Arabia Saudita prometió tomar "todas las medidas necesarias" para proteger su territorio después de una nueva ofensiva de los hutíes en Yemen. Pero lo que está ocurriendo en la costa occidental yemení excede largamente una nueva escalada entre Riad y el movimiento respaldado por Irán: el conflicto por el control de Bab el-Mandeb amenaza con conectar dos de los principales puntos de estrangulamiento del comercio energético mundial.
Los hutíes tomaron el jueves la ciudad portuaria de Moka, sobre el Mar Rojo, después de la retirada de las fuerzas vinculadas al gobierno yemení reconocido internacionalmente. Un día después, su avance alcanzó un punto todavía más sensible: la isla de Perim, situada literalmente en medio del estrecho de Bab el-Mandeb.
Reuters
informó que las fuerzas gubernamentales se retiraron de Perim y de la cercana Dhubab, mientras preparaban una contraofensiva para intentar recuperar las posiciones perdidas. El mapa ayuda a comprender por qué una batalla aparentemente localizada en Yemen está provocando alarma en las capitales del Golfo.
Bab el-Mandeb, la otra puerta del petróleo
Bab el-Mandeb es un estrecho de apenas 29 kilómetros en su punto más angosto, ubicado entre Yemen, Yibuti y Eritrea. Une el golfo de Adén con el Mar Rojo y, desde allí, con el canal de Suez y el Mediterráneo. Es, por lo tanto, una de las grandes puertas marítimas que conectan Asia con Europa.
La isla de Perim divide precisamente esa estrecha vía de navegación. Más al norte se encuentran Moka y las islas Hanish, mientras que hacia el sur aparece Dhubab. El avance hutí sobre esos puntos le permite al movimiento ampliar enormemente su capacidad para vigilar, amenazar o eventualmente interrumpir el tránsito marítimo.
Según datos de Kpler
citados por Reuters, por Bab el-Mandeb circuló en junio un volumen equivalente a alrededor del 7% de la producción mundial de petróleo.
No hace falta, además, un bloqueo completo para generar consecuencias globales. Los ataques hutíes contra buques comerciales desde fines de 2023 ya llevaron a grandes navieras a evitar en distintos momentos el Mar Rojo y desviarse alrededor del cabo de Buena Esperanza, en el extremo sur de África. La alternativa agrega tiempo, combustible y costos a las rutas entre Asia y Europa.
Pero en 2026 existe una diferencia fundamental: Bab el-Mandeb importa todavía más porque la otra gran salida petrolera de la región está en crisis.
El problema es que Ormuz ya está prácticamente bloqueado
Al otro lado de la península arábiga se encuentra el estrecho de Ormuz, la salida natural del Golfo Pérsico y una de las arterias energéticas más importantes del planeta.
La guerra entre Estados Unidos e Irán alteró radicalmente esa ruta.
El tránsito por Ormuz cayó el 10 de septiembre a apenas siete embarcaciones identificadas, según datos recopilados por Reuters. Antes del comienzo de la guerra atravesaban el estrecho alrededor de 125 barcos por día. (https://www.reuters.com/world/middle-east/hormuz-shipping-traffic-falls-single-digits-data-shows-2026-09-11/)
Ese dato cambia completamente el valor estratégico de lo que ocurre en Yemen. Arabia Saudita y otros productores del Golfo necesitan rutas alternativas para colocar su petróleo en el mercado mundial. Riad dispone de un oleoducto que cruza el territorio saudita hacia el Mar Rojo y permite evitar Ormuz. Pero una vez allí los buques que navegan hacia Asia necesitan atravesar Bab el-Mandeb.
Es decir: escapar de un cuello de botella conduce directamente hacia el otro. De acuerdo
con Al Jazeera, entre marzo y mediados de julio las exportaciones marítimas sauditas de crudo que atravesaron Bab el-Mandeb fueron ocho veces superiores a las registradas durante el mismo período de 2025.
Por eso Moka, Dhubab y Perim dejaron de ser solamente nombres en el mapa de la interminable guerra civil yemení.
La guerra de Yemen vuelve a convertirse en una guerra regional
Los hutíes controlan Saná y buena parte del norte y oeste de Yemen desde hace más de una década. El grupo combatió durante años contra una coalición encabezada por Arabia Saudita, hasta que la tregua alcanzada en 2022 redujo considerablemente los enfrentamientos directos.
Ese equilibrio se está rompiendo. Los hutíes lanzaron ataques contra ciudades e infraestructura energética saudita y Riad volvió a atacar posiciones en Yemen. Al mismo tiempo, las fuerzas hutíes avanzaron hacia el sur por la costa del Mar Rojo.
La ONU advirtió esta semana que Yemen atraviesa el riesgo más grave de regresar a una guerra a gran escala desde la tregua de 2022. El enviado especial Hans Grundberg
señaló ante el Consejo de Seguridad que los combates se extendieron por varias provincias y que las consecuencias de la escalada no quedarían confinadas dentro de las fronteras yemeníes.
Ese último punto es fundamental. La importancia de los hutíes ya no depende solamente del territorio que controlan dentro de Yemen, sino de su capacidad de intervenir sobre las rutas marítimas que rodean la península arábiga.
Arabia Saudita pidió ayuda a Trump
La gravedad de la situación quedó expuesta en una gestión diplomática poco habitual.
El príncipe heredero saudita, Mohammed bin Salman, pidió al presidente estadounidense Donald Trump apoyo militar contra los hutíes, según
fuentes citadas por Reuters. Washington rechazó por el momento participar directamente en nuevos ataques, aunque ofreció cooperación de inteligencia y asistencia para identificar objetivos.
La decisión revela otra dimensión del problema. Estados Unidos ya está involucrado directamente en la guerra con Irán y abrir un frente militar contra los hutíes supondría extender todavía más el conflicto. Pero no intervenir también tiene costos: permite que un aliado de Teherán aumente su capacidad de presión sobre una ruta comercial que se volvió mucho más importante precisamente por la guerra en Ormuz.
Arabia Saudita queda así ante un dilema que conoce bien. Después de años intentando salir militarmente de Yemen y normalizar su relación con los hutíes, vuelve a enfrentarse con el mismo movimiento, pero en un escenario regional considerablemente más peligroso.
Dos estrechos y una misma guerra
La consecuencia más importante del avance hutí puede verse mirando el mapa completo.
En el este de la península arábiga, Irán tiene capacidad para amenazar el estrecho de Ormuz. En el oeste, un movimiento aliado de Teherán se acerca a controlar posiciones decisivas alrededor de Bab el-Mandeb.
No significa que Irán controle automáticamente ambas rutas ni que los hutíes puedan cerrar por completo Bab el-Mandeb. El movimiento yemení conserva autonomía política y militar y Teherán niega dirigir sus operaciones. Pero la combinación de ambos conflictos aumenta considerablemente la capacidad del eje iraní para presionar sobre el transporte de energía.
El mercado ya empezó a incorporar ese riesgo. El petróleo Brent
superó esta semana los 100 dólares por barril en medio de los ataques contra buques y la incertidumbre sobre las rutas del Golfo y el Mar Rojo. Durante años, Bab el-Mandeb fue uno de varios puntos vulnerables del comercio mundial. La crisis de Ormuz lo convirtió en algo diferente: una de las pocas rutas que todavía podían funcionar como alternativa.
Por eso la caída de Moka y Perim importa mucho más que el territorio conquistado por los hutíes. La guerra que comenzó alterando la salida del Golfo Pérsico amenaza ahora también la entrada al Mar Rojo. Y entre ambos estrechos circula una parte decisiva de la energía que mueve la economía mundial.