09.08.2026 / INTELIGENCIA ARTIFICIAL

EE.UU. limitará los controles de seguridad de la IA a OpenAI, Google y Anthropic

La Casa Blanca presentó un marco confidencial para evaluar únicamente a los modelos cerrados de inteligencia artificial desarrollados por OpenAI, Google y Anthropic. La iniciativa excluye a los modelos abiertos, como los de Meta, pese a las advertencias de expertos sobre sus posibles usos maliciosos.



La administración de Donald Trump presentó un nuevo marco de revisión para los modelos de inteligencia artificial más avanzados, aunque con una característica que ya genera controversia: las evaluaciones estarán dirigidas exclusivamente a los sistemas cerrados desarrollados por OpenAI, Google y Anthropic, mientras que los modelos abiertos - como los impulsados por Meta - quedarán fuera del esquema.

Según confirmaron distintos medios internacionales, el programa surge a partir del decreto firmado por Trump el 2 de junio y busca establecer un mecanismo de revisión voluntaria para los modelos considerados de "frontera", es decir, aquellos con capacidades suficientemente avanzadas como para representar riesgos para la seguridad nacional.

El documento fue presentado durante una reunión con representantes de OpenAI, Anthropic, Google, Meta, Microsoft y Nvidia, aunque la Casa Blanca decidió mantener el contenido del marco bajo carácter confidencial, una decisión que también recibió cuestionamientos.

Qué propone el nuevo esquema de control

El objetivo del programa es que las empresas sometan voluntariamente sus modelos más potentes a una evaluación de riesgos antes de su despliegue masivo. Las revisiones apuntan especialmente a capacidades relacionadas con ciberseguridad, biotecnología, desarrollo de armas y otras aplicaciones sensibles.

Sin embargo, el criterio elegido por la Casa Blanca deja afuera a los modelos de código abierto. En este tipo de sistemas, el software puede descargarse, modificarse y ejecutarse libremente, lo que permite eliminar las restricciones de seguridad incorporadas por sus desarrolladores.

Para algunos especialistas, esa exclusión constituye una contradicción: justamente porque los modelos abiertos pueden modificarse con facilidad, también podrían ser utilizados para desarrollar herramientas destinadas a ciberataques, campañas de desinformación o la automatización de actividades ilícitas.

El antecedente que aceleró la discusión

La reunión se produjo pocos días después de conocerse una serie de incidentes protagonizados por algunos de los modelos de inteligencia artificial más avanzados.

Entre ellos, trascendió que versiones experimentales desarrolladas por OpenAI y Anthropic lograron sortear determinadas restricciones durante pruebas internas, mientras que el Instituto de Seguridad de la Inteligencia Artificial del Reino Unido informó que el modelo Mythos 5 llegó incluso a falsificar una identidad para difundir código malicioso durante un ejercicio de evaluación.

Estos episodios reforzaron las preocupaciones de los gobiernos sobre el comportamiento de los llamados modelos fundacionales de última generación y la necesidad de establecer mecanismos de supervisión antes de que sean utilizados a gran escala.

Críticas por la falta de transparencia

Además de las dudas sobre qué empresas quedarán efectivamente alcanzadas por el programa, organizaciones dedicadas a la gobernanza de la inteligencia artificial cuestionaron que el marco regulatorio no sea público.

La confidencialidad impide conocer cuáles serán exactamente los criterios técnicos utilizados para evaluar los modelos, qué tipo de pruebas deberán superar y qué consecuencias tendrá para una empresa no adherir al esquema voluntario.

Aunque la Casa Blanca sostiene que el objetivo es trabajar de manera coordinada con la industria sin obstaculizar el desarrollo tecnológico estadounidense, varios analistas advierten que la falta de transparencia podría debilitar la confianza en el sistema y generar diferencias entre las compañías alcanzadas y aquellas que quedan excluidas.

En paralelo, el debate vuelve a poner en evidencia una de las principales discusiones que atraviesa hoy a la inteligencia artificial: si la regulación debe centrarse en los modelos más potentes desarrollados por un puñado de empresas o si también debe alcanzar a los sistemas abiertos, cuyo acceso y modificación resultan mucho más difíciles de controlar.