El conflicto se intensifica tras los discursos del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y la negativa iraní a reabrir un punto clave del comercio energético global. El aumento del precio del petróleo y la búsqueda de refugio en el dólar reconfiguran los flujos financieros internacionales, afectando con fuerza a los mercados emergentes, entre ellos la Argentina.
En ese contexto, los bonos en dólares operan en baja tanto en Nueva York como en la plaza local. Los títulos más largos, como los Global 2035 y 2041, encabezan las pérdidas, mientras el riesgo país trepa a 622 puntos, según J.P. Morgan, consolidando cinco jornadas consecutivas por encima de los 600 puntos.
Las acciones argentinas que cotizan en Wall Street tampoco logran sostener el impulso inicial y pasan rápidamente a terreno negativo. La caída generalizada refleja una dinámica conocida: ante la incertidumbre global, los inversores reducen exposición en economías consideradas más riesgosas, dejando en evidencia la debilidad estructural del mercado local.
Así, la crisis internacional vuelve a poner en jaque la narrativa oficial. Mientras el Gobierno apuesta a la estabilización macroeconómica, la reacción de los mercados confirma que la Argentina sigue atada al humor externo, sin herramientas suficientes para amortiguar el impacto de un mundo cada vez más convulsionado.