El presidente Javier Milei arribó al Congreso para inaugurar el período de sesiones ordinarias con un fuerte despliegue policial y militar que incluyó vallados, granaderos y cortes de tránsito en varias cuadras, aunque en las veredas predominó el vacío y apenas un puñado de simpatizantes se acercó sin banderas ni consignas masivas a saludar su paso hacia el recinto.
Desde temprano, el microcentro permaneció virtualmente blindado, con miles de efectivos asignados al operativo y desvíos que alteraron la circulación habitual, pero la escena no estuvo acompañada por una movilización acorde al dispositivo montado. El vehículo presidencial ingresó sin detenerse y sin contacto con el público.
Con el correr de la tarde se sumaron algunos seguidores, en su mayoría de manera individual y sin identificación partidaria visible. No hubo pantallas ni acto paralelo, y los cánticos que se escucharon dentro del recinto no tuvieron réplica en la calle.
En una de las esquinas cercanas, un grupo reducido de manifestantes desplegó carteles críticos y entonó consignas contra el Gobierno, mientras era rodeado por efectivos de la Policía de la Ciudad. Entre ellos, una mujer que se definió como exvotante libertaria y que terminó cuestionando la conducción actual del espacio.
Tras el ingreso del Presidente, la desconcentración se produjo sin incidentes de magnitud, aunque hubo algunos insultos entre simpatizantes y opositores en un sector delimitado por vallas. La apertura legislativa, al menos puertas afuera, transcurrió con más presencia de uniformes que de militancia.