Según un informe de First Capital Group en base a datos del Banco Central de la República Argentina, el saldo financiado con tarjetas llegó a $24 billones en marzo, con una suba mensual del 3,2% y un crecimiento interanual del 37,8%. Sin embargo, al descontar la inflación, la mejora resultó marginal y dejó en evidencia que el crédito al consumo perdió dinamismo frente a la suba de precios.
El análisis del especialista Guillermo Barbero relativizó el rebote mensual y lo atribuyó a factores técnicos, como diferencias en los cierres contables y la cantidad de días entre períodos. En esa línea, desde la consultora señalaron que la cartera de financiamiento creció por debajo de la inflación, confirmando una contracción real del consumo.
En paralelo, los datos del Banco Provincia mostraron el impacto social de esta dinámica: el consumo acumuló diez caídas consecutivas en febrero en la provincia de Buenos Aires, con un desplome del 9,5% interanual en términos reales. La baja se explicó principalmente por la caída en los pagos con dinero en cuenta, mientras que las operaciones con tarjeta crecieron levemente, consolidando su rol como herramienta para sostener gastos cotidianos.
El fenómeno dejó al descubierto un cambio en los hábitos de consumo: cada vez más hogares recurren al crédito no para financiar bienes durables, sino para cubrir gastos básicos. En ese contexto, el aumento del uso de tarjetas no refleja una mejora económica, sino una mayor dependencia del endeudamiento en medio del deterioro del poder adquisitivo.