión creada para estudiar el problema propuso reducir la impresión hasta unos 270 millones de ejemplares. Investigadores de la Universidad de Umeå plantearon ir todavía más lejos: con una boleta común, calculan que podrían necesitarse alrededor de 30 millones.

Pero ninguna de esas discusiones supone necesariamente abandonar el papel. El debate sueco pasa, principalmente, por cómo reducir la enorme cantidad de papeletas sin perder las características de control, secreto y verificabilidad del sufragio.

Las elecciones de 2026 ofrecieron una prueba particularmente exigente. Con apenas tres bancas de diferencia entre los bloques y alrededor de 50.000 votos de distancia, el país necesitó varios días para establecer el resultado definitivo.

El sistema no produjo una respuesta instantánea. Produjo, en cambio, un resultado construido mediante sucesivos conteos públicos de votos que continuaron existiendo físicamente después de haber sido emitidos.

En tiempos de inteligencia artificial, ciberataques y creciente preocupación por la interferencia tecnológica en los procesos democráticos, Suecia mantiene una decisión significativa: modernizar partes de la administración electoral sin convertir el acto de votar en un procedimiento exclusivamente digital.

¿Cómo se vota en Suecia?
Los electores utilizan boletas de papel para elegir un partido y, si lo desean, expresar una preferencia por un candidato. Las papeletas se introducen en sobres y posteriormente son contabilizadas físicamente.

¿Por qué Suecia imprime más de 700 millones de boletas?
El sistema utiliza diferentes papeletas según partido, candidatos y tipo de elección. En 2022 se imprimieron 710 millones aunque solo alrededor de 25 millones terminaron en las urnas, una situación que generó propuestas para reformar el modelo.

¿Suecia utiliza tecnología en sus elecciones?
Sí. En 2026 incorporó herramientas digitales en determinadas tareas administrativas y realizó pruebas con padrones electrónicos. Sin embargo, la Autoridad Electoral mantuvo la emisión del voto mediante boletas de papel.
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