La misa central tuvo lugar el pasado lunes a las 11 en un escenario montado frente al Santuario de San Cayetano, en el barrio porteño de Liniers. En su discurso, el arzobispo expresó: "No nos queremos conformar, soñamos con más y mejor trabajo para todos y todas porque no existe peor pobreza que aquella que priva del trabajo y de la dignidad del trabajo a su pueblo". En un llamado a la reflexión, García Cuerva destacó el papel fundamental del trabajo en la vida de las personas y resaltó la necesidad de reconocer y valorar a los "grandes laburantes" que muchas veces no reciben el reconocimiento que merecen. Hizo hincapié en aquellos que se encuentran en situaciones de precariedad laboral y denunció la existencia de trabajo mal remunerado, en negro e incluso esclavo, que aleja a las personas de sus seres queridos.
El arzobispo enfatizó la importancia de luchar por un "trabajo digno, bien remunerado" y pidió por políticas públicas que reconozcan el esfuerzo y la dedicación de aquellos que trabajan arduamente cada día para llevar el sustento a sus familias.
Asimismo, se hizo eco de la difícil situación que enfrentan las familias más vulnerables y solicitó un "mejor pan" para ellas. Subrayó que no se pueden resignar a que los niños y familias más pobres vivan con limitaciones alimentarias y económicas. Concluyó su mensaje con un llamado a San Cayetano por "paz, pan, salud y trabajo", reafirmando la fe y la esperanza en tiempos de desafíos económicos y sociales.
En esta tradicional celebración, la Iglesia se ha manifestado de manera contundente sobre la urgencia de abordar los problemas sociales y económicos que afectan a la población, haciendo hincapié en la importancia de un trabajo digno y bien remunerado como parte esencial del bienestar de la sociedad.