11.10.2026 / PANORAMA FINANCIERO

El salvavidas de Milei también tiene problemas: Bessent no logra controlar las tasas de interés en Estados Unidos

El secretario del Tesoro estadounidense, que dejó abierta la posibilidad de nuevas intervenciones para sostener al gobierno argentino, enfrenta dificultades para contener la suba de las tasas de interés en su propio país. Los bonos del Tesoro alcanzaron rendimientos que no se registraban desde 2002 y una investigación del Wall Street Journal reveló tensiones internas, renuncias y objetivos económicos incumplidos.





Scott Bessent se convirtió en uno de los principales respaldos internacionales del gobierno de Javier Milei. El secretario del Tesoro de Estados Unidos intervino en el mercado cambiario argentino durante 2025 y, apenas una semana atrás, volvió a dejar abierta la posibilidad de una nueva asistencia financiera. Sin embargo, mientras se presenta como garante de la estabilidad económica argentina, enfrenta dificultades para controlar las tasas de interés en su propio país, cuestionamientos por los resultados de su gestión y una creciente tensión dentro del organismo que conduce.

La situación fue retratada por dos de los principales medios estadounidenses. Por un lado, la revista The Atlantic describió cómo las intervenciones del Tesoro no consiguieron frenar el aumento de los rendimientos de los bonos públicos, que alcanzaron sus niveles más altos desde 2002. Por otro, una investigación de The Wall Street Journal reveló que Bessent acumula objetivos económicos incumplidos y enfrentamientos internos que provocaron la salida de funcionarios de alto rango.

El escenario adquiere particular relevancia para Argentina, donde el ministro de Economía, Luis Caputo, continúa enfrentando dificultades para garantizar el financiamiento de los próximos vencimientos de deuda. La economista Marina Dal Poggetto estimó recientemente que al programa financiero oficial le faltan unos 23.300 millones de dólares para afrontar las necesidades de 2027, en un contexto en el que el Gobierno vuelve a presentar el respaldo de Washington como una posible fuente de recursos.

"Ahora la banca soy yo": el desafío de Bessent que los mercados no escucharon

Hace aproximadamente un mes, durante una conferencia en la Universidad Metodista del Sur, Bessent lanzó un desafío a los operadores financieros internacionales. "Tengo información asimétrica. Ahora la banca soy yo. Pueden apostar en mi contra si quieren", afirmó, en referencia a la capacidad del Tesoro estadounidense para intervenir en los mercados.

La frase, que inicialmente buscaba explicar una operación destinada a fortalecer el yen japonés, terminó convirtiéndose en una declaración sobre el poder financiero de Washington.

Sin embargo, apenas unas semanas después, el propio funcionario debió moderar su discurso. En una entrevista con Axios, reconoció que "la banca no gana todas las manos" y admitió que no puede controlar el mercado de bonos, aunque sostuvo que las intervenciones del Tesoro pueden resultar exitosas a largo plazo.

El cambio de tono no fue casual. Según explicó The Atlantic, los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense a diez y treinta años alcanzaron niveles que no se registraban desde 2002, pese a las operaciones impulsadas por la administración Trump para estabilizar el mercado.

El aumento de estos rendimientos implica que el gobierno estadounidense debe pagar tasas más elevadas para financiarse y también repercute sobre los créditos que utilizan millones de familias. Las hipotecas tradicionales a treinta años se acercaron al 7,5%, después de haber descendido por debajo del 6% antes del comienzo de la guerra con Irán. También aumentaron las presiones sobre las tasas de los préstamos automotores.

Entre las causas aparecen el impacto inflacionario de la guerra, las enormes inversiones destinadas al desarrollo de inteligencia artificial y las preocupaciones por el deterioro de las cuentas públicas estadounidenses.

La deuda federal superó los 40 billones de dólares y el déficit fiscal ronda el 6% del Producto Interno Bruto. En ese contexto, los inversores exigen rendimientos cada vez más elevados para adquirir títulos del Tesoro. Frente a esta situación, Bessent amplió el programa de recompra de bonos estadounidenses. Aunque estas operaciones tienen como objetivo habitual garantizar la liquidez del mercado, distintos analistas interpretaron que también buscaban sostener los precios de los títulos y contribuir a reducir sus rendimientos.

Los resultados, sin embargo, no fueron los esperados: las tasas continuaron aumentando y el secretario del Tesoro comenzó a recibir cuestionamientos desde Wall Street.

El Wall Street Journal reveló tensiones internas y promesas incumplidas

Los problemas de Bessent no se limitan al comportamiento de los mercados financieros. Una investigación de The Wall Street Journal describió un escenario de tensiones internas, salidas de altos funcionarios y objetivos económicos que el secretario del Tesoro todavía no consiguió alcanzar.

El diario reconstruyó cómo Bessent consolidó su influencia dentro de la administración Trump, pero también acumuló enfrentamientos con integrantes de su propio equipo. Según el periódico, su estilo de conducción provocó conflictos dentro del organismo y dificultades para retener funcionarios de alto rango.

Uno de los episodios relatados involucró a John Hurley, entonces subsecretario del Tesoro para Terrorismo e Inteligencia Financiera. Según la reconstrucción periodística, Bessent lo increpó durante una reunión por presuntas demoras en una investigación solicitada por Trump. Hurley terminó dejando el organismo para asumir una representación diplomática ante la OCDE.

Pero las dificultades más relevantes son económicas. Cuando llegó al gobierno, Bessent presentó un programa conocido como "3-3-3", basado en tres grandes objetivos: alcanzar un crecimiento anual del 3%, reducir el déficit fiscal al 3% del PBI y aumentar la producción petrolera estadounidense en tres millones de barriles diarios.

Casi veinte meses después de su llegada al Tesoro, el programa no había conseguido cumplir sus metas en conjunto. El déficit fiscal permanecía alrededor del 6% del PBI, el doble de lo prometido, mientras la deuda pública superaba los 40 billones de dólares.

La investigación del Wall Street Journal expuso así el contraste entre las ambiciones económicas de Bessent y los resultados de su gestión. El funcionario que desafió públicamente a los mercados todavía enfrenta dificultades para reducir el costo del financiamiento estadounidense y alcanzar sus propias metas fiscales.

Pese a este escenario, Bessent conserva el respaldo de Donald Trump, que continúa delegándole responsabilidades centrales de su administración, desde la política económica hasta la aplicación de sanciones vinculadas con la guerra en Irán.

Los economistas anticipan que las tasas seguirán altas durante años

Las dificultades del secretario del Tesoro podrían prolongarse. Una nueva encuesta del Wall Street Journal entre 71 analistas económicos reveló que las expectativas sobre las tasas de interés estadounidenses empeoraron significativamente durante los últimos meses.

Los especialistas proyectan que el rendimiento de los bonos del Tesoro a diez años finalizará 2026 alrededor del 5,1%, cuando en julio esperaban que terminara el año en el 4,4%. Además, anticipan que podría mantenerse cerca del 5% hasta 2029.

El cambio de expectativas refleja las preocupaciones por la persistencia de la inflación, el elevado endeudamiento público y las necesidades de financiamiento de la economía estadounidense.

Se trata de un escenario especialmente relevante para los países emergentes. Cuando aumentan los rendimientos de los bonos estadounidenses, considerados una referencia internacional de bajo riesgo, también puede elevarse el costo del financiamiento para economías como la argentina, cuyos títulos deben ofrecer tasas superiores para compensar el riesgo que asumen los inversores.

En consecuencia, incluso si el Tesoro estadounidense mantiene su disposición a intervenir en Argentina, las condiciones financieras internacionales podrían seguir representando un obstáculo para el programa económico de Milei.

El mismo funcionario que promete volver a rescatar a Milei

Las dificultades de Bessent en Estados Unidos contrastan con el papel que asumió como principal respaldo financiero internacional del gobierno argentino.

El secretario del Tesoro volvió a defender la asistencia otorgada a Milei y dejó abierta la posibilidad de repetir una intervención para sostener el mercado cambiario. Consultado por Axios sobre esa alternativa, respondió: "Por supuesto".

El antecedente inmediato es la operación realizada durante 2025, cuando Washington compró pesos argentinos y puso a disposición una línea de swap por hasta 20.000 millones de dólares, en medio de fuertes tensiones cambiarias.

La intervención contribuyó a estabilizar el mercado en el corto plazo. Argentina utilizó finalmente unos 2.500 millones de dólares del mecanismo y devolvió esos fondos en diciembre de 2025. Bessent también dejó en claro que el respaldo estadounidense forma parte de una estrategia geopolítica más amplia.

"Diría que la estabilización de Argentina ha propiciado un cambio radical en América Latina, algo generacional o quizá sin precedentes en la historia: nunca antes habíamos tenido a tantos países latinoamericanos aliados con EEUU", sostuvo.

La declaración confirma que el apoyo financiero a Milei no responde únicamente a consideraciones económicas, sino que también forma parte de los objetivos de política exterior de la administración Trump. Sin embargo, la voluntad política de intervenir no equivale a una garantía de estabilidad financiera permanente.

Los límites del poder financiero de Washington

Existe una diferencia fundamental entre intervenir en el mercado cambiario argentino y tratar de controlar las tasas de interés de Estados Unidos.

El mercado argentino es considerablemente más pequeño que el mercado de bonos del Tesoro estadounidense, uno de los más grandes del mundo. Por eso, una intervención relativamente acotada puede tener efectos significativos sobre la cotización del peso, mientras que operaciones de mayor magnitud pueden resultar insuficientes para modificar la tendencia de los rendimientos de la deuda norteamericana.

Esta diferencia ayuda a explicar por qué Bessent pudo contribuir a estabilizar el mercado argentino durante 2025 y, al mismo tiempo, enfrenta dificultades para reducir las tasas estadounidenses.

Pero también muestra los límites de las intervenciones financieras cuando los problemas económicos de fondo permanecen sin resolver. En Argentina, el respaldo de Washington puede aportar liquidez y contener episodios de inestabilidad cambiaria, pero no reemplaza la necesidad de acumular reservas, recuperar el acceso al crédito internacional y garantizar los dólares necesarios para afrontar los vencimientos de deuda.

La advertencia adquiere especial importancia frente a las necesidades de financiamiento previstas para 2027. Según la estimación de Marina Dal Poggetto, el programa financiero argentino presenta un faltante de 23.300 millones de dólares, mientras el gobierno de Milei continúa apoyándose en la posibilidad de recurrir nuevamente a Estados Unidos.

A esta dificultad se agrega el escenario internacional: si las tasas estadounidenses permanecen elevadas durante los próximos años, como anticipan los economistas consultados por el Wall Street Journal, también podrían mantenerse altos los costos de endeudamiento de Argentina.

La situación plantea una paradoja para el gobierno libertario. Su principal respaldo financiero internacional enfrenta dificultades para controlar los mercados de su propio país, no consiguió cumplir varias de sus metas económicas y debe administrar tensiones dentro del organismo encargado de ejecutar la política financiera estadounidense.

Esto no significa que Washington carezca de recursos para volver a asistir a Milei. El Tesoro estadounidense conserva herramientas de intervención considerablemente superiores a las de cualquier economía emergente y la administración Trump mantiene su decisión política de respaldar a Argentina.

Sin embargo, la experiencia reciente demuestra que incluso el poder financiero de Estados Unidos encuentra límites frente a las expectativas de los inversores.

Para Argentina, la diferencia resulta decisiva: el respaldo de Washington puede ofrecer un salvavidas frente a una crisis cambiaria, pero no garantiza una solución duradera a los problemas de financiamiento del país. Y ahora, el funcionario encargado de sostener ese respaldo también enfrenta dificultades económicas en su propia casa.