07.04.2026 / Medio ambiente

La guerra en Irán revive el carbón en Europa: Italia pospone su cierre hasta 2038 y Alemania evalúa lo mismo

El impacto geopolítico de la escalada en Medio Oriente empieza a sentirse con fuerza en la política energética europea. El aumento de los precios del gas y el petróleo reconfigura prioridades y obliga a varios países a reconsiderar sus planes de descarbonización.



El gobierno italiano decidió postergar más de una década el cierre de sus centrales a carbón, que ahora seguirá operativo hasta 2038. La medida, impulsada por la administración de Giorgia Meloni, busca garantizar el abastecimiento energético ante la volatilidad del mercado internacional.

El giro se produce en un contexto marcado por la suba de los precios de la energía tras los ataques de Estados Unidos e Israel sobre Irán, que alteraron el equilibrio en el Golfo Pérsico. Desde entonces, el precio del gas en la Unión Europea se incrementó de forma acelerada, mientras que el petróleo también registró fuertes subas.

La decisión italiana no es aislada. En Alemania, uno de los países que más avanzó en la transición energética, sectores del gobierno y la industria evalúan medidas similares para sostener la generación eléctrica en un escenario de incertidumbre.

El trasfondo es una tensión estructural: la dependencia europea del gas importado, especialmente en contextos de crisis geopolítica. Aunque en los últimos años la Unión Europea impulsó una agenda ambiciosa de descarbonización, la seguridad energética vuelve a ocupar el centro de la escena.

El uso del carbón, uno de los combustibles más contaminantes, había sido progresivamente reducido en favor de energías renovables. Sin embargo, su disponibilidad y costo relativamente bajo lo convierten en una alternativa de emergencia frente a shocks externos.

Este cambio de rumbo abre un debate dentro del bloque europeo. Por un lado, gobiernos y empresas energéticas plantean la necesidad de garantizar el suministro a corto plazo. Por otro, especialistas y organizaciones ambientales advierten que estas decisiones pueden comprometer los objetivos climáticos y retrasar la transición hacia fuentes limpias.

La crisis actual expone así los límites de una transición energética que, lejos de ser lineal, está atravesada por conflictos internacionales, dependencia de recursos y tensiones económicas. En ese escenario, el carbón —que parecía en retirada— vuelve a ocupar un lugar inesperado en la matriz energética europea.