José Antonio Kast asumió la presidencia de Chile este 11 de marzo, tras derrotar en segunda vuelta a la candidata del Partido Comunista Jeannette Jara con el 58% de los votos. Abogado, padre de nueve hijos, miembro del movimiento católico Schoenstatt y defensor del legado económico de la dictadura de Augusto Pinochet, Kast llegó al Palacio de La Moneda con una agenda de emergencia centrada en seguridad, ajuste fiscal y rebaja impositiva. La primera jornada de gobierno incluyó la firma de seis decretos, una polémica por el rechazo de Lula da Silva a asistir a la ceremonia y señales de tensión con la herencia legislativa de Gabriel Boric.
El discurso del balcón
A las 21:55 del día de la asunción, Kast se asomó al balcón de La Moneda y pronunció su primer discurso como jefe de Estado. La frase de apertura marcó el tono de su administración: "Nos entregan un país en peores condiciones de las que podíamos imaginar. Un país con sus finanzas públicas debilitadas. Un país donde el crimen organizado y el narcotráfico han avanzado. Un país donde las familias se sienten abandonadas por el Estado."
La arenga fue deliberadamente calculada. En el entorno presidencial señalaron que la intención era "transparentar" las condiciones en que reciben el gobierno para contener las expectativas ciudadanas. Kast también hizo un llamado a la unidad y pidió que sus seguidores - que comenzaban a gritar "Boric preso"- guardaran silencio. "Este no es el momento del rencor. Es el momento de hacer la tarea", afirmó.
La ceremonia de investidura en el Congreso Nacional de Valparaíso tuvo sus propias señales políticas. Quien le entregó la banda presidencial fue la nueva presidenta del Senado, Paulina Núñez, de Renovación Nacional. Al otro lado de la testera, el presidente saliente Gabriel Boric entregó a su sucesor una carta cuyo contenido no fue revelado.
Entre los invitados internacionales destacó la presencia de Flávio Bolsonaro, senador e hijo del expresidente brasileño Jair Bolsonaro; y el abrazo entre Kast y el presidente argentino Javier Milei fue uno de los momentos más fotografiados de la jornada.
Pero la ceremonia no estuvo exenta de controversia simbólica.
La decisión de Kast de portar la banda presidencial con el escudo de armas, el mismo diseño que utilizó Augusto Pinochet durante su mandato, fue leída por sectores de la oposición y por analistas internacionales como un gesto de identificación con el régimen militar. De hecho, dos de los veinticuatro ministros de su gabinete fueron abogados defensores de Pinochet. Para sus adherentes, la elección fue una reivindicación del orden y el crecimiento económico del período. Para los organismos de derechos humanos y los sobrevivientes de la dictadura, cuyo régimen dejó más de 3.200 muertos y desaparecidos según cifras oficiales, la señal resultó inaceptable.
Los primeros decretos
Antes del discurso, Kast firmó seis decretos que definió como parte de su "gobierno de emergencia". Los ejes: una auditoría al conjunto del Estado, el nombramiento del exvicealmirante de la Armada Alberto Soto como comisionado para la Macrozona Norte, región con histórica presencia de tráfico migratorio y narcotráfico, y un paquete de medidas para desbloquear proyectos de inversión que el gobierno estima en 16.300 millones de dólares. También se incluyeron disposiciones para reducir el gasto fiscal y agilizar permisos ambientales para inversión privada.
La agenda económica: promesas y límites
El núcleo de la propuesta económica de Kast es ambicioso: alcanzar un crecimiento del 4% anual, reducir el impuesto corporativo del 27% al 23%, con una meta de largo plazo del 20% mediante créditos por contratación formal, recortar un 3% el gasto público y eliminar las contribuciones de bienes raíces para adultos mayores. Sin embargo, los analistas consultados por medios chilenos coinciden en que las reformas más profundas dependerán de un Congreso dividido, donde el oficialismo no tiene mayoría propia.
Las primeras señales del gobierno confirman ese diagnóstico. El ministro Secretario General de la Presidencia, José García Ruminot,
anunció que el gobierno buscará "corregir" la ley de jornada laboral de 40 horas, vigente desde 2024 y que avanza escalonadamente, sin derogarla, y que revisará la ley de sala cuna en trámite, condicionando su avance a un financiamiento que el ejecutivo considera insuficiente. La reducción del impuesto corporativo, en tanto, requiere necesariamente un proyecto de ley y fue anunciada para el 1 de abril.
El vecindario regional
El perfil internacional de Kast quedó inmediatamente expuesto en la ceremonia de asunción. Lula da Silva, que había confirmado su asistencia, canceló el viaje horas antes, acusando, según reveló
el portal El Dínamo, una "descortesía" de Kast en el trato previo al cambio de mando. Tampoco se concretó la bilateral con el presidente boliviano Rodrigo Paz. En cambio, el presidente argentino Milei fue el interlocutor más destacado de la jornada.
Chile estrena gobierno en un contexto regional polarizado. La llegada de Kast suma un aliado más al bloque latinoamericano que gravita en torno a las políticas de Donald Trump. El nuevo presidente chileno ha elogiado la agenda del republicano estadounidense y se inscribe en la misma constelación ideológica que Milei en Argentina, Noboa en Ecuador y varios gobiernos centroamericanos. En el otro polo, Lula en Brasil, Petro en Colombia y Claudia Sheinbaum en México observan con distancia el reordenamiento del mapa político hemisférico.