Suiza rechazó por amplia mayoría modificar su Constitución para imponer una interpretación más rígida de su histórica política de neutralidad. En el referéndum celebrado el 27 de septiembre, el 70,15% votó en contra de la denominada "Iniciativa sobre la Neutralidad", mientras que el 29,85% la respaldó. La propuesta fue derrotada en los 26 cantones y la participación alcanzó el 47,07%.
El resultado no supone que Suiza abandone su tradicional neutralidad militar. Por el contrario, mantiene el sistema vigente, que le permite no participar directamente en guerras ni integrar alianzas militares pero conserva para el gobierno un margen de decisión en política exterior, incluida la posibilidad de adoptar sanciones económicas contra otros Estados y cooperar con organizaciones como la OTAN.
Qué proponía cambiar el referéndum
La iniciativa buscaba introducir en la Constitución el concepto de una neutralidad "perpetua y armada". Suiza no habría podido incorporarse a una alianza militar o defensiva ni cooperar con ella, salvo ante un ataque directo contra el país o los preparativos de uno.
Pero uno de los puntos más relevantes estaba relacionado con las sanciones internacionales. La propuesta establecía que Suiza no podría adoptar medidas coercitivas no militares contra países involucrados en una guerra, con la excepción de aquellas dispuestas por Naciones Unidas y de las destinadas a impedir la evasión de sanciones.
En la práctica, esa cláusula habría reducido considerablemente el margen de acción del gobierno. Actualmente, Berna puede decidir caso por caso si acompaña sanciones adoptadas por la Unión Europea, la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) o sus principales socios comerciales.
El gobierno y el Parlamento recomendaron rechazar la iniciativa. El argumento oficial fue que el sistema actual permite adaptar la política exterior a diferentes escenarios internacionales sin abandonar las obligaciones jurídicas derivadas de la neutralidad.
Ucrania reabrió una discusión histórica
Aunque el debate sobre la neutralidad suiza es mucho más antiguo, la invasión rusa de Ucrania en febrero de 2022 volvió a colocarlo en el centro de la política del país.
Suiza decidió entonces adoptar gran parte de las sanciones económicas de la Unión Europea contra Rusia. El gobierno sostuvo que esa decisión era compatible con la neutralidad porque el país seguía sin participar militarmente de la guerra y mantenía las obligaciones que corresponden a un Estado neutral.
La decisión fue cuestionada por sectores de la derecha suiza. La iniciativa sometida a referéndum fue impulsada por Pro Suiza y respaldada por el Partido Popular Suizo (SVP), la principal fuerza de derecha del país. Sus promotores argumentaron que acompañar las sanciones occidentales debilitaba la credibilidad de Suiza como Estado neutral y como posible mediador internacional. Rusia también manifestó públicamente su respaldo a una interpretación más estricta de la neutralidad suiza.
El gobierno federal y el resto de las principales fuerzas políticas se opusieron. Para sus detractores, restringir las sanciones a las aprobadas por Naciones Unidas reduciría especialmente la capacidad de respuesta ante conflictos en los que una potencia con poder de veto en el Consejo de Seguridad estuviera involucrada.
Ese punto tiene una consecuencia directa en el caso ucraniano: Rusia es uno de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad y dispone de poder de veto. Una Suiza sometida a las reglas propuestas en el referéndum habría tenido muchas más dificultades para acompañar sanciones contra Moscú.
Qué significa ser neutral para Suiza
La neutralidad es uno de los elementos históricos centrales de la política exterior suiza. Fue reconocida internacionalmente en 1815, después de las guerras napoleónicas, y sus obligaciones jurídicas fueron posteriormente desarrolladas en las Convenciones de La Haya de 1907. Desde 1848, además, la Constitución asigna a las autoridades federales la responsabilidad de preservar la neutralidad del país.
Sin embargo, neutralidad nunca significó necesariamente aislamiento. Después de la Guerra Fría, Suiza participó de sanciones económicas contra Irak, se incorporó en 1996 a la Asociación para la Paz de la OTAN y en 2002 ingresó a Naciones Unidas. Al mismo tiempo, sigue sin pertenecer a la OTAN ni a la Unión Europea y mantiene restricciones importantes sobre el suministro de armamento a países involucrados en guerras.
La política oficial distingue, además, entre el "derecho de neutralidad", que establece obligaciones concretas durante una guerra entre Estados, y la "política de neutralidad", que determina cómo utiliza el gobierno esa condición dentro de su estrategia exterior. Esa segunda dimensión admite históricamente un margen mayor de adaptación.
Una neutralidad con margen de maniobra
Por eso, el resultado del referéndum no debe interpretarse como un rechazo a la neutralidad. El ministro de Relaciones Exteriores, Ignazio Cassis, sostuvo tras la votación que Suiza "era neutral ayer, es neutral hoy y seguirá siendo neutral". Lo que quedó descartado fue establecer constitucionalmente una interpretación que redujera de manera considerable la capacidad del gobierno para decidir cómo actuar ante cada crisis internacional.
La votación mantiene así una característica particular de la política exterior suiza: permanecer militarmente fuera de los conflictos y de las grandes alianzas defensivas, pero conservar herramientas diplomáticas y económicas para responder a acontecimientos internacionales.
En el contexto de la guerra de Ucrania y de las crecientes tensiones de seguridad en Europa, el resultado permite a Berna continuar acompañando sanciones contra Rusia cuando lo considere compatible con sus intereses y obligaciones, y mantener su cooperación con la OTAN sin convertirse en miembro de la alianza.