
Aunque la inflación acumula diez meses consecutivos de suba, crecen el desempleo y la precarización laboral, los salarios pierden poder adquisitivo y el consumo sigue en caída libre, el presidente Javier Milei volvió a defender con énfasis el rumbo económico de su gestión y aseguró que el país avanza hacia un escenario de estabilidad. Sin demasiados indicadores positivos para exhibir en la vida cotidiana de la mayoría de los argentinos, el mandatario insistió en sostener el relato del “orden fiscal” y el supuesto desendeudamiento.
Durante el cierre de la cena de la Fundación Libertad, realizada en Parque Norte, Milei aseguró que “tarde o temprano vamos a derrotar la inflación”, aunque evitó nuevamente poner una fecha concreta para esa promesa que viene repitiendo desde el inicio de su mandato. En su exposición, defendió la estrategia que lleva adelante junto a su ministro de Economía, Luis Caputo, y afirmó que su administración logró recomponer las finanzas públicas, reducir el déficit cuasifiscal y sanear el balance del Banco Central.
Además, sostuvo que desde su llegada a la Casa Rosada la deuda pública cayó en 10 mil millones de dólares y que, si se descuenta el efecto de la apreciación cambiaria, esa reducción sería incluso de 35 mil millones más. Bajo esa lógica, aseguró que la relación deuda-producto pasó del 100% al 40% y afirmó que Argentina “está mostrando ser solvente”. Como suele hacer en cada intervención económica, también apuntó contra el kirchnerismo y aseguró que fue ese espacio político el que endeudó de manera brutal al país comprometiendo a las futuras generaciones. Sin embargo, los números que surgen de informes privados y datos oficiales muestran un escenario bastante distinto al que describe el Presidente.
Un relevamiento reciente de la Consultora 1816 señala que la deuda bruta en moneda extranjera —sumando Tesoro y Banco Central— creció 24.800 millones de dólares desde la asunción de Milei. Aunque el informe aclara que el nivel sigue siendo relativamente bajo en relación con el Producto Bruto Interno, ya representa cerca del 57,9% del PBI. Según ese análisis, el principal motor de ese incremento fueron los nuevos desembolsos del Fondo Monetario Internacional, junto con préstamos de otros organismos multilaterales y emisiones de deuda respaldadas por bonos garantizados del Banco Central.
Esto contradice directamente la idea de un proceso de desendeudamiento. Lo que ocurrió, en términos concretos, es que el país canceló vencimientos de deuda previa, pero lo hizo tomando nueva deuda, especialmente con organismos internacionales y mediante operaciones REPO del BCRA con bancos del exterior.
El resultado final no fue una reducción del pasivo, sino un aumento: Tomando noviembre de 2023 como punto de partida, la consultora calcula que al 31 de marzo —último dato disponible— el stock total de deuda, sin contabilizar tenencias dentro del propio sector público, alcanzó los 211.800 millones de dólares.
Si se amplía la mirada hacia la deuda pública total, el escenario es todavía más contundente. De acuerdo con cifras de la Secretaría de Finanzas, el stock bruto del Estado Nacional —incluyendo deuda en pesos y en moneda extranjera— llegó a 483.830 millones de dólares a fines de marzo. Solo en ese mes, el incremento fue de 11.715 millones de dólares, mientras que en el primer trimestre del año el aumento acumulado alcanzó los 28.763 millones.
Durante toda la gestión Milei, la deuda total se incrementó en el equivalente a 58.536 millones de dólares. Desde el Gobierno intentan relativizar ese dato argumentando que, si se descuentan los pasivos que el Tesoro absorbió del Banco Central para su saneamiento, el stock consolidado habría bajado algo más de 29 mil millones. Pero incluso con esa explicación, el relato oficial sigue chocando con una realidad económica marcada por más ajuste, más endeudamiento y una crisis social que se profundiza.
Y la tendencia podría continuar. Mientras el Presidente insiste con celebrar un desendeudamiento que no termina de reflejarse en los números, Caputo ya anticipó nuevas gestiones de financiamiento: el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo trabajan en garantías por 2 mil millones y 550 millones de dólares, respectivamente, para facilitar el acceso a otros 4 mil millones de dólares de bancos privados internacionales.