En 1979, la Revolución Islámica derrocó al sha Mohammad Reza Pahlavi y transformó a Irán en una república teocrática. Casi medio siglo después, la Asamblea de Expertos —el cuerpo de 88 clérigos facultado para elegir al líder supremo— designó a Mojtaba Khamenei, segundo hijo del ayatollah Ali Khamenei, como sucesor de su padre, muerto en los bombardeos de Estados Unidos e Israel del 28 de febrero.
Es la segunda transferencia de poder en el cargo desde la revolución.La primera fue en 1989, cuando Ali Khamenei asumió tras la muerte del ayatollah Ruhollah Khomeini, fundador de la república teocrática. Ahora Mojtaba hereda un país en guerra, con infraestructura dañada, comunicaciones interrumpidas y una Guardia Revolucionaria que pasa a estar bajo su mando directo.
Un hombre de las sombras
Mojtaba Khamenei nació en 1969 en Mashhad, diez años antes de la revolución que transformaría Irán. Creció viendo a su padre movilizarse contra el régimen del sha y después convertirse en pilar del nuevo orden islámico. Recibió formación religiosa, pero nunca alcanzó el rango de mujtahid - el nivel de jurisprudencia islámica que muchos leales al régimen consideran indispensable para ocupar el cargo de líder supremo. Esa ausencia de credenciales formales fue durante años el principal argumento contra su eventual designación.
Sin embargo, lo que Mojtaba nunca tuvo en títulos lo construyó en influencia real. Desde la oficina de su padre operó como guardián de acceso, intermediario de poder y operador político de primer orden. Cultivó vínculos estrechos con los mandos de la Guardia Revolucionaria y con las redes económicas - las bonyads, fundaciones con enormes activos empresariales - que sostienen el sistema desde adentro.
El operador detrás de Ahmadinejad
Su rol político quedó expuesto por primera vez en 2005, cuando se lo vinculó al impulso que llevó al entonces alcalde de Teherán, Mahmoud Ahmadinejad, a ganar la presidencia frente al reformista Akbar Hashemi Rafsanjani. Mojtaba habría movilizado redes de la Guardia Revolucionaria para torcer una contienda que, en el papel, Ahmadinejad no debía ganar.
En 2009 su figura volvió al centro. Cuando millones de iraníes salieron a las calles para protestar por la reelección de Ahmadinejad - a la que consideraban fraudulenta - la represión fue brutal. Las manifestaciones del llamado Movimiento Verde fueron sofocadas con violencia. En esas protestas, los cánticos contra Mojtaba fueron tan fuertes como los dirigidos al propio líder supremo. "Mojtaba, ojalá mueras para que no llegues al poder", coreaban los manifestantes. El episodio no lo sacó de las sombras, pero mostró que ya era un jugador político por derecho propio.
La paradoja de su designación
La Asamblea de Expertos buscó en Mojtaba una señal de continuidad. Uno de sus miembros, antes de revelar el nombre del elegido, declaró que "el camino del Imam Khomeini y el camino del mártir Imam Khamenei ha sido elegido. El nombre de Khamenei continuará." El analista de Al Jazeera Ali Hashem lo describió como "el guardián de la puerta" de su padre: alguien que adopta sus posiciones respecto de Estados Unidos e Israel sin modulación ni apertura.
Pero la paradoja es evidente. Trump rechazó públicamente su designación - "para mí es inaceptable el hijo de Khamenei", dijo -, y declaró que cualquier nuevo líder iraní necesitaría su aprobación para sobrevivir. Irónicamente, esa presión norteamericana pudo haber reforzado la candidatura de Mojtaba: llega al cargo como figura que también perdió a su esposa, Zahra Haddad Adel, en los mismos bombardeos que mataron a su padre. Mártir por asociación, blindado por el duelo.
Sin experiencia de gobierno
Lo que distingue a Mojtaba de su padre no es solo la falta de credenciales religiosas. Es también la ausencia de cualquier experiencia administrativa visible. Nunca dirigió una organización de envergadura, nunca ocupó un puesto ejecutivo formal, nunca se pronunció públicamente sobre los grandes desafíos económicos, sociales y culturales que enfrenta Irán. Su visión del mundo se formó enteramente bajo la sombra del régimen que ahora conduce.
Para los analistas que monitorean a Irán, su ascenso sugiere que la Guardia Revolucionaria y las facciones más duras del sistema salieron de la primera fase de la guerra aún más resueltas a mantener el rumbo. El nombramiento, según la directora del Carnegie Middle East Center, Maha Yahya, funciona como un mensaje hacia afuera: la presión militar de Estados Unidos e Israel no logrará un cambio de posición.
Mojtaba Khamenei asume el liderazgo de una república islámica debilitada pero no derrotada, en guerra pero no rendida. Su mandato comienza sin manual de gestión, sin legitimidad popular y con el peso de un apellido que es, a la vez, su mayor activo y su mayor condena.